CISJORDANIA OCUPADA
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"Me ataron de pies y manos": ataques de colonos israelíes recrudecen la vida en Cisjordania ocupada
Los palestinos de toda Cisjordania ocupada denuncian que la escalada de los ataques de colonos israelíes dificulta cada vez más cultivar sus tierras, desplazarse, trabajar y proteger a sus hijos.
"Me ataron de pies y manos": ataques de colonos israelíes recrudecen la vida en Cisjordania ocupada
Colonos israelíes intensifican los ataques contra comunidades palestinas en Cisjordania ocupada.

Cada mañana, Khaled Abeyat recorre su olivar en Ein Al-Duyuk, al oeste de Jericó, para comprobar qué queda en pie tras la creciente violencia de los colonos israelíes, las demoliciones de viviendas y los ataques contra activistas de solidaridad.

Algunos de los olivos muestran los troncos partidos. Otros han sido arrancados de raíz y yacen esparcidos por el terreno, con las raíces expuestas al sol. 

Este agricultor palestino de 49 años asegura que la destrucción ha golpeado no solo su medio de vida, sino también su sensación de seguridad. 

En toda Cisjordania ocupada, los palestinos denuncian un aumento de los ataques perpetrados por colonos israelíes, que incluyen agresiones físicas, daños a propiedades y amenazas contra los residentes y sus tierras. 

Para quienes viven cerca de los asentamientos, las agresiones pueden producirse en las carreteras, en las explotaciones agrícolas o incluso frente a sus propias viviendas. Los residentes afirman que, en ocasiones, soldados israelíes están presentes durante estos ataques, mientras que la rendición de cuentas de los colonos sigue siendo muy limitada.

Khaled asegura que ahora siente una tensión constante cada vez que ve a colonos cerca de su finca. "La semana pasada me pisaron la mano que tenía fracturada y me dijeron que me fuera", relata a TRT World

Según explica, estaba trabajando en sus tierras cuando un grupo de colonos irrumpió en su propiedad. Allí, afirma, dañaron sus olivos y sus cultivos. Cuando intentó impedirlo, lo sujetaron por la fuerza. 

"Me ataron las manos y los pies y me arrastraron por el suelo", recuerda Khaled. El agricultor asegura que el terreno pedregoso le desgarró la piel mientras los colonos lo amenazaban de muerte para que abandonara sus tierras. Según su testimonio, soldados israelíes se encontraban en las inmediaciones durante la agresión, aunque, sostiene, "estaban allí para proteger a los colonos". 

La agresión le dejó graves secuelas en la mano derecha. Khaled relata que los colonos la golpearon repetidamente y llegaron a pisarla mientras la mantenían inmovilizada contra el suelo. "Uno de ellos me pisó la mano mientras la sujetaban. El hueso quedó destrozado", explica. Desde entonces, añade, ya no puede trabajar "como antes", una situación que ha mermado también los ingresos de su familia. 

El temor a nuevos ataques ha cambiado por completo su rutina. Ahora pasa las noches durmiendo entre sus olivos porque, según denuncia, los colonos han amenazado con prender fuego a su vivienda y a sus tierras. "Hay personas que vienen de noche con linternas", dice. 

A pesar de ello, insiste en que no piensa marcharse. "No abandonaré mi tierra, pase lo que pase. La heredé de mi abuelo y él me dijo que nunca la abandonara", afirma.

La historia de Khaled, según las autoridades palestinas, refleja una realidad cada vez más extendida en la Cisjordania ocupada. De acuerdo con cifras palestinas, alrededor de 750.000 colonos israelíes, cuya presencia es considerada ilegal por el derecho internacional, residen en 156 asentamientos y 360 puestos avanzados repartidos por Cisjordania ocupada, incluida Jerusalén Este ocupada.

En este contexto, la ministra de Asuntos Exteriores palestina, Varsen Aghabekian Shahin, advirtió este lunes desde Ramala que la violencia ejercida por los colonos ha dejado de ser una consecuencia de la expansión de los asentamientos para convertirse en una de sus principales herramientas. 

Según la ministra, la violencia y la expansión de los asentamientos constituyen "dos pilares complementarios del proyecto colonial ilegal de Israel". A su juicio, las agresiones se utilizan cada vez con mayor frecuencia para apropiarse de tierras palestinas, desplazar a sus habitantes y modificar la realidad demográfica sobre el terreno. 

Asimismo, Shahin rechazó que estos ataques puedan interpretarse como hechos aislados cometidos por un pequeño grupo de extremistas. Por el contrario, sostuvo que su alcance, organización y respaldo político evidencian un patrón sistemático. 

