Hace 31 años, en la “zona segura” de Srebrenica, las fuerzas serbobosnias masacraron a más de 8.000 musulmanes bosníacos —mujeres y niños incluidos— ante la pasividad de la ONU. Aquella desprotección abrió la puerta a ejecuciones brutales; miles de cadáveres fueron enterrados en fosas comunes y posteriormente trasladados para tratar de ocultar el crimen.
Ratko Mladić, el “Carnicero de Bosnia”, y otros responsables fueron condenados años después, pero ni los procesos judiciales ni las sentencias devolvieron las vidas arrebatadas.
Hoy, ese eco retumba en Gaza: civiles bombardeados, niños asesinados y una comunidad internacional que mira hacia otro lado. Olvidar Srebrenica es ignorar el dolor que acontece ahora. Cada silencio tras un genocidio prepara el terreno para la próxima tragedia.
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El genocidio de Srebrenica
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