Además, atacó infraestructuras energéticas, como la refinería de Shahran, provocando un incendio, y bombardeó instalaciones en el mayor campo de gas iraní, South Pars, obligando a suspender parcialmente su producción.
Irán respondió con una oleada de misiles, en una operación llamada “Promesa Verdadera III”. Alcanzó varias ciudades, incluyendo Jerusalén, Tel Aviv y Haifa, donde murieron al menos tres personas tras un impacto directo. También atacó bases aéreas y centros logísticos del ejército israelí.
La escalada provocó la cancelación de las negociaciones nucleares entre Irán y EE.UU., previstas en Omán e Irán advirtió que podría cerrar el estrecho de Ormuz, clave para el transporte de petróleo. El presidente Trump dijo que aún hay espacio para evitar una guerra mayor, pero solo si Irán acepta reducir su programa nuclear.
En solo dos días, más de 78 personas murieron en Irán, incluyendo 29 niños por el colapso de un edificio. La situación se deteriora rápidamente, y crece el temor de una guerra regional a gran escala.
