El giro de América Latina hacia la derecha ha venido acompañado de un acercamiento a Washington. Son 12 los países de la región que se sumaron a esa tendencia en los últimos años, mientras la sombra de la Casa Blanca se alarga en materia de seguridad y cooperación. En ese tablero, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, pondrá pie en Colombia, Ecuador y Perú esta semana. Su misión, según Washington, es “fortalecer las alianzas clave de Estados Unidos en nuestra región”.
La gira se produce mientras la Casa Blanca estrecha sus vínculos con varios gobiernos latinoamericanos ideológicamente afines al Gobierno del presidente, Donald Trump. Y, como señala el medio Forbes, también ocurre poco después de la visita a Sudamérica del comandante del Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM), Francis L. Donovan, a finales de agosto, la agenda de seguridad regional volvió a ocupar un lugar central.
En ese contexto, ahora Rubio se reunirá con el nuevo gobierno del presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella; el de Ecuador, Daniel Noboa, y con la mandataria de Perú, Keiko Fujimori.
Sobre la mesa estarán tres asuntos que Washington considera prioritarios: el apoyo de Estados Unidos a la respuesta de Colombia tras el terremoto; una mayor cooperación en la lucha conjunta contra el narcoterrorismo –que Washington considera una amenaza para el hemisferio–, y el fortalecimiento de las relaciones comerciales, según un comunicado del Departamento de Estado.
Rubio además reafirmará “el compromiso del Gobierno de Trump con un Hemisferio Occidental seguro, próspero y democrático”.
Colombia
Bajo este panorama, Rubio tiene previsto reunirse primero en Colombia con el presidente De la Espriella y con el ministro de Relaciones Exteriores, Omar Bula Escobar. El encuentro tendría lugar el próximo martes en Barranquilla y estaría centrado en la profundización de las relaciones con Washington, especialmente en materia de comercio, seguridad regional y lucha contra el narcotráfico, según un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores.
En ese sentido, cabe recordar que Bogotá se ha sumado recientemente a la Coalición Contra los Cárteles de las Américas (A3C), una alianza respaldada por la Casa Blanca para combatir el narcotráfico y el crimen organizado en la región. Bogotá también se ha incorporado al Escudo de las Américas, la iniciativa anticarteles impulsada por Trump que agrupa a países latinoamericanos como Argentina, Ecuador y El Salvador.

En tanto, el secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, declaró que De la Espriella autorizó operaciones conjuntas entre Estados Unidos y Colombia contra el narcotráfico en territorio colombiano.
Por su parte, la embajadora de Colombia en Estados Unidos, María Consuelo Araújo, hizo hincapié en la importancia que tendrán en esta visita la seguridad, el comercio, las relaciones bilaterales y la política cultural.
“Espero que esta relación bilateral pueda seguir creciendo en pro del crecimiento económico de nuestro país y que esto redunde en el bienestar de todos los colombianos”, señaló.
El ministro Bula Escobar ha insistido en la necesidad de mantener “relaciones sólidas, constructivas y mutuamente beneficiosas con nuestros socios y amigos”. Ha destacado la importancia de la “diplomacia económica y comercial”, con un eje puesto en “atraer inversión, abrir mercados, promover nuestras exportaciones, impulsar el turismo, la tecnología y la innovación, y generar nuevas oportunidades para nuestros ciudadanos y nuestras empresas”.
El Gobierno de De la Espriella también ha tenido que hacer frente a una crisis de grandes dimensiones apenas tres días después de su toma de posesión: un terremoto sacudió Colombia, causando la muerte de unas 300 personas, dejando miles de heridos y provocando daños en las zonas occidental y central del país, un tema que también estará presente en las reuniones.
Ecuador
Rubio se dirigirá luego a Ecuador, donde los vínculos militares y de seguridad con Washington han adquirido especial relevancia.
Quito se ha sumado a operaciones estadounidenses contra embarcaciones que, según ambos gobiernos, estarían vinculadas a Los Choneros, una organización criminal señalada por actividades relacionadas con el narcotráfico.
Hace un año, el gobierno estadounidense lanzó una campaña de operaciones militares contra embarcaciones presuntamente dedicadas al tráfico de drogas en el Caribe y el Pacífico oriental, que dejó más de 200 muertos.
Y en las últimas semanas, la cooperación militar entre ambos países dio un nuevo paso. Entre el 26 y el 28 de agosto, el comandante del CENTCOM, Donovan, viajó a Colombia y Ecuador para establecer una estructura de mando conjunto permanente con las fuerzas armadas de ambos países.
Pocos días después, fuerzas estadounidenses abordaron y hundieron tres embarcaciones de pesca artesanal procedentes del puerto ecuatoriano de Manta, con 53 pescadores a bordo.
Así, el episodio coloca la seguridad y las operaciones contra el “narcotráfico” en el centro de la visita de Rubio a Ecuador, pero también vuelve a poner sobre la mesa la creciente presencia militar de Washington en la región.
Pero justamente en este sentido ha habido diferentes cuestionamientos. Fuerzas militares de Estados Unidos hundieron el sábado una cuarta embarcación cerca de Ecuador en una sola semana, por sus presuntos vínculos con el narcotráfico durante una operación conjunta.
El Comando Sur señaló en su cuenta de X que "una vez que la embarcación principal fue despejada y la tripulación desembarcó, las fuerzas estadounidenses la hundieron junto con las embarcaciones de apoyo adjuntas".
La víspera llegaron a Manta tripulantes de otros dos navíos hundidos. Tras su arribo, fueron trasladados a una estación policial donde permanecieron hasta este sábado, cuando un juez los liberó sin cargos en su contra.
Los tripulantes niegan estar vinculados en actividades ilícitas. Las autoridades no han reportado muertos en las operaciones. Sin embargo, familiares y organizaciones de derechos humanos cuestionan el proceso de identificación de los barcos, en medio de una creciente cooperación entre Estados Unidos y Ecuador.
Perú
La última parada del viaje de Rubio será Perú, gobernado desde finales de julio por Keiko Fujimori, cuyo padre, Alberto Fujimori, lideró el país durante la década de 1990.
Según la prensa local, Lima busca ampliar la cooperación para mitigar los efectos de El Niño, tras el anuncio de 18 centros de emergencia.
A mediano plazo, el gobierno también busca colaboración en materia de inteligencia y equipamiento para combatir la minería ilegal y el crimen organizado, además de explorar inversiones.
Pero la visita también ha generado rechazo. De hecho, la Asamblea Nacional de los Pueblos de Perú manifestó su oposición a la llegada del secretario de Estado de EE.UU. y afirmó que su presencia representa un intento de imponer una política dura, según declaraciones recogidas por la agencia Prensa Latina.

