Mientras México se prepara para recibir el Mundial, no todos celebran la llegada del torneo.
Activistas, comerciantes y vecinos han salido a las calles para denunciar el impacto social, económico y político que, aseguran, acompaña a la competición. Algunos critican la relación entre la FIFA y los gobiernos anfitriones, mientras otros denuncian el desplazamiento de vendedores ambulantes y la pérdida de ingresos derivada de las obras y restricciones vinculadas al evento.
“Nos vendieron una fiesta del fútbol, pero nunca nos preguntaron”, afirma uno de los participantes. Para muchos de los manifestantes, el Mundial no es solo un evento deportivo, sino también un gran negocio cuyos beneficios, aseguran, no llegan a la mayoría de la población.
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El antimundial de México
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