Yemen vuelve a asomarse al escenario que durante años convirtió su territorio en uno de los principales focos de inestabilidad de Oriente Medio: el de una guerra interna capaz de proyectarse mucho más allá de sus fronteras. La relativa calma de los últimos años vuelve a estar bajo presión mientras se multiplican los enfrentamientos dentro del país y los ataques entre los hutíes y Arabia Saudí.
Este martes, Arabia Saudí denunció una oleada de ataques contra varias ciudades e instalaciones económicas de su territorio que dejó al menos 73 civiles heridos. Poco después, los hutíes reivindicaron las operaciones y aseguraron que se trataba de una respuesta a los ataques saudíes sobre posiciones en Yemen. El intercambio de acusaciones y ataques vuelve así a colocar al país ante el riesgo de una escalada mayor, después de varios años en los que los combates entre las principales partes del conflicto habían perdido intensidad.

Arabia Saudí denuncia ataques contra instalaciones energéticas
Según las autoridades saudíes, los ataques alcanzaron Abha, Khamis Mushait, Jizan y Najran, cuatro ciudades situadas en el sur y suroeste del país. Abha, capital de la provincia de Asir, se encuentra en una zona montañosa del suroeste saudí, mientras que Khamis Mushait está muy cerca y alberga importantes instalaciones militares. Más al suroeste, Jizan se extiende junto a la costa del mar Rojo y cerca de la frontera con Yemen. Najran, por su parte, se encuentra también en el sur del país, junto a la frontera yemení.
La proximidad de estas ciudades a Yemen ayuda a entender por qué aparecen con frecuencia en el conflicto: se encuentran en la zona del territorio saudí más cercana a las áreas donde los hutíes tienen su principal presencia. Entre los heridos hay mujeres y niños, según el portavoz de la coalición liderada por Riad, el general de división Turki al-Maliki. Arabia Saudí atribuyó los ataques a los hutíes y los presentó como una amenaza contra su población y sus instalaciones.
A los daños en zonas urbanas se sumó el impacto sobre instalaciones energéticas. El Ministerio de Energía saudí informó de incendios en varias instalaciones de la región y señaló que algunas operaciones tuvieron que ser suspendidas temporalmente mientras equipos especializados trabajaban para controlar la situación.
"Equipos especializados han comenzado a contener los incendios y a asegurar las zonas afectadas", indicó el Ministerio.
Por su parte, Al-Maliki calificó los ataques de "peligrosa escalada" y de "flagrante violación" de la soberanía saudí. Asimismo, aseguró que el mando conjunto de la coalición adoptará "todas las medidas operativas necesarias" para disuadir nuevos ataques y neutralizar las fuentes de la amenaza.
Riad amplió además sus advertencias al ámbito marítimo. El Ministerio de Exteriores saudí denunció que los hutíes continúan atacando buques comerciales en el mar Rojo y sostuvo que estas acciones amenazan la libertad de navegación internacional. El mar Rojo tiene una importancia estratégica porque conecta, a través del estrecho de Bab el-Mandeb, el océano Índico con el Mediterráneo y constituye una de las principales rutas utilizadas por el comercio internacional.
En este contexto, el Gobierno saudí afirmó que tiene derecho a adoptar las medidas necesarias para defender su soberanía y proteger a sus ciudadanos y residentes. Al mismo tiempo, pidió el cese inmediato de la escalada y de las amenazas contra la seguridad marítima.
Los hutíes presentan ataques como una represalia
La versión de los hutíes llegó poco después. El grupo confirmó haber llevado a cabo los ataques contra territorio saudí y anunció que continuará sus operaciones contra objetivos situados en el interior del reino.
El portavoz militar hutí, Yahya Saree, afirmó que el grupo lanzó una operación "a gran escala" utilizando decenas de misiles balísticos y drones. Según Saree, los objetivos fueron instalaciones de Aramco en Abha, Najran y Jizan, además de la base aérea de Khamis Mushait.
El portavoz aseguró que los ataques fueron "precisos y directos" y provocaron importantes daños. Estas afirmaciones sobre el alcance de los daños no han podido ser verificadas de forma independiente.
Los hutíes sostienen, además, que los ataques no fueron el inicio de la actual escalada, sino una respuesta a las operaciones militares saudíes en Yemen. Según Saree, Arabia Saudí habría realizado 121 ataques durante los tres días anteriores en las provincias de Marib, Al-Bayda, Al-Hudaydah, Taiz y Al-Jawf.
