Estados Unidos podría estar agotando sus misiles e interceptores más efectivos, a medida que una serie de conflictos –desde Ucrania hasta Irán– han disminuido drásticamente las reservas de lo que se considera el arsenal militar más letal del mundo.
La guerra de varias semanas liderada por Washington contra Irán, actualmente en pausa bajo un frágil alto el fuego que la Casa Blanca extendió, ha vuelto a poner de relieve el estado de las reservas de municiones estadounidenses. Al punto que observadores del Ejército de EE.UU. han encendido las alarmas ante lo que consideran una grave presión sobre los sistemas de misiles y defensa aérea.
Un análisis recientemente publicado por el Departamento de Defensa y Seguridad del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), con sede en Washington, ofrece la visión pública más detallada hasta la fecha de esta situación.
Durante varios años, Washington ha proporcionado apoyo militar a Ucrania en la guerra que libra con Rusia, así como a Israel en sus ofensivas contra Gaza y Líbano, gastando sus reservas de municiones.
Solo en la guerra contra Irán, las fuerzas estadounidenses dispararon más de 850 misiles de crucero Tomahawk en el primer mes, más de 1.000 misiles JASSM y la totalidad del inventario previo al conflicto del nuevo sistema PrSM.
Las provisiones de defensa aérea y antimisiles sufrieron un impacto aún mayor: se agotó aproximadamente la mitad de las reservas de interceptores THAAD y Patriot, junto con una parte significativa de las existencias de SM-3 y SM-6.
Expertos que han seguido de cerca las reservas militares estadounidenses afirman que, por ahora, Washington tiene suficientes provisiones para continuar la contienda, pero muchas municiones de alta tecnología están muy por debajo de los niveles que los planificadores de guerra desearían idealmente para otro conflicto de alta intensidad.
Las categorías de las municiones principalmente afectadas son las que más importan en la guerra moderna de alta tecnología: interceptores avanzados de defensa antimisiles y armas de ataque de precisión de largo alcance, indican los especialistas.
Mark F. Cancian, asesor principal de Defensa y Seguridad del CSIS y coautor del informe, declaró a TRT World que siete sistemas de misiles clave se encuentran sometidos a una presión considerable.
Entre estas categorías se incluyen el Patriot, un misil terrestre diseñado para interceptar aeronaves, misiles balísticos y de crucero, así como los SM-3 y SM-6, interceptores lanzados desde buques contra misiles y aeronaves.
Otras categorías de municiones sometidas a alta presión son el THAAD (armamento terrestre utilizado contra misiles balísticos con mayor alcance y altitud de interceptación que el Patriot), los misiles de ataque de precisión (PrSM), los misiles Tomahawk de largo alcance para ataques terrestres y los misiles JASSM de largo alcance lanzados desde el aire.
“Cuatro de estos siete sistemas han utilizado más de la mitad de su inventario durante el conflicto actual”, afirmó.
Como resultado de las masivas transferencias de municiones a Ucrania, Estados Unidos también está experimentando una escasez de provisiones terrestres, como proyectiles de artillería de 155 mm y cohetes guiados MLRS, un sistema de artillería autopropulsada diseñado para lanzar múltiples cohetes en rápida sucesión y proporcionar fuego de saturación sobre una amplia zona.
Sin embargo, Cancian indicó que estas municiones “se necesitarían menos” en un eventual conflicto en el Pacífico contra China —un escenario frecuentemente planteado por analistas militares estadounidenses—, ya que dicha situación se centraría principalmente en operaciones aéreas y navales.
“En resumen, Estados Unidos cuenta con suficientes municiones para librar esta guerra. Pero varias provisiones críticas se encuentran muy por debajo de los niveles deseados para un futuro conflicto en el Pacífico Occidental contra China”, explicó.
Ozan Ahmet Cetin, investigador asociado del centro de estudios SETA, con sede en Washington, señaló a TRT World que la información pública disponible no permite a nadie ajeno al gobierno determinar un porcentaje exacto de la diferencia entre los inventarios actuales de Estados Unidos y los niveles previos a 2022.
Si bien los proyectiles de artillería de 155 mm representan “el caso más claro de grave presión sobre las reservas estadounidenses desde 2022”, debido a las transferencias a Ucrania, las categorías más afectadas ya no son solo la artillería de tubo y los misiles tácticos una vez que se tienen en cuenta las operaciones en Oriente Medio, indicó.
“También hay que incluir los interceptores de defensa antimisiles entre los primeros puestos de la lista, especialmente el Patriot, el THAAD y la familia SM de la Armada”, agregó.
