Cuando la disputa entre Argentina y el Reino Unido por las Islas Malvinas reapareció en el tablero geopolítico la semana pasada, Tel Aviv no tardó en irrumpir. Ministros israelíes de extrema derecha calificaron al archipiélago como “territorio argentino ocupado”, después de que el presidente argentino, Javier Milei, anunciara nuevas medidas vinculadas con la soberanía y la explotación de recursos naturales en las islas.
Pero el respaldo desde Tel Aviv llega en un momento particular. Los ministros israelíes utilizaron el renovado debate sobre las Malvinas para arremeter contra Londres justo cuando aumentan las tensiones entre Israel y Gran Bretaña por las medidas británicas contra los asentamientos ilegales israelíes en Cisjordania ocupada.

El ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben-Gvir, publicó en la red social X, en español, que había llegado el momento de que Israel “reconozca públicamente que las Islas Malvinas son territorio argentino bajo ocupación” y acusó a los británicos de “robar violentamente al pueblo argentino”.
Ben-Gvir también denunció las perforaciones petrolíferas británicas en la zona, que, según afirmó, “roban dinero al pueblo argentino”, e instó al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, a reconocer la soberanía argentina e imponer sanciones “mientras continúe la ocupación”.
El ministro no hizo referencia al proyecto Sea Lion, el principal foco de las medidas anunciadas por Argentina y cuyo operador, Navitas Petroleum, una empresa vinculada a Israel, posee una participación del 65%.
Las medidas de Gran Bretaña contra los asentamientos israelíes
Las declaraciones se produjeron después de que Gran Bretaña anticipara este lunes nuevas medidas contra Tel Aviv. Londres anunció que prohibiría el comercio de productos procedentes de los asentamientos israelíes ilegales en Cisjordania ocupada.
El gobierno británico indicó que las restricciones buscan ajustarse a la opinión consultiva emitida en 2024 por la Corte Internacional de Justicia, que estableció obligaciones para los Estados frente a la ocupación israelí de territorios palestinos.
En medio de ese enfrentamiento, el ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, también arremetió contra Gran Bretaña y exigió la expulsión del embajador británico, al afirmar que el Mandato Británico sobre “la Tierra de Israel ha terminado”.
Las críticas llegan pese a que Israel continúa ampliando sus propios asentamientos ilegales en Cisjordania ocupada, contrarios al derecho internacional. Además, Ben-Gvir y Smotrich ya habían sido sancionados en 2025 por el Reino Unido, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Noruega debido a su reiterada incitación a la violencia contra los palestinos en Cisjordania ocupada.

Las nuevas declaraciones profundizan así el deterioro de las relaciones entre Tel Aviv y Londres, mientras los políticos israelíes de extrema derecha buscan capitalizar políticamente el enfrentamiento de cara a las elecciones generales del próximo mes.
Analistas de política exterior consideran que el posicionamiento de los ministros israelíes responde más a intereses coyunturales que a un cambio de principios sobre las disputas territoriales. Las controversias sobre soberanía, señalan, pueden ofrecer a los políticos una oportunidad para fomentar la unidad en torno a la bandera.
En medio de estos cruces, la posición de Londres sobre las Malvinas permanece “inquebrantable”. Hasta ahora, el gobierno británico no ha respondido directamente a las declaraciones de Ben-Gvir sobre el archipiélago. Sin embargo, tanto él como Smotrich ya tienen prohibida la entrada al Reino Unido por su reiterada incitación a la violencia contra los palestinos.
¿Está Israel diplomáticamente aislado en esta cuestión?
La mayoría de los gobiernos del mundo guardan silencio o afirman que las islas están bajo administración británica, al tiempo que piden negociaciones. La ONU clasifica a las Malvinas como un territorio no autónomo y no reconoce ninguna de las reclamaciones como definitiva.
Los países latinoamericanos, en cambio, han respaldado tradicionalmente el reclamo argentino de soberanía en distintos foros internacionales.
Estados Unidos ha reconocido históricamente la administración británica de las islas sin pronunciarse sobre la soberanía. Sin embargo, esa posición podría entrar ahora en revisión. La semana pasada, el presidente de ese país, Donald Trump, dejó abierta la posibilidad de reconsiderar la postura de Washington sobre las Malvinas. “Siempre reviso todas las posturas. Esta es una de muchas”, declaró al ser consultado sobre la cuestión, sin ofrecer más detalles.

Un eventual cambio de Washington supondría un importante golpe diplomático para Londres. Sin embargo, las palabras de Trump tampoco constituyeron un respaldo explícito al reclamo argentino.
La posibilidad de una revisión aparece atravesada por las tensiones entre Washington y Londres. Trump ha presionado al Reino Unido para que aumente su inversión en defensa dentro de la OTAN y ha cuestionado la falta de apoyo británico a la guerra de Estados Unidos contra Irán.
Gran Bretaña y el nacimiento de Israel
Las acusaciones de “ocupación” lanzadas por ministros israelíes contra Gran Bretaña también adquieren una dimensión histórica por el papel que Londres desempeñó en la creación de Israel.
En 1917, el gobierno británico emitió la Declaración Balfour, que expresó su respaldo al establecimiento de un “hogar nacional para el pueblo judío” en Palestina.
Posteriormente, la Sociedad de Naciones otorgó a Gran Bretaña el Mandato sobre Palestina. Durante ese periodo aumentó la inmigración judía al territorio, en medio de una creciente oposición de la población árabe palestina.
Gran Bretaña se retiró en 1948, cuando Israel declaró su independencia, en medio de la guerra árabe-israelí y del desplazamiento masivo y forzado de palestinos de sus tierras ancestrales, conocido en árabe como la Nakba, la “catástrofe”.
Durante décadas, Londres fue uno de los aliados occidentales más firmes de Israel. Sin embargo, la relación se ha deteriorado por la ofensiva genocida israelí contra Gaza, la expansión de los asentamientos ilegales en Cisjordania ocupada y la decisión británica de reconocer al Estado de Palestina.





















