De Gaza a España: Dalia Kayed sobrevivió al genocidio y hoy cuenta su historia con fotos y bordados
GENOCIDIO EN GAZA
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De Gaza a España: Dalia Kayed sobrevivió al genocidio y hoy cuenta su historia con fotos y bordadosDurante el genocidio en Gaza, Dalia fotografiaba cada plato que comía para mostrar lo que sufría su familia. Esas imágenes terminaron en un libro y marcaron su camino. Hoy, desde España, convierte la memoria palestina en imágenes y bordados.
Dalia enseña sobre la cultura palestina durante un taller de bordado en Barcelona.

“Recuerdo que, en la mañana del 7 de octubre de 2023, me desperté al alba para rezar. Cuando terminé, empezamos a escuchar el sonido de los cohetes por todas partes. Fue un shock para todos”, recuerda Dalia Hammad Kayed, fotógrafa y artista del bordado palestino, a TRT Español.

Tres años después, aquella mañana sigue marcando su vida. Entonces tenía 21 años, estudiaba medios digitales y vivía en Gaza junto a su padre, el periodista palestino Kayed Hammad, su madre y sus tres hermanos. No podía imaginar que los siguientes 500 días estarían atravesados por el genocidio, el desplazamiento y la pérdida, incluida la muerte de uno de sus hermanos, Omar Hammad, de 24 años, asesinado por Israel. Tampoco que después tendría que empezar una vida completamente diferente, lejos de Gaza, en España.

Ese 7 de octubre, tras escuchar las explosiones, la familia palestina encendió las noticias para seguir los acontecimientos. “Poco después, empezamos a escuchar que la resistencia palestina había entrado en los territorios ocupados”, recuerda. “Durante unos momentos, sentí que íbamos a liberar Palestina y que pronto regresaríamos a la tierra que nos habían arrebatado”, cuenta.

Pero no fue así.

Aquella jornada daría paso a uno de los episodios más oscuros de la historia, marcado por las masacres a manos de fuerzas israelíes, el asedio y la privación de necesidades básicas.

Desde el duodécimo piso donde vivía la familia podía verse “todo” el enclave y lo que Dalia recuerda como “bombardeos aquí y allá, y personas siendo asesinadas a cada minuto”.

Desplazamientos

Al principio, pensó que sería como “las guerras anteriores”, que duraban unas semanas.

Luego llegó la orden de evacuar su zona. La familia pasó tres días en casa de una tía antes de recibir otra orden y tener que desplazarse nuevamente. El patrón se repitió: de una evacuación a otra y de una casa de familiares a otra, en lo que Dalia describe como “una de las experiencias más difíciles de mi vida”.

Para estar preparados ante cualquier emergencia, mantenían una pequeña mochila junto a la puerta con agua, linternas y comida.

“Si había una emergencia, cada uno tomaba su mochila y se marchaba”, recuerda. “Muchas veces dejábamos atrás nuestras cosas personales porque sabíamos que tendríamos que caminar largas distancias y que no podíamos cargarlo todo a nuestras espaldas”.

Sobrevivir al hambre

Para Dalia, criada en una familia con raíces culturales fuertes, el desplazamiento también significó perder su rutina: la escuela, la universidad, el trabajo y sus comidas favoritas, como la qidra, un arroz especiado con carne y ajos enteros, cocido a fuego lento en una olla de barro.

Poco a poco, el asedio dificultó el acceso a los alimentos, mientras las fuerzas israelíes separaron el norte de Gaza, donde vivía la familia, del sur.

Los Kayed se negaron a huir, incluso cuando llegó “una grave hambruna”.

“Nunca olvidaré que comimos arroz durante casi tres meses. Arroz, agua y un poco de especias, solo para darle algo de sabor”, rememora sobre lo que habían almacenado. 

“Lo comíamos simplemente para mantenernos con vida, y dábamos gracias a Dios por tenerlo”, añade, mientras reconoce que su familia era una de las más afortunadas, ya que tenía la posibilidad de comer algo en la noche, lo que les ayudaba también a conciliar el sueño.

Al hambre se sumó la pérdida de seres queridos”. Entre ellos, su hermano Omar. En mayo de 2024, el joven había ido a recoger medicamentos para un amigo que recibía tratamiento en el hospital Al-Awda, en el norte de Gaza. Cuando llegó a la entrada del centro médico, la zona fue bombardeada. Él y varias personas murieron.