Además, Saree acusó a Riad de haber atacado la prisión central de Al-Hazm, en la provincia de Al-Jawf, provocando víctimas entre presos y visitantes, incluidas mujeres y niños. Esta acusación tampoco ha podido ser verificada de forma independiente.
"Continuaremos nuestras operaciones en lo profundo del territorio saudí, atacaremos sus concentraciones militares y consolidaremos la ecuación de 'bloqueo por bloqueo' hasta que cese la agresión y se levante el bloqueo sobre nuestro querido país", afirmó Saree.
Una guerra con implicaciones regionales
Para entender esta disputa, hay que remontarse a 2014. Ese año, los hutíes, también conocidos como Ansar Allah, tomaron Saná, la capital de Yemen, y ampliaron su control sobre buena parte del norte y oeste del país. El movimiento, surgido en el norte de Yemen, llevaba años enfrentado al Gobierno central.
La toma de Saná agravó una crisis política que terminó convirtiéndose en una guerra abierta. En 2015, Arabia Saudí intervino militarmente al frente de una coalición de países árabes para respaldar al Gobierno yemení reconocido internacionalmente.
A partir de entonces, el conflicto dejó de ser únicamente una lucha por el poder dentro de Yemen. Arabia Saudí pasó a intervenir directamente en la guerra, mientras que los hutíes comenzaron a atacar objetivos dentro del territorio saudí. De esta manera, la frontera entre ambos países se convirtió también en uno de los escenarios del conflicto.
Yemen quedó progresivamente dividido entre los hutíes, que consolidaron su control sobre Saná y amplias zonas del norte y oeste, y las fuerzas alineadas con el Gobierno reconocido internacionalmente, respaldadas por distintos actores regionales.
Aunque la intensidad de los combates disminuyó a partir de 2022, las partes no alcanzaron un acuerdo de paz definitivo. La reducción de la violencia permitió una relativa calma, pero no resolvió las cuestiones fundamentales: quién debe gobernar Yemen, cómo debe repartirse el poder y qué ocurrirá con las zonas controladas por cada actor.
Los combates también se intensifican dentro de Yemen
La actual escalada tampoco se limita a los ataques entre Yemen y Arabia Saudí. En paralelo, los combates han aumentado dentro del propio territorio yemení.
En los últimos días se han registrado enfrentamientos entre las fuerzas del Gobierno y los hutíes en varios frentes, especialmente en Taiz, Al-Jawf y Al-Bayda, además de ataques aéreos contra posiciones del grupo.
Las fuerzas del Gobierno yemení informaron el lunes de avances en cuatro frentes: Al-Jawf, Al-Bayda, Taiz y Al-Hudaydah. Son zonas repartidas por el norte, centro y oeste del país, por lo que la actividad militar se está desarrollando simultáneamente en distintos puntos. Según la agencia oficial de noticias Saba, estos movimientos se produjeron después de que el presidente del Consejo de Liderazgo Presidencial, Rashad al-Alimi, se comprometiera a mantener las operaciones hasta restablecer plenamente la autoridad del Estado.

La ONU teme una nueva guerra abierta
Ante esta acumulación de enfrentamientos, Naciones Unidas ha elevado la voz de alarma.
El enviado especial de la ONU para Yemen, Hans Grundberg, pidió a las partes que pongan fin a las hostilidades y actúen con la máxima contención ante el temor de que la reciente escalada desemboque en una nueva guerra a gran escala.
Grundberg calificó la situación de "profundamente preocupante", después de que se informara de civiles muertos y heridos, familias desplazadas y daños en infraestructuras civiles.
La preocupación de Naciones Unidas es que la combinación de los combates dentro de Yemen y los ataques transfronterizos vuelva a crear una dinámica difícil de contener. Según el enviado, Yemen lleva más de una década sumido en el conflicto y un regreso a los combates sostenidos y a gran escala tendría graves consecuencias para la población. Además, dificultaría todavía más el camino hacia un acuerdo político.
Por ello, Grundberg insistió en la necesidad de una "vía política creíble capaz de abordar las cuestiones políticas, de seguridad y económicas que se encuentran en el origen del conflicto".
Asimismo, pidió aprovechar los canales de comunicación existentes, incluido el Comité de Coordinación Militar respaldado por Naciones Unidas, para evitar que la situación siga deteriorándose.
El enviado también instó a todas las partes a cumplir sus obligaciones en virtud del derecho internacional humanitario y a proteger tanto a la población como las infraestructuras civiles. Mientras tanto, aseguró que continuará manteniendo contactos directos con los actores enfrentados para contener las tensiones y preservar un espacio para el diálogo.






















