“Migrar es como volver a nacer, pero siendo grande”, dice Loraine Morales Pino, una investigadora cubana de 33 años experta en corrientes migratorias, residente en Tijuana, México, donde dicta clases en la Universidad Iberoamericana. “La migración nos ha descompuesto como sociedad”, afirma a TRT Español.
Morales Pino dejó Cuba en 2019 para estudiar un doctorado, pero nunca regresó. “Hoy el desabastecimiento es extremo”, lamenta, y no guarda la esperanza de volver al país, donde aún vive su madre.
Nueva ola migratoria
Desde el regreso a la Casa Blanca en 2025, el gobierno de Donald Trump ha endurecido la política exterior de EE.UU. frente a la isla, aunque este no fue el comienzo de las devastadoras sanciones con las que Washington ha intentado asfixiar a Cuba desde 1960, que expertos califican como alternativa no militar pero que de igual modo golpean a población civil a través de sistemas de salud, comercio y economías.
Entonces, las más de seis décadas de sanciones sostenidas han deteriorado la calidad de vida de los cubanos y provocado oleadas de éxodo, con una importante parte de la diáspora asentándose en la Florida.
Cuba enfrentó en la última década una renovada ola migratoria, que se agudizó tras la pandemia, según una investigación de Morales Pino, y luego de la intensificación del bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos a comienzos de 2026, que agravó las condiciones de vida, con apagones masivos y dificultades en el acceso al agua, medicinas y alimentos.
En 2025, la isla perdió 245.264 habitantes producto de la migración, según la Oficina Nacional de Estadística e Información. Además, la tasa de fecundidad es la más baja en 70 años, lo que influyó en la reducción de la población. Así, Cuba registró 9,4 millones de habitantes, casi dos millones menos que en 2010, cuando tenía 11,2 millones.
Desde el comienzo del segundo mandato de Trump las medidas de aislamiento aumentaron hasta alcanzar un extremo este año, con amenazas de intervención militar que se incrementaron tras la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a comienzos de 2026, y sanciones financieras como el bloqueo de cuentas al incipiente sector privado en la isla y el bloqueo petrolero.
Además, el Gobierno de Trump mantiene a Cuba en su lista de Estados “patrocinadores del terrorismo”, de la que había salido durante la administración de Joe Biden, bajo el argumento del incumplimiento de acuerdos, refugio a prófugos y alianzas con países enfrentados a EE.UU.
Según el Programa Nacional de Alimentos de Naciones Unidas, Cuba afronta “crecientes dificultades para la seguridad alimentaria y la nutrición de muchas familias”.
El presidente, Miguel Díaz-Canel, calificó el recrudecimiento del bloqueo estadounidense sobre Cuba como “un genocidio”.
“Esta acción de máxima presión de EE.UU de castigo colectivo”, declaró a finales de julio, “pretende llevar al pueblo cubano a una extrema carencia”.
La migración de Cuba
En su trabajo “Migración y éxodo en Cuba: tendencias migratorias desde el siglo XIX hasta la actualidad”, Morales Pino concluyó que los cambios económicos y transformaciones políticas impactaron en decisiones migratorias, especialmente en “períodos de crisis económicas o políticas”. Así, la migración puede servir como “forma de ajuste o válvula de escape”.
La académica asegura que los años posteriores a la pandemia marcaron un punto de inflexión, con un “flujo migratorio masivo”, que fue “el más grande desde que hay registros”.
“En la actualidad hay pocas salidas por la política migratoria estadounidense, que aumenta las deportaciones y no favorece la llegada de extranjeros”, sintetiza.
Adonis Torres Zamora, cubano residente en Argentina hace un cuarto de siglo, afirma a TRT Español que “la realidad del cubano de a pie es frustrante debido a las carencias y el bloqueo estadounidense”.
A la distancia, mantiene contacto con sus hijas, nietos y hermanos, que se han quedado en la isla, aunque con complicaciones producto de la falta de energía. “Son conversaciones de aliento, mantienen el espíritu de que la situación mejore porque es insostenible”, dice.
Para el escritor y analista cubano Hedelberto López Blanch, la situación “ha ido empeorando”. “Hay situaciones muy críticas, apagones, problemas severos con el agua y las medicinas, que se utilizan sólo para casos extremos”, afirma a TRT Español desde La Habana, donde reside.
Aún así, López Blanch –autor de “La emigración cubana en EE.UU. y Miami, Dinero Sucio y Rubio, un mitómano incontrolable”– sostiene que Cuba está acostumbrada a los bloqueos.