Dalia cuenta que su amigo también murió posteriormente debido a la escasez de medicamentos.

Fotografía

En medio de ese pesar, Dalia volvió a una práctica que le permitía preservar recuerdos: la fotografía. Empezó con “fotos familiares” y luego retrató a “todo el mundo y todas las circunstancias que estábamos viviendo”.

Durante ese periodo, el periodista español y amigo de su padre, Mikel Ayestaran, mantenía el contacto con la familia para saber si habían conseguido comida.

“Nosotros le decíamos que todo estaba bien y que no se preocupara, pero él quería que se lo demostráramos con una foto de nuestra comida del día. Mi padre me pidió que fotografiara el plato todos los días y se lo enviara a Mikel”, relata Dalia.

Mikel pidió permiso para publicar las fotos en la red social Instagram y la familia aceptó. Cada fotografía comenzó a estar acompañada por un resumen de lo que estaban viviendo.

La respuesta fue rápida. Personas en España empezaron a preguntar por su situación y a ofrecer ayuda. Así, poco a poco, Dalia comprendió “el valor” de aquellas fotografías.

“Esa foto, acompañada de unas pocas palabras, mostraba al mundo lo que estaba viviendo nuestro pueblo y llevaba nuestra voz y nuestras noticias a través de la imagen de un plato”, relata.

De allí surgió una nueva idea. Mikel propuso preservar la historia de esos platos en un “libro físico”. El proyecto se convirtió en una colaboración entre él, la familia y la revista española 5W, que dio lugar al proyecto “Menú de Gaza”.

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“El libro reúne fotografías, recetas y los recuerdos de nuestra familia durante la guerra. También muestra otra faceta de nuestra vida en Gaza: no solo el hambre, sino también nuestra vida familiar y nuestro apego a la vida”, expresa.

En 2025, una campaña de micromecenazgo recaudó 119.830 euros con 2.553 aportaciones, superando la meta de 35.000 euros, fondos permitieron imprimir y distribuir más ejemplares de lo previsto.

Lo que empezó como fotos de comidas diarias se convirtió en un libro sobre la comida, los recuerdos y la historia familiar, y hasta motivó a muchos a preparar recetas palestinas.

Bordar entre las bombas

Pero la fotografía no fue la única forma que encontró Dalia para sobrellevar lo que ocurría a su alrededor. También volvió a otra práctica que se remontaba a su niñez: el bordado.

Cuando era pequeña, una tía que vivía en Libia visitó Gaza y Dalia aprendió, junto a una prima, a trabajar con aguja e hilo. Aún recuerda haber hecho entonces un pequeño monedero con una rosa.

Años después, tras varios desafíos en Gaza bajo asedio, encontró hilo y una aguja y volvió a esa pasión.

“Cada vez que comenzaba a bordar, me olvidaba de lo que estaba ocurriendo a mi alrededor y podía concentrarme únicamente en el bordado. Empecé a dedicarle la mayor parte de mi tiempo. Me ayudaba a distraerme de los bombardeos y de la muerte que nos rodeaba, y a reducir la presión psicológica”, evoca. “Me sentía feliz cada vez que terminaba una pieza bordada y podía ponérmela o regalársela a alguien de mi familia”.

Adiós a Gaza

A pesar de todo, la familia nunca había pensado en abandonar Gaza. Hasta que Mikel sugirió que el padre de Dalia y varios periodistas reconocidos firmaran una petición y la enviaran al Ministerio de Asuntos Exteriores de España, solicitando nuestra evacuación de Gaza.

Dalia recuerda que la familia no esperaba un “resultado concreto”, pero recibió “una llamada en la que nos informaban de que nuestros nombres habían sido aceptados y que pronto saldríamos de Gaza rumbo a España”.

La noticia significaba dejar atrás el lugar donde había transcurrido toda su vida, desde la infancia hasta la adultez. Para Dalia, “fue mucho más difícil de lo que podía imaginar”.

Mientras se marchaba, ver su tierra destruida hacía aún más dolorosa la partida.

“Las carreteras prácticamente habían desaparecido y había escombros por todas partes. Tardamos muchísimo tiempo porque el autobús estaba completamente controlado por las fuerzas israelíes: ellas decidían cuándo podía avanzar, cuándo tenía que detenerse y cuándo no se le permitía continuar”, relata.

