Más allá de las continuas violaciones diarias del alto el fuego por parte de Israel en el Líbano, un reciente informe afirma que las tropas de Tel Aviv planean establecer una nueva "zona de seguridad", al igual que hicieron en Siria, de hasta 4 kilómetros en el sur del país. Además de destruir miles de viviendas, Israel estaría llevando a cabo una campaña de destrucción de infraestructuras con el objetivo de impedir el regreso de los miles de libaneses que continúan desplazados. En este contexto, otro nuevo informe alerta de que Israel estaría destruyendo puentes, profundizando así la devastación de una zona a la que miles de personas tratan de regresar.
Según informó la propia emisora pública israelí KAN, el Ejército israelí estudia reorganizar su despliegue en el sur del Líbano mediante una nueva "zona de seguridad" de entre 2 y 4 kilómetros de profundidad dentro del territorio libanés. El plan contemplaría retirar parte de las tropas de sus posiciones actuales y concentrarlas en una nueva línea más próxima a la frontera.
Las fuentes de seguridad citadas por KAN denominan esta propuesta "línea gris". El nuevo trazado incluiría posiciones militares desde las que Israel podría mantener su capacidad para lanzar operaciones dentro del territorio libanés. La propuesta todavía no ha sido aprobada por la dirección política israelí y deberá ser debatida antes de tomar una decisión definitiva.
El proyecto está vinculado a las operaciones en las alturas de Ali al-Taher, en la provincia de Nabatiye. El Ejército israelí afirma haber establecido allí el "control operativo", tanto en la superficie como bajo tierra, y se prepara ahora para destruir dos rutas subterráneas situadas bajo la zona.
Según otro informe de KAN, los túneles serán dinamitados en los próximos días. La emisora, citando a funcionarios militares anónimos, aseguró que ya no quedarían "operativos armados con vida" en el lugar. Una vez completada esta operación, Israel prevé iniciar un repliegue gradual desde parte de sus posiciones actuales.
El informe se publicó un día después de que el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, afirmara que el Ejército había consolidado su control sobre lo que denominó una "zona de seguridad" en el sur del Líbano.
El movimiento se suma a una presencia israelí prolongada en distintas partes del sur del país. Algunas zonas han permanecido bajo control israelí durante décadas, mientras que otras fueron ocupadas durante la guerra de 2023-2024. Durante la actual ofensiva, las fuerzas israelíes han llegado a avanzar más de 10 kilómetros dentro del territorio libanés, en lo que supone su mayor incursión desde la retirada israelí del sur del país en el año 2000.
Y mientras Israel plantea este nuevo esquema militar, sus consecuencias ya afectan directamente a la población desplazada. Según KAN, Israel ha transmitido al Gobierno libanés, a través de Estados Unidos, que por el momento los residentes desplazados no podrán regresar a algunas de las zonas de las que se retiren las fuerzas israelíes.
Nuevos ataques vuelven a expulsar a los habitantes
La violencia tampoco da tregua en el sur del Líbano. Los nuevos ataques israelíes han vuelto a golpear zonas residenciales y han obligado a huir de nuevo a habitantes que habían regresado a sus localidades tras la tregua de junio, mientras el balance de víctimas continúa aumentando.
En Kfar Remmane, localidad de la provincia de Nabatiye, en el sur del país, nueve personas murieron en un bombardeo que destruyó un edificio residencial de tres plantas, según la Agencia Nacional de Información libanesa (NNA). En la misma localidad, otros dos socorristas murieron después de que su vehículo fuera alcanzado por un ataque.
Un fotógrafo de la AFP constató la destrucción total del edificio. Entre los escombros quedaron libros de texto y restos de muebles, mientras los equipos de rescate buscaban posibles víctimas entre las ruinas.
Los habitantes de Kfar Remmane habían regresado a sus hogares gracias a la tregua de junio, después de haber sido desplazados durante la guerra entre Israel y Hezbollah. "Desde que volvimos, vivimos con angustia", declaró a la AFP Fouad Chakaron, quien aseguró que en el edificio atacado vivían "gente que no tenía ningún vínculo con nadie", en referencia a Hezbollah.
Tras el ataque, los habitantes del barrio volvieron a huir, según constató la AFP.
El bombardeo no estuvo precedido de una advertencia, a diferencia del registrado en Deir Zahrani, localidad situada en las proximidades de Kfar Remmane. Durante la noche, el Ejército israelí había ordenado a sus habitantes evacuar la zona antes de un ataque dirigido, según Tel Aviv, contra una instalación de Hezbollah.
Israel afirmó que la operación se produjo después del "lanzamiento de un dron explosivo" por parte de Hezbollah contra sus fuerzas. Posteriormente, el Ejército advirtió en árabe, a través de Telegram, de que iba a "atacar" un local del movimiento.
Unos 22 minutos después, según la NNA, la aviación israelí "destruyó" el edificio.
Y esque los ataques se han intensificado durante los últimos días. El viernes murieron cuatro personas y el domingo otras siete, en una nueva sucesión de bombardeos que mantiene la presión sobre las localidades del sur del Líbano pese al alto el fuego.

Aoun denuncia una nueva escalada israelí
Los ataques no se han limitado a zonas residenciales. La ofensiva israelí también ha alcanzado instalaciones estatales y sanitarias, una situación que llevó al presidente libanés, Joseph Aoun, a denunciar una "escalada peligrosa".
En un comunicado difundido el domingo por la Presidencia libanesa en X, Aoun afirmó que los bombardeos habían causado víctimas civiles, dañado gravemente un edificio del Ministerio de Finanzas y destruido el hospital Ghandour. El mandatario denunció además un "patrón continuo" de operaciones que, según afirmó, ya no se limita a supuestos objetivos militares, sino que alcanza también instalaciones gubernamentales civiles y sanitarias.
Aoun acusó a Israel de intentar perturbar el funcionamiento de las instituciones libanesas y los servicios que prestan a la población. Por ello, responsabilizó plenamente a Israel de la escalada y pidió a Estados Unidos y a la comunidad internacional que actúen con urgencia para detener los ataques y exigir responsabilidades a sus autores.
Las declaraciones se produjeron después de una serie de bombardeos israelíes contra Nabatiye y sus alrededores que dejaron cuatro muertos y 20 heridos, según un balance preliminar del Ministerio de Sanidad libanés. El hospital Ghandour, situado en Nabatiye al-Fawqa, quedó completamente destruido.
Desde el 2 de marzo, 17 hospitales de todo el Líbano han resultado dañados por ataques israelíes, según el Ministerio de Sanidad, mientras que otros tres centros hospitalarios del sur del país han quedado fuera de servicio.

Una tregua bajo presión
Todo ello ocurre mientras sigue vigente un acuerdo que, en principio, debería conducir a la retirada israelí del territorio libanés. El acuerdo marco, patrocinado por Estados Unidos y firmado por Israel y Líbano el 26 de junio, contempla una retirada gradual de las fuerzas israelíes a cambio del despliegue del Ejército libanés.
La cuestión está llamada a ocupar un lugar central en las conversaciones directas entre ambos países, que tienen previsto reanudarse este mes en Roma. Sin embargo, sobre el terreno, la situación sigue marcada por los ataques y la presencia militar israelí.
Según las autoridades libanesas, las operaciones israelíes desde el 2 de marzo han dejado 4.362 muertos y 12.378 heridos, además de haber provocado el desplazamiento de más de un millón de personas.




