"La violencia de los colonos se ha convertido en un medio para apoderarse de las tierras palestinas, mientras que el terrorismo de los colonos ha evolucionado hasta convertirse en una herramienta para un cambio demográfico sistemático", afirmó.

Nunca llegaron al hospital

Mohammed conducía junto a su esposa embarazada desde Far'ata, una localidad palestina cercana a Qalqilya, en la Cisjordania ocupada, hacia un hospital de la ciudad, donde esperaban dar la bienvenida a su primer hijo. "Este es el hijo con el que siempre habíamos soñado", cuenta Mohammed a TRT World.

Sin embargo, el trayecto se truncó antes de llegar al hospital. Cinco colonos armados interceptaron su vehículo y le ordenaron que diera la vuelta. Mohammed trató de explicar que su esposa necesitaba atención médica urgente, pero, según recuerda, nadie quiso escucharlo. "Me dijeron que diera la vuelta. No me escucharon".

Lejos de permitirles continuar el viaje, los colonos comenzaron, según su testimonio, a golpear las ventanillas del coche con las culatas de sus armas y con piedras hasta hacerlas añicos. Los cristales saltaron por el interior del vehículo e hirieron tanto a Mohammed como a su esposa, mientras ella permanecía aterrorizada por la incertidumbre de no saber qué ocurriría a continuación.

"Mi esposa no dejó de llorar y gritar durante todo el tiempo que estuvimos retenidos", recuerda Mohammed. "Me dijo: 'Parece que vamos a morir antes de conocer a nuestro hijo'". 

Durante más de 40 minutos, Mohammed suplicó a los colonos que le permitieran continuar el trayecto con su familia. También se puso en contacto con las autoridades palestinas, pero permaneció bloqueado en la carretera, impotente ante la situación.

"Estaba allí de pie, viendo a mi esposa embarazada delante de mí, sin poder ayudarla", recuerda.

Finalmente, decidió tomar una carretera secundaria casi desierta y logró llegar al hospital ya entrada la noche. Para entonces, sin embargo, las complicaciones ya eran inevitables.

"El líquido que rodeaba al bebé se rompió dentro del coche", explica Mohammed.

Según relata, el retraso prolongado privó de oxígeno al bebé durante demasiado tiempo, provocándole daños cerebrales y una discapacidad intelectual.

"Mi hijo no eligió nada de esto. Tendrá que cargar con las consecuencias de aquella noche durante el resto de su vida", lamenta.

Desde entonces, asegura, aquel episodio cambió para siempre su forma de entender la vida cotidiana. "Es la sensación de que tu vida y la de tu familia pueden quedar en manos de alguien que decide si puedes continuar o no". Además, sostiene que este tipo de ataques son cada vez más impredecibles. "Aparecen en las carreteras, entran en los pueblos e impiden que la gente llegue al trabajo, al hospital o a la escuela. ¿Cómo puede vivir alguien así?".

Las cifras oficiales presentadas el lunes por la ministra de Asuntos Exteriores palestina, Varsen Aghabekian Shahin, reflejan la dimensión de esa violencia. Según explicó, durante el primer semestre de 2026 se documentaron 11.074 violaciones cometidas por las fuerzas israelíes y colonos en el territorio palestino ocupado, de las cuales 3.488 fueron atribuidas a colonos.

Los datos muestran además que al menos 86 palestinos murieron en la Cisjordania ocupada durante ese periodo, incluidos 21 fallecidos directamente a manos de colonos. Asimismo, se registró el desplazamiento de 26 comunidades beduinas y el establecimiento de 42 nuevos puestos avanzados de asentamientos, la mayoría de carácter pastoril.

La historia de Mohammed no es la única. Para Saeed Al-Najjar, la violencia de los colonos también alteró el futuro de su familia. En Osarin, al sur de Nablus, este obrero de la construcción de 46 años recuerda el día en que su hijo Jad, de 12 años, salió hacia la escuela y regresó apenas 15 minutos después. Tenía las manos temblando, el uniforme rasgado y cortes en la boca y la nariz.

"Volvió solo 15 minutos después. Apenas podía hablar. Tenía los ojos llenos de lágrimas", cuenta Saeed a TRT World.

Según su relato, unos colonos interceptaron al menor en el camino, lo registraron, lo golpearon y uno de ellos intentó realizarle tocamientos inapropiados. A partir de aquel día, Jad dejó de hablar de la escuela y comenzó a pedirle a su padre que lo llevara a trabajar con él.

"Decidió abandonar los estudios, aunque era uno de los mejores alumnos", afirma Saeed.


FUENTE:TRT Español y agencias