Los supervivientes de la interceptación israelí de la Flotilla Global Sumud comenzaron a reconstruir, uno a uno, lo ocurrido tras el asalto a las 50 embarcaciones que navegaban hacia Gaza con ayuda humanitaria. Lo que describen es una cadena de abusos, golpes y humillaciones después de que las fuerzas israelíes detuvieran en aguas internacionales a unos 430 trabajadores humanitarios y activistas el pasado martes.
La flotilla había partido el jueves desde Marmaris, en Türkiye, con 428 voluntarios de 44 países a bordo. Su objetivo era llevar suministros a Gaza y desafiar el bloqueo que Israel mantiene sobre el enclave palestino desde 2007, mientras Naciones Unidas y organizaciones humanitarias alertan del riesgo creciente de hambruna.
Pero el convoy nunca llegó a destino.
Las embarcaciones fueron interceptadas por fuerzas navales israelíes y sus ocupantes detenidos antes de ser trasladados bajo custodia israelí. Los activistas regresaron a Türkiye el jueves, después de que Ankara mediara para lograr la liberación de los retenidos.
A medida que los participantes comenzaron a volver a sus países, también empezaron a emerger los testimonios.
“Nos desnudaron, nos tiraron al suelo y nos patearon”, relató a periodistas en Roma Luca Poggi, economista italiano que viajaba a bordo de la flotilla. “Muchos fuimos electrocutados con táseres, algunos sufrieron agresiones sexuales y a otros se les negó el acceso a un abogado”.
Los organizadores aseguraron que al menos 15 participantes denunciaron agresiones sexuales, incluidas violaciones. Sabrina Charik, una de las coordinadoras del retorno de 37 ciudadanos franceses, explicó que cinco participantes franceses tuvieron que ser hospitalizados en Türkiye, algunos con costillas rotas y fracturas vertebrales. Según indicó, varios de ellos presentaron denuncias detalladas de violencia sexual.
El ciudadano francés Adrien Jouen publicó en Instagram fotografías donde se apreciaban amplios hematomas en la espalda y los antebrazos.
En Estambul, decenas de activistas fueron ingresados en distintos hospitales con lesiones de diversa gravedad. Las autoridades turcas confirmaron que 41 de los 53 hospitalizados ya habían recibido el alta, mientras otros 12 permanecían ingresados: nueve en el hospital Başakşehir Çam y Sakura y tres en el hospital universitario Dr. Sadi Konuk de Bakırköy.
Para los organizadores de la flotilla, los testimonios de los activistas reflejan una realidad más amplia. “Mientras la atención mundial se centra en el sufrimiento de nuestros participantes, debemos subrayar que esto es solo una pequeña muestra de la brutalidad que Israel impone diariamente a los rehenes palestinos”, señaló la Flotilla Global Sumud en un comunicado difundido en Telegram.

La indignación internacional aumenta
Las denuncias de abusos contra los integrantes de la Flotilla Global Sumud no solo provocaron conmoción entre las organizaciones humanitarias, sino que también desencadenaron una creciente ola de condenas internacionales contra Israel. La tensión se intensificó aún más después de que el ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, publicara un video en el que aparecía burlándose de imágenes de activistas inmovilizados en el suelo dentro de una prisión israelí. El contenido generó reacciones inmediatas en Europa y otros países.
En este contexto, el ministro italiano de Relaciones Exteriores, Antonio Tajani, anunció durante una reunión de la OTAN en Suecia que estaba coordinando contactos con sus homólogos europeos para impulsar “una decisión rápida que permita imponer sanciones” contra Ben-Gvir.
Al mismo tiempo, Italia confirmó que 44 integrantes españoles de la flotilla regresaban el viernes desde Estambul hacia Madrid y Barcelona. Por su parte, el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, informó de que cuatro de ellos necesitaron atención médica debido a las heridas sufridas durante la interceptación.

De hecho, la posibilidad de sancionar al ministro israelí ya había sido planteada anteriormente por la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas. Sin embargo, la propuesta no consiguió el respaldo unánime de los 27 Estados miembros de la Unión Europea, requisito indispensable para su aprobación.
En la misma línea, el portavoz de política exterior de la UE, Anouar El Anouni, evitó pronunciarse sobre las conversaciones internas, aunque confirmó que el debate seguía abierto dentro de las instituciones europeas.
La ministra canadiense de Relaciones Exteriores, Anita Anand, aseguró en redes sociales haber recibido detalles “espeluznantes” sobre los abusos denunciados por ciudadanos canadienses detenidos durante la operación y posteriormente trasladados a Türkiye.
“Canadá condena inequívocamente el grave maltrato sufrido por ciudadanos canadienses en Israel”, escribió. “Los responsables de estos abusos atroces deben rendir cuentas”.
Para el pueblo de Gaza, que observó el intento de la flotilla desde detrás de un bloqueo que ha reducido gran parte del territorio a escombros y empujado a su población al hambre, el desenlace de este convoy no representa simplemente un incidente diplomático. Para los organizadores de la flotilla, se trata del último capítulo de lo que describen como la brutalidad diaria que Israel impone sobre la vida palestina. Los activistas pueden regresar a casa a salvo. Los palestinos no.





















