Las tensiones entre Estados Unidos e Irán en el estrecho de Ormuz han alcanzado un punto crítico que China –el mayor importador mundial de petróleo, que llega al país asiático tras atravesar esta vía clave en el Golfo– no puede ignorar.
El Gobierno del presidente de EE.UU., Donald Trump, ha impuesto un bloqueo secundario en el estrecho tras la decisión de Irán de restringir el paso a embarcaciones vinculadas a EE.UU. Este “doble bloqueo” genera creciente inquietud en Beijing, mientras el alza del petróleo comienza a afectar la economía global. Y es que aunque la frágil tregua entre EE.UU. e Irán se mantiene, la estabilidad se debilita.
China, gracias a sus lazos comerciales con Pakistán, se ha posicionado como un firme impulsor de estas negociaciones.
Algunos analistas y funcionarios, incluido el secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, han sugerido que el bloqueo en Ormuz apunta tanto a Teherán como a Beijing.
Esto ha alimentado temores de que Irán pueda convertirse en “el próximo Caracas”, un socio energético clave cuyos vínculos con China se debilitaron tras la captura de Nicolás Maduro y su salida del poder en Venezuela.
Como principal socio comercial de Irán, China sigue siendo vulnerable, ya que depende de ese país para cerca del 10% de sus importaciones totales de petróleo.
“El bloqueo no está pensado abiertamente para golpear a la economía china, pero claramente tiene ese efecto en segundo plano. Su objetivo principal es contener a Irán y controlar el acceso al estrecho, pero como China depende mucho del petróleo de la región, también siente la presión”, dijo Altay Atli, investigador del Centro de Políticas de Estambul de la Universidad Sabanci, a TRT World.
“También envía una señal a Beijing, ya que los petroleros chinos podrían enfrentar restricciones, lo que convierte esto en un desafío geopolítico más amplio para China”, agrega.
Asimismo, Atli señala que “si las tensiones entre EE.UU. y China aumentan, un bloqueo prolongado podría verse incluso como un intento directo de presionar económicamente a China, aunque eso sería más una posible consecuencia que un objetivo declarado por ahora”.
Sin embargo, China lleva años diversificando su economía para prepararse ante una crisis como la actual. El pulso en Ormuz refleja el esfuerzo de Beijing por reducir su dependencia de los combustibles fósiles y avanzar hacia energías limpias y vehículos eléctricos. Según un análisis de la agencia de noticias Reuters, China cuenta hoy con una flota de vehículos eléctricos comparable al resto del mundo combinado.
Gracias a sus “grandes y crecientes reservas de petróleo” y a una “red eléctrica casi aislada” de los shocks que pueda experimentar el mercado energético, construida en base a carbón y renovables, Beijing ha construido un importante margen de seguridad.
Como líder en estos sectores, señala Atli, “la crisis no solo impulsa su estrategia energética, sino que también refuerza su posición global en la transición fuera de los combustibles fósiles”.
Trump, Xi… e Irán
Trump tiene previsto reunirse con el presidente de China, Xi Jinping, en Beijing los días 14 y 15 de mayo para abordar una amplia agenda, desde el futuro del orden global hasta la política arancelaria de Washington.
La cumbre, inicialmente prevista para comienzos de primavera, se retrasó tras el inicio de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán iniciada el 28 de febrero.
El viernes pasado, después de que Teherán reabriera brevemente el estrecho como gesto vinculado al alto el fuego entre Israel y Líbano, Trump publicó en Truth Social que Xi estaba “muy feliz” por la reapertura, en un intento de mostrar cercanía entre ambos.
Sin embargo, esa “felicidad” duró poco. Tras el tono confrontativo de Trump, quien atribuyó la reapertura a los bombardeos y al bloqueo naval estadounidense, Teherán cambió de postura rápidamente.
Ante el continuo bloqueo estadounidense de los puertos de Irán, la Guardia Revolucionaria iraní anunció el sábado que el estrecho volvía a cerrarse para todos los buques vinculados a Estados Unidos.
