Las calles de Brasil se convirtieron este sábado en el escenario de una última demostración de fuerza política. A pocas horas de la votación del domingo, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y su rival, el senador Flávio Bolsonaro, movilizaron a decenas de miles de simpatizantes en varias ciudades, en una jornada marcada por las banderas, los cánticos y los mensajes dirigidos a un país profundamente polarizado.
La contienda enfrenta a dos proyectos políticos opuestos y trasciende las fronteras brasileñas. Mientras Lula apuesta por movilizar a sus seguidores con la defensa de la democracia y la soberanía nacional, Bolsonaro promete mano dura contra el crimen, libre mercado y una mayor cercanía con Estados Unidos. La derecha busca consolidar la ventaja obtenida en la primera vuelta, mientras la izquierda confía en una remontada de última hora.
En Río de Janeiro, una multitud teñida de rojo, el color del Partido de los Trabajadores (PT), acompañó a Lula frente a la emblemática playa de Copacabana. El mandatario, que está cerca de cumplir 81 años, se subió a una camioneta al ritmo de la música mientras sus seguidores lo arropaban en uno de los últimos actos de una campaña intensa.
Desde el vehículo, el presidente convirtió la soberanía nacional en uno de los ejes de su discurso y contrapuso su proyecto político al de su adversario.
"El pueblo tiene que elegir entre alguien que besa la bandera nacional o alguien que besa la bandera estadounidense. Es un asunto de soberanía: no permitiremos que Brasil sea el patio trasero de nadie", afirmó Lula, con la voz más ronca de lo habitual tras varios días de campaña.
El mensaje apelaba a una de las principales líneas de confrontación política: qué papel debe desempeñar Brasil en el escenario internacional y hasta qué punto su política exterior debe responder a intereses propios o alinearse con los de Estados Unidos.
Una campaña a pie de calle y en las redes
La movilización no se limitó a Río de Janeiro. Después del acto en Copacabana, Lula continuó su recorrido en São Paulo, donde una multitud ocupó la avenida Paulista, una de las principales arterias de la ciudad y escenario habitual de las grandes concentraciones políticas del país.
Detrás de las imágenes de entusiasmo y las banderas, sin embargo, también había una campaña marcada por el desgaste y la urgencia de convencer a los últimos votantes.
Nícolas da Silva, un empleado de hotel de 25 años, reconoció a la agencia de noticias AFP que el esfuerzo para remontar en la calle y las redes sociales estaba siendo especialmente exigente.
"Pero no hay cómo descansar", afirmó. "Estamos dando vuelta votos, luchando contra el fascismo, a favor de la democracia".
Sus palabras reflejan cómo los simpatizantes de Lula presentan la elección como una disputa que va más allá de la alternancia política y sitúan la defensa de la democracia en el centro de su movilización.
Lula aspira a conseguir un cuarto mandato presidencial y confía, en parte, en el rechazo de una porción del electorado a un regreso de la familia Bolsonaro al poder. Su rival, sin embargo, llega a la votación con una ventaja inicial: en la primera vuelta, el senador obtuvo el 47% de los votos, frente al 45% del actual presidente.
Además, dos encuestas publicadas el sábado por los institutos Datafolha y Quaest situaron a Bolsonaro por delante, con el 51% de la intención de voto frente al 49% de Lula. Los sondeos apuntan a una contienda ajustada, en la que la movilización de los últimos días puede resultar decisiva.
Al mismo tiempo, la campaña de Flávio Bolsonaro trata de atraer a los votantes con un discurso centrado en la libertad y las críticas al papel del Estado, en particular a los programas sociales impulsados por el actual Gobierno.
Flávio Bolsonaro apela a la libertad y al legado de su padre
En Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais, familias y motociclistas se congregaron en la emblemática Praça da Liberdade para acompañar al senador Flávio Bolsonaro, de 45 años.
Entre los asistentes estaba el empresario Ebert Dorigo, quien defendió una visión del país contrapuesta a la del presidente.
"El partido hoy en el poder quiere dejar a la gente dependiente del Estado. Nosotros valoramos la libertad", declaró a la AFP.
Tras el acto en Belo Horizonte, Flávio se desplazó al acomodado barrio de Barra da Tijuca, en Río de Janeiro, para visitar la vivienda en la que su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, se recuperó después de ser apuñalado durante la campaña electoral de 2018, un episodio que marcó aquella contienda y precedió a su llegada a la Presidencia.
La visita también sirvió para reforzar la conexión del senador con el legado político de su padre, una figura que continúa ocupando un lugar central en el movimiento conservador brasileño.
Entre los miles de asistentes destacaban los carteles con el lema "Fuera Lula" y las banderas de Estados Unidos e Israel, símbolos que contrastaban con el mensaje de soberanía nacional defendido por el actual presidente. Al llegar, Flávio se hizo selfis con un grupo de niños, bailó y rezó junto a la multitud.
Un debate marcado por los ataques personales
El cierre de la campaña también estuvo condicionado por el último debate televisivo entre ambos candidatos, celebrado el viernes en TV Globo. A diferencia del primer encuentro, marcado por los insultos, esta vez los aspirantes dedicaron más tiempo a presentar sus propuestas, aunque no faltaron los ataques personales.
Lula cuestionó la inexperiencia de su rival, mientras que Flávio Bolsonaro intentó presentar al presidente como un político del pasado, con "ideas que no funcionan más".
Uno de los momentos más tensos llegó cuando el senador acusó a Lula de conceder beneficios sociales "con una mano y quitarlos con los nueve dedos". La frase aludía al dedo meñique que el presidente perdió en un accidente laboral durante su juventud, cuando trabajaba como obrero metalúrgico.
Bolsonaro se disculpó por el comentario. Sin embargo, Lula aprovechó el episodio al día siguiente para reforzar su mensaje dirigido a la clase trabajadora. En sus redes sociales publicó una fotografía de su mano sin el meñique apoyada sobre la bandera brasileña, acompañada de una frase que apelaba a la unidad de los trabajadores: "Trabajadores y trabajadoras de Brasil, uníos. Nosotros merecemos respeto".
El intercambio refleja hasta qué punto la campaña ha combinado la discusión sobre el rumbo económico y social del país con referencias personales y episodios de confrontación entre los candidatos.

Una elección bajo la mirada de América Latina
El resultado también se sigue de cerca en el resto de América Latina, donde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025 coincidió con una sucesión de victorias electorales de la derecha en la región. Una eventual victoria de Flávio Bolsonaro reforzaría esa tendencia, mientras que una reelección de Lula supondría un nuevo triunfo para la izquierda latinoamericana.
La dimensión internacional de la campaña ha quedado patente en las acusaciones del presidente brasileño contra Washington y Meta, la empresa estadounidense propietaria de Facebook e Instagram, a las que acusa de intentar interferir en los comicios. Las denuncias se producen en medio de un pulso judicial relacionado con supuestas acciones ilegales de ambas campañas en las redes sociales. Sin embargo, Meta niega las acusaciones.
La disputa electoral brasileña se inserta así en un escenario regional marcado por la polarización política, el debate sobre el papel del Estado y las distintas orientaciones de política exterior.













