La vida de miles de venezolanos cambió para siempre el 24 de junio de 2026: dos terremotos con segundos de diferencia, los peores registrados en el país en más de dos siglos, dejaron barrios enteros derrumbados, familias en duelo y futuros en vilo. Un mes después, la emergencia ya no está bajo los escombros, sino en las necesidades humanitarias y en el desafío de evitar una crisis sanitaria prolongada. También en reconstruir casas y ayudar a cientos de miles de personas a recuperar sus vidas.
Según el gobierno venezolano, los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 –que fueron los más mortíferos registrados en el país desde 1812– dejan hasta el momento 5.398 fallecidos y cerca de 17.000 heridos.
Aunque las tareas de rescate concluyeron, la tragedia no cesará pronto para miles de familias. Equipos forenses continúan utilizando pruebas de ADN para identificar cuerpos recuperados entre los escombros, mientras numerosos familiares siguen esperando noticias sobre sus seres queridos.
Los equipos de rescate, apoyados por contingentes internacionales, lograron sacar con vida a 6.462 personas. Sin embargo, debido a las complejidades de las labores de identificación, las autoridades no han vuelto a publicar una cifra oficial de desaparecidos desde los primeros días posteriores al desastre.
La iniciativa ciudadana “Desaparecidos Terremoto Venezuela”, una plataforma creada para localizar a personas cuyo paradero sigue siendo desconocido, registra más de 29.000 casos sin resolver. Además, cifras no confirmadas recibidas por la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA, por sus siglas en inglés) apuntaban en junio a que el número de desaparecidos podría ascender a una cifra tan estremecedora como 50.000.
De la búsqueda de sobrevivientes a la asistencia humanitaria
Durante los primeros días tras los terremotos el objetivo fue encontrar sobrevivientes y atender a los heridos. Ahora, las operaciones de búsqueda empiezan a ceder el paso a una nueva fase de emergencia centrada en la asistencia humanitaria posterior al desastre, la remoción de escombros y la reconstrucción.
Sin embargo, las organizaciones humanitarias insisten en que la tragedia está lejos de haber terminado.
Las necesidades más urgentes pasan ahora por ofrecer alojamiento a las más de 23.000 personas que continúan viviendo en 107 campamentos temporales, además de restablecer servicios básicos y reconstruir viviendas. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, prometió entregar 4.000 viviendas antes de fin de este año y otras 10.000 durante el año próximo.
"Este desastre está lejos de haber terminado. Seguir distribuyendo artículos esenciales y proteger las personas y la salud pública es una prioridad a medio plazo y más adelante también habrá que garantizar que se recuperen los medios de vida", destacó la directora regional de Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) para América, Loyce Pace, en un comunicado.

Agua potable, salud y apoyo psicológico
Asimismo, la preocupación se centra en garantizar agua potable, evitar brotes de enfermedades, mantener la atención médica y ofrecer apoyo psicológico a quienes lo perdieron todo.
Según la IFRC, uno de los ámbitos esenciales para la asistencia humanitaria a corto y medio plazo es el acceso a agua potable segura. Un mes después del terremoto, muchas familias siguen dependiendo del agua embotellada para beber, cocinar y asearse. Además, las limitaciones en el acceso al saneamiento aumentan el riesgo de brotes de enfermedades en las zonas donde permanece la población desplazada.
El segundo desafío es la atención a la salud mental. Los sobrevivientes conviven con ansiedad, miedo, tristeza e insomnio mientras afrontan la pérdida de familiares, viviendas, empleos y medios de subsistencia.
La tercera prioridad es mantener la atención primaria de salud. Miles de personas con enfermedades crónicas aún no han recuperado plenamente la continuidad de sus tratamientos y, en algunas zonas, persiste el riesgo de brotes epidémicos, lo que podría aumentar la presión sobre un sistema sanitario ya debilitado.
Reconstrucción millonaria
Mientras la respuesta humanitaria continúa, también empiezan a conocerse las dimensiones económicas del desastre.
El Banco Mundial estimó en una evaluación preliminar que los terremotos causaron daños materiales directos por 19.600 millones de dólares, aunque advirtió que el costo total de la reconstrucción podría duplicar o triplicar esa cifra.

“El terremoto causó daños materiales directos estimados en 19.600 millones de dólares, una cifra asombrosa para cualquier economía y que exige una respuesta coordinada", señaló Susana Cordeiro Guerra, vicepresidenta del Banco Mundial que supervisa América Latina y el Caribe. Añadió que, sin inversiones oportunas, el impacto sobre la capacidad productiva y el nivel de vida podría retrasar significativamente la recuperación del país.
La estimación no incluye el costo de reconstruir mediante mejoras estructurales o la modernización del tipo de construcción. Estos costos, incluyendo la remoción de escombros, podrían ser entre dos y dos veces y media superiores a los costos de reemplazo, lo que podría elevar el costo total a cerca de 50.000 millones de dólares.
Así, a un mes de la tragedia, en Venezuela la búsqueda de desaparecidos, la reconstrucción de sus hogares y el desafío de volver a empezar seguirán marcando la realidad para miles de personas.























