Las fuertes explosiones provocadas por el Ejército israelí en la cordillera de Ali Taher, en Nabatieh, Líbano, desencadenaron un terremoto de magnitud 4,1 el 10 de septiembre, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).
Israel aseguró haber utilizado más de 1.100 toneladas de explosivos para demoler supuestos túneles subterráneos de Hezbollah. La magnitud de las detonaciones generó ondas de choque y una actividad sísmica que pudo registrarse en distintos puntos de la región.
En un comunicado conjunto, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el ministro de Defensa, Israel Katz, aseguraron que las fuerzas israelíes mantendrán la ocupación de la zona. Las demoliciones se producen además antes de una nueva ronda de conversaciones entre Líbano e Israel, prevista para la próxima semana.
Desde el 2 de marzo, los ataques israelíes contra Líbano han asesinado al menos a 4.383 personas y han dejado 12.406 heridas, según los últimos datos del Ministerio de Salud libanés.
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