“La situación es difícil, pero la gente está tranquila, resistiendo los ataques de Estados Unidos, Trump y (el secretario de Estado) Marco Rubio”, agrega. “La gente no pasa hambre por completo, estamos acostumbrados al yugo norteamericano”, dice.

Inflación, pobreza y envejecimiento
La situación económica ha desmejorado en los últimos meses. La inflación interanual se aceleró al 20,7% en julio, un salto respecto del 14,3% reportado un año antes, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
En esta línea, la organización indicó que el deterioro está asociado al encarecimiento del transporte y los alimentos, “en un contexto de creciente escasez de combustible y depreciación acelerada del peso cubano”.
Según la CEPAL, en 2025 el salario medio mensual se ubicaba en torno a los 6.930 pesos cubanos (17,7 dólares al tipo de cambio informal). A comienzos de este año, la tasa de desempleo representaba al 1,7 %, de acuerdo con la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).
Sin embargo, esta cifra debe leerse con cautela. “La salida del país de cerca de alrededor del 10% de la población desde 2021, concentrada en personas jóvenes y en edad laboral, reduce la base sobre la que se mide el desempleo. Esto se refleja en que solo el 49,9% de la población de 15 años y más participa en la fuerza de trabajo”, estimó la CEPAL, que indicó además que hay un “envejecimiento” de la población ocupada.
En 2025 el Producto Interno Bruto (PIB) cubano se contrajo 3,8 %, impulsado por la profundización de la crisis energética, que tuvo “efectos directos sobre la industria, los servicios y la vida cotidiana”, según la CEPAL.
A esto se suma un factor clave: la caída del turismo. En 2025 la isla recibió apenas 1,8 millones de visitantes, la cifra más baja en casi 25 años y muy por debajo del récord histórico de 2018, cuando Cuba acogió a más de 4,7 millones de turistas, de acuerdo con registros oficiales.
A finales de septiembre, el Gobierno de EE.UU. amplió sanciones contra Cuba, incluyendo restricciones a las operaciones financieras vinculadas a la isla, incluso para el sector privado, según la Oficina de Control de Activos Extranjeros. Uno de los sectores más afectados fue el hotelero: 70% de los establecimientos han cerrado desde el inicio de las presiones de EE.UU.
“Con estas nuevas medidas de bloqueo se pretende obstaculizar el proceso de transformaciones económicas en curso", señaló el ministro de Relaciones Exteriores cubano, Bruno Rodríguez.
Para el analista López Blanch es fundamental recuperar la actividad económica, reactivar fábricas, la agricultura y los servicios médicos. “Es difícil levantarse, pero de otro modo la economía seguirá en la catástrofe”, dice.

La diáspora cubana
“Extraño la alegría del pueblo. Aún con todos los problemas, el cubano sigue divirtiéndose”, afirma a TRT Español Mercedes Martínez López, cubana radicada en Argentina.
Como ella, millones de cubanos sufren desde lejos por las restricciones para la compra de alimentos, la falta de medicinas y los apagones y la falta de internet, que impiden mantener comunicaciones fluidas.
También afrontan problemas para enviar remesas, en especial desde países latinoamericanos, debido a restricciones impuestas por EE.UU que complican las operaciones.
Según el canal France 24, el envío de dinero desde el exterior a la isla representa entre 2.000 y 3.000 millones de dólares al año, un motor clave de la economía local, que representa más del 50 % de los ingresos de la población. La consultora The Havana Consulting Group estima que el 90 % de las remesas provienen de la comunidad cubana en EE.UU.
“No hay una vía legal sencilla. Muchas veces se envía dinero a través de personas que viajan o se triangula entre países europeos, desde donde es más fácil”, explica Martínez López, quien tiene familiares y amigos residentes en la isla.
“Muchos me dicen que están cansados y no aguantan más sin luz, pero otros quieren seguir luchando y resistiendo”, relata.
“Este bloqueo tiene más de 60 años, pero desde la intervención en Venezuela ha recrudecido. Se impide el ingreso de buques de petróleo y hay muchas necesidades”, dice Martínez López.
Aún así, admite que “hay gente cansada de las penurias y problemas”. “Es lógico que haya protestas”, señala. “Viviendo fuera no voy a imponerles un criterio desde aquí cuando son ellos quienes lo están sufriendo”.
Morales Pino, radicada en México, no guarda la esperanza de regresar al país, donde vive su madre, quien la visita a menudo. “Mi mundo no se quedó en Cuba, se desperdigó por el mundo. Mis amigos ya no están allí. ¿Qué voy a buscar?”, dice. “No es sencillo pedirle al pueblo que resista sin el derecho de aspirar a vivir dignamente. No soy optimista respecto del futuro”, concluye.




















