El suelo palestino también resiste la ocupación: así rechaza los árboles plantados por colonos
CISJORDANIA OCUPADA
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El suelo palestino también resiste la ocupación: así rechaza los árboles plantados por colonosDurante décadas, colonos israelíes arrancaron olivos y árboles nativos de Palestina y los reemplazaron por pinos europeos. Pero, poco a poco, el clima local los ha ido destruyendo: el suelo se despoja de la ecología de la ocupación.
Niños palestinos juegan bajo un olivo que pertenece a su familia durante la cosecha de aceitunas en la Cisjordania ocupada. / AP

Dispersos por las colinas de Palestina ocupada, millones de pinos se alzan como una de las señales más visibles de la ambición colonial israelí.

Fueron plantados desde la década de 1920, primero bajo el Servicio Forestal del Mandato Británico y luego ampliados de forma masiva por el Fondo Nacional Judío tras 1948, cuando ocurrió la catástrofe de los palestinos, conocida como Nakba.

Después de que Israel fuera declarado un “hogar” judío y cerca de 800.000 palestinos fueran expulsados por la fuerza de sus hogares, los árboles nativos fueron arrancados de manera sistemática y reemplazados por pinos para debilitar los medios de vida palestinos.

Hoy, las ruinas de esos pueblos despoblados yacen bajo bosques israelíes, con sus piedras y terrazas cubiertas por una densa vegetación originaria de Europa.

Pero los pinos israelíes no pertenecen a ese entorno, desde el punto de vista ecológico.

Las colinas de Palestina tienen un clima mediterráneo y semiárido, moldeado durante milenios, con especies adaptadas a sobrevivir allí, como el olivo, la higuera, el algarrobo, el roble y el almendro silvestre. Estos son los árboles que generaciones de agricultores palestinos cultivaron, que almacenaban agua en su corteza y se aferraban al suelo calcáreo.

Casos como este, típicos del colonialismo de asentamiento, implican siempre un ecocidio, es decir, la destrucción del medio ambiente, según el científico y autor palestino Mazin Qumsiyeh, nominado al Premio Nobel de la Paz 2025.

“Como la mayoría de los colonizadores, llegaron a una tierra que no conocían. En este caso, los colonos sionistas vinieron de Europa a un lugar que no era europeo; tenía gente distinta, flora y fauna diferentes”, dijo Qumsiyeh a TRT World.

“Entonces intentaron transformarlo para que se pareciera a Europa, reemplazando las especies nativas por monocultivos de pinos, que no están adaptados a este clima de veranos secos y son muy propensos a incendios”, añadió Qumsiyeh, fundador y director del Instituto Palestino de Biodiversidad y Sostenibilidad y del Museo Palestino de Historia Natural.

El clima se impone

Nadie previó que este sistema forestal artificial y no nativo acabaría colapsando por sus propias contradicciones.

Hoy, en los bosques plantados en Palestina ocupada, el panorama es de muerte masiva de árboles, y las cifras son contundentes.

“Cuando las comunidades locales son desplazadas, lo que se pierde es todo un sistema de conocimiento ecológico, cuidado del entorno e interacción histórica con el paisaje”, explicó a TRT World Lucas Ferrante, investigador de la Universidad de São Paulo con experiencia en ecología del paisaje y acaparamiento de tierras.

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“Como investigador que estudia los cambios en el paisaje, la desposesión territorial y las consecuencias ecológicas de la ocupación forzada, veo la pérdida de territorios palestinos no solo como un problema político o humanitario, sino también como uno profundamente ecológico”.

Ejemplos globales, como la Amazonía brasileña, muestran que las invasiones y el desplazamiento de pueblos tradicionales suelen provocar daños ecológicos, desde la degradación de bosques hasta la pérdida de gestión sostenible del territorio, según Ferrante.

Un estudio con sensores remotos sobre unos 100.000 dunams (unos 900 metros cuadrados) de bosques del sur, desde la zona de Be’eri hasta el bosque de Yatir, halló más de 50% de mortalidad entre coníferas, principalmente cipreses.

El propio jefe de gestión forestal del Fondo Nacional Judío describió el daño como “tasas de mortalidad de árboles sin precedentes”.

En los bosques de Carmim, Shikma, Meitar, Lachish, Yatir, Dudaim y Gerar se repite el mismo patrón.

Estos árboles nunca estuvieron adaptados a la tierra en la que fueron forzados a crecer. Sus agujas ácidas dañan el suelo y no actúan como barrera contra incendios, según expertos.

En cambio, los olivos y cítricos resisten el fuego, almacenan agua y funcionan de forma natural como cortafuegos.

