Washington, Estados Unidos - Cuando Santiago Acosta Ruiz, de 14 años, tiene tiempo libre, ve fútbol y juega al fútbol. Es su afición, la misma que comparte con su padre. A veces también ve baloncesto y juega al tenis, pero “sobre todo”, confiesa, ve La Liga española, la Premier League inglesa, la Liga argentina y la Champions League europea. Sin embargo, a la mayoría de sus amigos y compañeros de clase en Bethesda, estado de Maryland, no les interesa demasiado este deporte que en Estados Unidos todavía se conoce como “soccer” o fútbol europeo.
“Por cada dos chicos que ven fútbol hay diez que siguen el fútbol americano”, afirma Santiago en conversación con TRT Español. Por eso, para él este Mundial que se celebra simultáneamente en EE.UU., México y Canadá es muy emocionante: por primera vez está viendo a miles de personas llenar estadios gigantescos por el deporte que él más disfruta, pero que en el país donde vive aún es minoritario. Y además ha sido testigo de cómo sus amigos estadounidenses se interesan por aprender sobre el fútbol como nunca antes.
“Tengo muchos amigos que generalmente no les gustaba a full y ahora sí les gusta, ya que lo están viendo por el Mundial”, asegura, remarcando que los que sí siguen el deporte son sobre todo latinos. Para él, hijo de un argentino y una venezolana, el fútbol ha sido algo habitual durante toda su vida.
Aunque nació en EE.UU., la familia se trasladó a Filipinas cuando él era pequeño, y después a Brasil. Y así, cuando regresaron a Estados Unidos hace tres años, Santiago ya tenía mucha cultura del fútbol. En este mundial, el adolescente apoya primero a Argentina, “por mi papá”, y después a EE.UU., su país.
“Ahora él mira más fútbol que yo, y gracias a él conozco jugadores nuevos, porque muchas veces yo no estoy tan al tanto y él sigue mucha más información de estadísticas”, explica su padre, Pablo Acosta, economista de profesión. La familia, cuenta el papá, está siguiendo con intensidad el torneo, y ven todos los partidos: a veces, en casas de amigos o restaurantes para disfrutarlo en grupo, y otras hasta “en el móvil” si el partido no era muy importante.
Una cuestión de identidad y pertenencia
Como Santiago y Pablo, millones de familias de origen latino han crecido en Estados Unidos jugando y viendo fútbol mientras su entorno disfrutaba más de otros deportes como el llamado fútbol americano, el baloncesto o el béisbol.
Pero ahora, el Mundial les da la oportunidad de reivindicar que el fútbol no es un deporte nicho sino un fenómeno global. El evento también ha revivido las esperanzas de muchos de que se convierta, de una vez, en un deporte estadounidense de pleno derecho, además de llegar a ser un evento social de primer orden que ha permitido presumir de raíces y vivirlo como en lugares donde está más implementado.
"El torneo puede ser la mayor expresión de cultura, identidad y comunidad sobre la Tierra", resalta Joelle L. Martínez, presidenta y CEO de Latinos Leadership Institute, una organización sin ánimo de lucro que ayuda a profesionales latinos a crecer en sus carreras. "La mayoría de los eventos deportivos nos piden que apoyemos a un equipo, pero el Mundial nos pide que recordemos quiénes somos y el valor que aportamos. Durante unas semanas, el patrimonio se convierte en visible”.
“Vuelven los idiomas, las tradiciones se comparten entre generaciones, las historias de familias resurgen y un mexicano-estadounidense en Denver, una familia argentina en Miami y un hogar colombiano en Chicago se encuentran conectados a los lugares en los que ya no viven, pero que continúan dando forma a quiénes son. Porque pertenecer no es un lujo, es una necesidad humana. Y para muchos latinos, la identidad y la pertenencia no es sencilla”, reflexiona.
El sueño del fútbol profesional
Si el fútbol se instalara del todo en EE.UU., Santiago podría intercambiar con sus amigos los cromos del álbum oficial del torneo, algo que ahora no le es posible, y permitiría a muchos jugadores como él aspirar a dedicarse profesionalmente a su deporte favorito.
“El mundial siempre es una gran oportunidad para atraer a la comunidad”, dice a TRT Español Víctor Ramírez, que además de ser abogado se desempeña como entrenador de un equipo de fútbol en el instituto Northwestern, en Hyattsville, también en Maryland. Sus chicos conocen a todos los jugadores, siguen de cerca las ligas europeas y, al mismo tiempo, sueñan con ser futbolistas profesionales, algo que él ve muy complicado a día de hoy por la falta de apoyo económico a este deporte.
“Es cierto que es un deporte que solo se necesita una pelota y una cancha, pero por las academias los padres tienen que pagar 3.000 dólares al mes, o 5.000 por temporada. No cualquier persona tiene eso”, asegura, recordando que muchos de sus jugadores trabajan mientras van al bachillerato para poder mantenerse, y que es habitual que vivan solos, sin adultos. Ramírez fue el primer latino electo a la Cámara de Representantes del estado de Maryland y también al Senado estatal, y lamenta las dificultades a las que se enfrentan los jóvenes latinos.
“Aquí un Messi nunca hubiera sobresalido”
A día de hoy, la falta de implantación del fútbol en EE.UU. se traduce en que las ligas suelen ser privadas y las academias cobran cuotas anuales de miles de dólares, sin contar con los costes de desplazamiento, alojamiento o manutención de los jugadores. Y aunque la accesibilidad ha mejorado en los últimos años, las academias gratuitas siguen siendo pocas. A la vez, el hecho de que otros deportes cuenten con sistemas de captación y becas más consolidados hace que los mejores deportistas terminen, con más probabilidad, en el fútbol americano, el baloncesto, el béisbol o el atletismo.
“Aquí un jugador como Messi nunca hubiera sobresalido porque tenía una condición física y nadie hubiera invertido como invirtió en él el Barcelona, que lo hizo sin tener ninguna seguridad de que se iba a convertir en lo que es hoy”, apunta en conversación con TRT Español Abel Núñez, director ejecutivo de Carecen, una organización sin ánimo de lucro con sede en Washington y que ayuda a los migrantes latinos a integrarse en su comunidad.
“Aquí no hay eso, y si tus padres no tienen capacidad de llevarte a todos los torneos y andarse arriba y abajo…”, señala en referencia a los esfuerzos económicos y logísticos que las familias se ven obligadas a hacer para impulsar la carrera futbolística de sus hijos en EE.UU. “Es un deporte de ricos en el que el enfoque no es desarrollar jugadores, como sí lo es en Europa y Latinoamérica”.
Esa brecha económica ha quedado también de relieve en el propio Mundial, donde los precios de las entradas han impedido a muchos acceder a los estadios, provocando críticas por parte de quienes consideran que se ha priorizado en exceso el beneficio económico. Con todo, hay quienes mantienen la esperanza en que poco a poco el fútbol continúe avanzando en EE.UU. y abra las puertas a más fans y futuros futbolistas.
“Yo sí veo un avance del interés por el fútbol, tanto en el mundial como con la liga americana, creo que hay un progreso. Cuando llegué por primera vez a EE.UU. en 2001, la presencia era nula, nadie hablaba de soccer”, dice Pablo Acosta, destacando el gran nivel del equipo estadounidense femenino, que ganó la medalla de oro en los juegos olímpicos de París.
Ahora, él ve mucho interés en la práctica del deporte, y junto a su hijo ha podido comprobar en los estadios, con mucha emoción, que no son pocos los estadounidenses interesados en el juego. “Al fin y al cabo, es el deporte más grande del mundo”, dice Santiago con orgullo.




