El bloque también criticó lo que considera un esfuerzo por “consolidar con la ultraderecha el Escudo de las Américas militar” y vinculó la iniciativa con la “confrontación” de Washington con China.
La organización cuestionó además las políticas de la administración Trump hacia Venezuela y Cuba. “Los movimientos sociales repudiamos su presencia, levantamos las banderas de la defensa de la Patria, la Soberanía Nacional y la Paz en nuestra región”, señaló la organización, que convocó a pronunciamientos y manifestaciones de rechazo ante la presencia de Rubio en Perú el 9 de septiembre.
Washington y Beijing
Pero detrás de esa agenda oficial aparece una cuestión más amplia: qué entiende Washington por seguridad regional y hasta dónde llega su preocupación por la creciente influencia de Beijing en América Latina.
Según diversos medios internacionales, Washington ha dejado clara su intención de reafirmar su influencia en América Latina bajo lo que algunos han denominado la “Doctrina Donroe”, presentada como una actualización de la Doctrina Monroe del siglo XIX, que defendía que las potencias europeas debían mantenerse al margen del hemisferio occidental.
En este contexto, el analista y exmilitar del Ejército colombiano Luis Alberto Villamarín, con experiencia como historiador y estudioso de asuntos militares, interpreta la visita como parte de lo que describe como el “control estratégico” de Washington sobre la región y de su disputa de influencia con China.
En declaraciones a CNN, Villamarín sostuvo que Estados Unidos estaría “reaccionando tarde” frente al avance de la influencia china en América Latina.
La competencia con China no es nueva en la agenda de Rubio. En una conversación con The Americas Society en 2025, el secretario de Estado sostuvo que “este siglo XXI estará definido por lo que ocurra entre Estados Unidos y China”.
En ese mismo contexto, Rubio planteó la necesidad de que Washington ofrezca a los países latinoamericanos alternativas a las inversiones chinas.

“Tenemos que estar presentes y contar con alternativas frente a cada una de estas estrategias, y también debe haber consecuencias para cada una de ellas”, afirmó entonces. Rubio señaló que Washington mantiene relaciones sólidas con varios países clave de la región y que debería aprovecharlas para atraer inversiones que esos países pudieran preferir frente a las procedentes de China.
Por otro lado, la preocupación de Beijing también estuvo presente cuando en agosto el presidente Xi Jinping se reunió con Noboa y pidió evitar cualquier intento de “socavar” el estatus de América Latina y el Caribe como una “zona de paz”.
“China siempre sostiene que no se debe socavar el estatus de América Latina y el Caribe como una zona de paz, ni interrumpir su camino hacia el desarrollo y la revitalización, ni interferir en su derecho a elegir de manera independiente a sus socios de cooperación”, afirmó Xi, según fue citado.
El mandatario chino añadió que Beijing respalda a los países latinoamericanos en sus esfuerzos por preservar su independencia al desarrollar una cooperación internacional acorde con sus propios intereses nacionales, así como por proteger la paz y la estabilidad de la región.


