Analistas advierten que las tensiones entre Irán y EE.UU. pueden afectar negativamente la cumbre entre Trump y Xi. Justo mientras medios occidentales indican que un satélite chino habría ayudado a Teherán a apuntar con precisión a bases estadounidenses en el Golfo.
También surgieron informes sobre un posible suministro de armas de China a Irán, aunque Trump aseguró que Xi le prometió que no lo haría.
“La reunión Xi-Trump podría tener más impacto en el rumbo del conflicto con Irán que cualquier otro factor”, afirmó el analista político Yasar Sari, a TRT World.
Como resultado, Trump podría ser más cauteloso al frenar buques chinos en el Golfo, ya que de lo contrario esto podría llevar las relaciones por un camino riesgoso y envenenar su relación personal con Xi, afirma Sari, quien también es investigadora en el Centro de Investigación Euroasiática Haydar Aliyev de la Universidad Ibn Haldun.
Otros analistas también creen que, a pesar de las declaraciones excesivamente confiadas de Trump sobre su relación con Xi, dicho vínculo podría tomar un rumbo incómodo si el bloqueo estadounidense al estrecho de Ormuz tiene como objetivo a los buques chinos.
“El diálogo entre EE.UU. y China podría paralizarse por completo, impidiendo avances positivos”, señaló Atli. Aun así, Beijing no respondería a la medida estadounidense enviando buques de guerra para reducir el bloqueo de Trump, ya que la relación de China con Irán es "más una asociación pragmática que una alianza", afirma.
“Apoya a Irán lo suficiente para proteger sus intereses y resistir la presión de EE.UU., pero evita cualquier confrontación militar directa”, añade el experto.
Geopolítica de Irán: por qué importa para China
Más allá de sus vastas reservas de petróleo y su postura antioccidental, Irán, un país situado entre Asia Central y Oriente Medio, también es una ruta clave de tránsito para el acceso de China a ambas regiones.
Si la actual República Islámica de Irán colapsara y fuera reemplazada por un gobierno pro-Occidente, eso afectaría no solo los intereses chinos en Teherán, sino también la influencia de China en Asia Central y Oriente Medio, según Sari.
En ese caso, Estados Unidos y otros países occidentales podrían llegar a Asia Central a través de Irán, lo que pondría en una posición incómoda tanto a Beijing como a Moscú, que gobernaron la región en sus épocas imperial y comunista, agrega.
El corredor sur de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China también atraviesa Asia Central e Irán.
Más allá de la importancia geopolítica de Irán, China tampoco quiere que la ofensiva escale hacia enfrentamientos más violentos entre Israel, Estados Unidos e Irán, ya que Beijing se vería obligado a revisar su planificación económica y política para Oriente Medio y Asia Central, según expertos.
La continuidad de la guerra podría provocar un cambio radical y negativo en el actual sistema de comercio internacional, que favorece la posición económica global de China, afirma Sari.
“Es posible que a China le preocupe la posibilidad de que otros estados occidentales se unan al dúo Estados Unidos-Israel contra Irán, a pesar de las disputas públicas que mantiene Trump con líderes desde Gran Bretaña hasta Francia y otros países”.
El analista también sugiere que China quiere que el conflicto termine, pero en términos que de hecho lo prolonguen. Esto aumentaría las diferencias entre Estados Unidos y Europa, ya que los países árabes del Golfo se sentirán más inseguros respecto a las bases estadounidenses y buscarán mejores alternativas para su seguridad, afirma el analista.
“El papel de China en la anterior normalización entre Arabia Saudí e Irán muestra que Beijing quiere ver crecer su rol de mediación en la región hacia una perspectiva más favorable”, añade Sari. “Como resultado, si la guerra contra Irán termina de una manera que refleje la importancia de la presencia de China en la región, eso será mejor para ellos”, concluye.