Los pinos, en cambio, arden rápido y con gran intensidad.

Cuando los incendios arrasaron más de 100 zonas en las montañas de Judea en abril de 2025, obligando a evacuaciones, dejando decenas de heridos y llevando a Israel a declarar el estado de emergencia, fueron estas coníferas las que alimentaron las llamas.

Tras los incendios de 2021 en las montañas de Jerusalén, el paisaje calcinado dejó al descubierto las ruinas de pueblos palestinos destruidos durante la Nakba, junto con terrazas agrícolas de 400 años.

Los colonizadores no solo destruyen a las personas, también destruyen la biodiversidad, incluidas especies, hábitats y ecosistemas completos, afirmó Qumsiyeh. Y citó varios ejemplos, entre ellos, el de Estados Unidos.

“En lo que hoy es Estados Unidos, no solo se destruyeron pueblos indígenas, sino también vastos bosques. Hoy queda menos del 3% de los bosques originales”, indicó. “Los pueblos indígenas de América tenían distintas tribus, religiones y lenguas. Esa diversidad humana fue destruida. Pero también la diversidad biológica que existía junto a ella. En Palestina, estamos viendo lo mismo”.

Y agregó: “En Australia, la colonización británica trajo especies invasoras, la destrucción de ríos y daños ecológicos generalizados. Es la misma lógica: un poder externo que llega y transforma un paisaje que nunca fue suyo”.

El olivo que se resiste a desaparecer

A medida que los pinos no autóctonos disminuyen debido a la sequía, los incendios y el estrés ecológico, las especies autóctonas han comenzado a reaparecer en algunas zonas. Especies como el olivo, la higuera, el algarrobo y arbustos nativos están surgiendo gradualmente en los espacios que dejaron los bosques dañados.

“Cuando estos pueblos recuperan o mantienen el control de su territorio, el paisaje tiene más posibilidades de conservar o reconstruir su equilibrio ecológico”, afirmó Ferrante.

“Los suelos recuerdan. Incluso tras una destrucción violenta, quedan rastros de ecosistemas previos, como la recuperación de especies nativas como el olivo y la higuera”, dice.

Ferrante añadió que permitir a los palestinos recuperar el control de sus tierras no solo responde a una cuestión de justicia, sino que también ayudaría a restaurar la continuidad ecológica, proteger el patrimonio biocultural y reforzar la resiliencia del territorio.

Se estima que colonos israelíes en Cisjordania ocupada han destruido hasta un millón de olivos para privar a los palestinos de sus medios de vida.

De hecho, en solo dos semanas de la temporada de cosecha de 2025, colonos israelíes ilegales, muchas veces con escolta militar, destruyeron más de 900 árboles y plantones en Cisjordania ocupada.

La Oficina de Derechos Humanos de la ONU en los territorios ocupados afirmó que, en Palestina, el olivo nunca es solo un árbol, sino un vínculo histórico que conecta a los palestinos con su tierra.

El olivo ha sido siempre el símbolo más fuerte de esa conexión. Durante generaciones, la cosecha de aceitunas ha sido un momento de encuentro, con familias reunidas en campos heredados durante siglos, bajo árboles que representan el arraigo, la resiliencia y la paz.

La ocupación ha entendido lo que significa ese árbol, y por eso ha intentado eliminarlo.

Ahora bien, el profesor Qumsiyeh advirtió que algunas pérdidas son irreversibles. “Palestina ha sido devastada, tanto en términos de diversidad humana como biológica. Se ha convertido, en muchos sentidos, en una zona de catástrofe”.

“Algunas especies han desaparecido. Por ejemplo, el búho pescador ya no existe. En la zona del lago Hula, se perdieron 219 especies cuando los humedales fueron drenados para la agricultura. No pueden recuperarse fácilmente”, explica.

“Pensemos en Gaza: ¿pueden restaurarse los suelos tras la exposición a químicos como el fósforo blanco o el uranio empobrecido? Aún no lo sabemos. Algunas zonas podrían recuperarse, otras no, y aun donde sea posible, puede llevar décadas”.

El olivo nunca es solo un árbol, sino una vena histórica que conecta a los palestinos con la tierra. Y el proyecto colonial intentó reemplazar la memoria del paisaje, plantar un bosque europeo sobre uno palestino, hacer que la tierra olvidara lo que siempre fue.

Pero el clima y el suelo no cooperan con la ocupación. Los pinos nunca fueron de allí. Los olivos sí. Y, al final, la tierra recuerda la diferencia.

FUENTE:TRT Español y agencias