Pero el momento más doloroso fue despedirse de quienes permanecían en Gaza. El desarraigo para Dalia fue “el momento más difícil, y el dolor que no creo que jamás abandone mi memoria, fue el de la despedida”.

“Dejábamos atrás a nuestra familia y a nuestros seres queridos. Llevábamos con nosotros un profundo sentimiento de culpa y arrepentimiento, como si estuviéramos haciendo algo malo por sobrevivir. Los dejábamos en medio de la muerte y del infierno mientras nosotros conseguíamos salir. Dejábamos partes de nosotros mismos atrás y seguíamos adelante porque no teníamos otra opción”, reflexiona.

Nueva etapa en España

Dalia llegó a España con su familia el 28 de junio de 2025. Su primera parada fue la casa de un tío en un pequeño pueblo de Málaga, en el sur del país. Pero nunca dejó de pensar en los familiares que permanecían en Gaza.

“Me sentía culpable porque yo había sobrevivido mientras ellos seguían allí, y tenía constantemente miedo de recibir noticias devastadoras sobre ellos”, reflexiona. “También fue un shock pasar de meses huyendo de la muerte a estar, de repente, en un lugar normal y seguro. Tenía que enfrentarme a un idioma y una cultura nuevos y, al mismo tiempo, sentía que estaba empezando todo desde cero”, relata.

En medio de esa adaptación, “Menú de Gaza” comenzó a abrirle nuevos caminos. En 2025, el proyecto obtuvo el Premio Ortega y Gasset de Periodismo a la Mejor Cobertura Multimedia, con las fotografías de la familia de Dalia y su vida cotidiana en Gaza. También recibió el Premio Zampa de Fotoperiodismo.

Dalia empezó además a participar en encuentros donde podía contar la historia de Gaza. El 19 de febrero de 2026 presentó el libro en la librería Finestres de Barcelona, junto a su padre, Mikel y la fotógrafa Anna Surinyach.

“Nunca imaginé que algún día estaría frente a un público tan grande, presentando nuestro libro y hablando con la gente cara a cara, después de que nuestras historias hubieran estado detrás de las pantallas de los teléfonos durante la guerra”, admite. “Me sentía nerviosa, pero también sentía que tenía una gran responsabilidad: ser la voz de mi familia y de las personas de Gaza”.

La experiencia también le permitió conocer “la enorme solidaridad” en España hacia el pueblo palestino. “Eso me hizo sentir que no estábamos solos”, insiste.

Con ese impulso, Dalia continuó en Instagram el proyecto que había comenzado en Gaza. Allí comparte sus bordados palestinos y las historias detrás de este patrimonio.

Además, Casa Árabe de Madrid, un centro que promueve las relaciones entre España y el mundo árabe, la invitó a impartir talleres, lo que también amplió la cobertura de su historia en los medios.

Arte como resistencia

Dalia también ha intensificado su aprendizaje del español, algo que le ha ayudado en su trabajo. En sus talleres explica los orígenes y la historia del bordado palestino, como hizo con la Fundación Ferrer de Barcelona.

“Este arte tradicional no es simplemente un pasatiempo ni una artesanía cualquiera. Es una parte esencial de la identidad palestina y una historia heredada que ha enfrentado intentos de borrarla, silenciarla y apropiársela. A través de estos hilos, busco preservar nuestro patrimonio”.

En ellos aparecen símbolos como los pájaros palestinos, los olivos y las flores silvestres, cada uno con su propio significado.

“Algunos representan la riqueza y la belleza de nuestra tierra y de su naturaleza, mientras que otros expresan significados de resiliencia, firmeza y resistencia. Otros documentan detalles de la vida de nuestros antepasados y las herramientas que utilizaban en su vida cotidiana”.

Hoy, desde Segovia, España, mantiene esa misión: compartir la riqueza de su cultura y preservar, a través del bordado, una parte de la historia palestina.

“No me limito a enseñar una artesanía”, destaca. “Con este arte, estoy poniendo en sus manos un documento vivo que habla de nuestra historia y le dice al mundo que somos un pueblo con raíces profundas. Una civilización que continúa viva y que no puede ser borrada”.

Este artículo fue redactado por Bala Chambers y reportado por Mohammad Bashir Aldaher. 

FUENTE:TRT Español