Washington, Estados Unidos - Maxime Valbrune no puede evitar sonreír al hablar de sus planes para el Mundial. Su hermano la sorprendió con entradas para ir juntos a ver un partido de la selección de su país, Haití, una experiencia que considera única y que difícilmente volverá a repetirse en su vida. Pero su semblante se torna serio al referirse a lo que este torneo supone para los 1,2 millones de haitianos que viven en Estados Unidos. "Incluso personas que son ciudadanos están en el punto de mira y su prioridad es sobrevivir", lamenta. "Gente que lleva más de 10 años en el país".
Como muchos haitianos, Valbrune tiene el corazón dividido. Por un lado, siente la alegría de ver a su país clasificado para el Mundial por primera vez en 52 años y de que sus partidos se disputen precisamente en Estados Unidos, el país que alberga la mayor comunidad haitiana de la diáspora. Por otro, le enoja saber que muchos de sus compatriotas no podrán disfrutar del torneo, ya que Washington ha prohibido la entrada al país de ciudadanos del país centroamericano. Y, pese a las críticas, dice que nada indica que la medida vaya a cambiar o que se vayan a conceder excepciones.
El Gobierno de EE.UU. amplió a principios de año las suspensiones de visado a 39 países por motivos de seguridad nacional, y cuatro de los afectados se han clasificado para el Mundial: Haití, Senegal, Costa de Marfil e Irán.
“Es política de Estados Unidos proteger a sus ciudadanos de los extranjeros que pretenden cometer ataques terroristas, amenazar nuestra seguridad nacional, defender ideologías de odio o explotar de cualquier otra forma las leyes de inmigración con fines malévolos”, señala el comunicado oficial de la Casa Blanca, firmado por el presidente de EE.UU., Donald Trump. La restricción no afectará a los jugadores y el personal de las selecciones de los países afectados, que sí obtendrán visas para viajar.
Un “doble estándar”
Al mismo tiempo, Washington considera que las condiciones en Haití “ya no cumplen” con los requisitos para mantener su designación del Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés). Por eso, en noviembre decidió poner fin a esa protección para los haitianos.
El TPS –que busca proporcionar un refugio seguro a ciudadanos extranjeros cuyos países de origen están sufriendo conflictos armados, las consecuencias de desastres naturales y otras condiciones temporalmente inseguras– se activó para Haití en 2010 tras el terremoto catastrófico, y se extendió en numerosas ocasiones. A día de hoy, la ONU considera que el país atraviesa una crisis humanitaria. No obstante, el Departamento de Seguridad Nacional asegura que Haití ya no reúne las condiciones que determinen que los ciudadanos vuelvan a su país de origen y dice que permitirles quedarse en EE.UU. va en contra del “interés nacional”.
Para muchos, esto resulta contradictorio, como asegura Valbrune. “Es un doble estándar”, indicó, tras viajar a Washington para protestar contra la decisión, que un juez federal frenó y ahora está en manos de la Corte Suprema.
Asimismo, otro haitiano presente en la manifestación sostiene que actualmente no existen condiciones de seguridad en Haití y lamenta que muchas de las armas que circulan en el país “llegaron al país gracias a Estados Unidos”, una afirmación respaldada por varios informes, incluidos documentos del Congreso de Estados Unidos y reportes de medios como BBC.
Sobre el Mundial, él también muestra sentimientos encontrados: “Estoy feliz, pero no tan feliz como podría”.
Guerline M. Jozef, cofundadora y directora ejecutiva de Haiti Bridge Alliance, una organización que asiste a miles de haitianos y otros inmigrantes que han viajado hasta la frontera entre EE.UU. y México, afirma que para la comunidad es “muy emocionante” que la selección de su país –de apenas 12 millones de habitantes– se haya clasificado por primera vez en décadas.
“La gente está organizando fiestas para ver los partidos, los centros comunitarios están planeando poner grandes pantallas para que la gente pueda venir a verlos”, relata Jozef. “Hay muchísima emoción. Nuestra comunidad necesita orgullo, y por eso todo el mundo quiere participar”.
“Pero, al mismo tiempo, tienen miedo e incertidumbre por la posibilidad de que haya redadas del ICE durante los partidos, en un momento que debería ser positivo”, lamenta en referencia al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas.
La comunidad considera que el problema es que las decisiones de Washington no solo afectan a los ciudadanos haitianos que viven en la isla –y que no podrán viajar para asistir a los partidos del Mundial–, sino también a quienes residen en territorio estadounidense.
“Mucha gente quiere asistir a los partidos, pero no lo hace por miedo a lo que el gobierno pueda hacer, como arrestarlos, secuestrarlos, simplemente porque son haitianos, sin importar su estatus migratorio”, afirma la activista por los derechos humanos. Justamente, Jozefha testificado frente a la ONU y el Congreso de EE.UU. para pedir un trato más humano para los inmigrantes negros y las comunidades afrodescendientes.
La protección temporal, en manos de la Corte Suprema
Jozef no es la única que considera injustas las decisiones de la Casa Blanca hacia los haitianos. En diciembre, la representante Yvette D. Clarke, presidenta del Caucus Negro del Congreso, junto con otros miembros del grupo, emitió un comunicado en el que se afirmó: “Una y otra vez, la administración de Trump ha señalado a Haití con políticas dañinas e injustas, tras difundir información errónea y utilizar una retórica deshumanizante y racista sobre las comunidades haitianas”.
Por su parte, la jueza progresista del Tribunal Supremo Sonia Sotomayor recordó durante una audiencia reciente sobre la protección temporal de los haitianos algunas de las últimas declaraciones de mandatario estadounidense. “Tenemos un presidente que ha dicho que Haití es ‘un país asqueroso, sucio, y un agujero de mie*** repugnante’, lo estoy citando, y se ha quejado de que EE.UU. acoja a personas de países así en lugar de personas de Noruega, Suecia o Dinamarca. Ha declarado que los inmigrantes ilegales están envenenando la sangre de EE.UU. No entiendo de qué manera esa afirmación no es un gran ejemplo que muestra que puede haber motivos discriminatorios detrás de su decisión".
Durante la campaña electoral de 2024, Trump aseguró sin pruebas que los haitianos se estaban comiendo las mascotas de sus vecinos de Springfield, en Ohio, una información sin fundamento que, sin embargo, se propagó rápidamente.
Ahora bien, en las próximas semanas, el Tribunal Supremo debe decidir si mantiene el estatus de protección temporal a los ciudadanos de Haití –y también a los de Siria– o si se lo retira, como quiere el Gobierno de Trump.
"Queremos que [el Mundial] sea tan acogedor como sea posible", ha dicho Andrew Giuliani, director ejecutivo del Grupo de Trabajo de la Casa Blanca para la Copa Mundial de la FIFA 2026. El político también ha dicho que el torneo debe ser un "momento internacional de unidad".
Para Guerline y otros activistas, existe una contradicción evidente entre ese mensaje y las políticas migratorias impulsadas por Washington. Así lo resume Daniel Norona, director de incidencia para las Américas de Amnistía Internacional: “No puedes tener unidad si estás promoviendo la discriminación, la represión, y si estás presionando para silenciar a cualquiera que no piensa como tú”.