“Se trata de municiones caras y técnicamente complejas que se han consumido en operaciones reales a un ritmo que la base industrial no estaba preparada para sostener cómodamente”, apuntó Cetin.
Las municiones lanzadas desde el aire y los misiles de crucero han sufrido una presión adicional debido al apoyo a Israel y su uso en combate contra Irán, destacó.
Y, justamente, las recientes solicitudes presupuestarias del Pentágono para una adquisición mucho mayor de misiles Tomahawk e interceptores de misiles ponen de manifiesto esta presión.
“Es exactamente lo que cabría esperar si las reservas se hubieran agotado más de lo que los planificadores en tiempos de paz habrían deseado”, concluyó.
Incluso antes de la guerra con Irán, las reservas previas al conflicto se consideraban insuficientes para un enfrentamiento con un adversario de igual nivel, según el informe del CSIS. Sin embargo, la escasez es ahora más aguda y acumular reservas hasta alcanzar niveles adecuados para una guerra con China tomará más tiempo.
El reabastecimiento no será rápido
Ambos expertos coinciden en que el reabastecimiento de las reservas está en marcha, pero el proceso podría no ser rápido.
“Se necesitarán entre uno y cuatro años para reemplazar lo utilizado en el conflicto actual”, subrayó Cancian.
“Después de eso, harán falta varios años para alcanzar los niveles de inventario deseados por los planificadores”, completó.
No se puede esperar que las líneas de producción de estas sofisticadas armas —muchas de las cuales estaban ‘inactivas o con existencias insuficientes’ antes de 2022— produzcan munición de forma inmediata.
Cetin hizo hincapié en que el gran volumen de transferencias a Ucrania y su uso en combate en Oriente Medio puso de manifiesto las limitaciones de la base industrial de antes de la guerra para producir artículos de alta demanda, como los proyectiles de 155 mm.
No es de extrañar que el Pentágono haya respondido con urgencia.
En marzo, anunció acuerdos para aumentar la producción de componentes críticos.
El contratista de defensa Raytheon aspira a producir más de 1.000 misiles Tomahawk al año, frente a los 60 actuales. Lockheed Martin está aumentando la producción a 400 misiles PrSM anuales, cuadruplicando la tasa de producción anterior, junto con un incremento similar para los interceptores THAAD.
Así mismo, se está solicitando al Congreso un aumento masivo en la financiación de la defensa, mientras que el Gobierno del presidente de EE.UU., Donald Trump, presiona para obtener compromisos de adquisición plurianuales con el fin de generar confianza en la industria.
El aumento masivo del gasto en defensa se debe a que Washington ha utilizado miles de millones de dólares en armas de sus reservas desde la guerra de Rusia en Ucrania en 2022, y las múltiples ofensivas de Israel, que han contado con el pleno apoyo de Estados Unidos y se han librado con munición de este país.
¿Escasez real o alarmismo de la industria?
Los contratistas de defensa y los centros de estudios han encendido serias alarmas sobre la crítica escasez de reservas. Los expertos reconocen una combinación de realidad e interés propio.
La guerra en Ucrania resultó en un rápido consumo de armas, mientras que los ejercicios militares en el Pacífico pusieron de manifiesto las vulnerabilidades en la defensa aérea y antimisiles, así como en los sistemas de ataque de largo alcance, afirmó Cancian.
Sin embargo, los contratistas de defensa se han mostrado reacios a comprometerse con un aumento de la producción a menos que el Departamento de Defensa se comprometa a realizar compras durante muchos años, explicó.
Su reticencia se debe a la preocupación por construir nuevas y costosas instalaciones solo para ver cómo los pedidos se agotan una vez superada la crisis inmediata, continuó.
Cetin comparte esta opinión, pero advierte sobre los intereses creados.
“Parte de la alarma es genuina”, reconoció.
Sin embargo, los mensajes de los contratistas y los grupos de expertos pueden “amplificar enormemente” la sensación de crisis, señaló.
La industria tiene un claro interés financiero en presentar la escasez como “urgente, generalizada y duradera”, especialmente al presionar para obtener contratos plurianuales y la expansión subvencionada de fábricas.
Las advertencias más creíbles, en su opinión, se refieren a municiones que se transfirieron o utilizaron en grandes cantidades, que tenían líneas de producción reducidas antes de 2022 y que constituyen el núcleo de planes de guerra reales.
“La historia de la escasez no es ni un engaño ni un diagnóstico neutral”, concluyó Cetin.
“Existen deficiencias reales en determinadas categorías de alta presión… Pero el interés propio empuja a algunas empresas y a sus aliados a presentar esas deficiencias como más amplias, más profundas y más uniformes de lo que respaldan las pruebas públicas”, sostuvo.












