Durante la Cumbre de Líderes de la OTAN que se celebró el Türkiye esta semana, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró que el frágil alto el fuego con Irán había "terminado", reavivando las dudas sobre si Washington y Teherán podrán volver a la mesa de negociación.
Las declaraciones de Trump llegaron después de los recientes ataques iraníes contra buques comerciales en el estrecho de Ormuz, una señal de que Teherán no está dispuesto a renunciar a la influencia que ejerce sobre una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo.
En respuesta, el Comando Central de Estados Unidos (Centcom) atacó decenas de objetivos militares iraníes e infraestructuras civiles, entre ellos una línea ferroviaria en el noreste de Irán que conecta Teherán con Mashhad, donde fueron enterrados el líder Supremo Alí Jamenei y varios miembros de su familia.
Entre los objetivos figuraba también el puente Aq Tappeh Khan, situado cerca de la frontera entre Irán y Turkmenistán, una infraestructura clave del Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC, por sus siglas en inglés), que conecta Irán con Asia Central, Rusia y China.

Esta oleada de ataques puso de relieve cómo las tensiones ya no se limitan a objetivos militares, sino que se están extendiendo a corredores estratégicos de comercio y transporte.
Sin embargo, los expertos advierten que una escalada que vaya desde el estrecho de Ormuz hasta el INSTC podría tener graves repercusiones para el comercio internacional y los mercados energéticos.
Pese al recrudecimiento de las tensiones, las negociaciones continúan siendo una opción más favorable que una guerra de mayor escala con Irán, tanto para la estabilidad del mercado energético de Estados Unidos como para la economía mundial, explica Dania Koleilat Khatib, experta en las relaciones entre EE.UU. y los países del Golfo.
Ella describe a Irán como "una fortaleza" debido a su geografía montañosa, que históricamente ha dificultado enormemente cualquier invasión extranjera.
“Volverán a los diálogos. Forma parte del estilo negociador de Trump. Primero elevas la vara y luego negocias. Estados Unidos no tiene otra alternativa que negociar”, afirma Khatib, cofundadora del Centro de Investigación para la Cooperación y la Construcción de Paz, un centro de estudios con sede en Líbano.
Un conflicto renovado probablemente tendría un mayor impacto sobre los precios del combustible en Estados Unidos que sobre la economía de Irán, pues este último ha soportado décadas de sanciones y mayores restricciones a sus exportaciones de petróleo a través del estrecho de Ormuz tras los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel a principios de este año.
Además, con las elecciones intermedias a solo pocos meses de distancia, una subida en los costos de la energía podría convertirse también en un problema político interno.
“El enfado de Trump no se está traduciendo en un daño adicional significativo para Irán, principalmente por las limitaciones políticas internas a las que se enfrenta el propio Trump”, afirma Alon Liel, exdirector general del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, en referencia a las votaciones legislativas estadounidenses previstas para noviembre, en declaraciones a TRT World.
No obstante, añade que la imprevisibilidad de Trump hace que no se pueda descartar un nuevo repunte de las tensiones.
Aunque el presidente de EE.UU. dio por "terminado" el alto el fuego con Irán, en ningún momento sugirió que las negociaciones hubieran concluido definitivamente, lo que apunta a que los contactos discretos entre Washington y Teherán podrían seguir en marcha.
Mientras tanto, las potencias regionales han intensificado sus esfuerzos para mantener viva la vía diplomática.
Negociadores de Qatar, Arabia Saudí, Egipto y Türkiye han mantenido múltiples conversaciones telefónicas con sus homólogos estadounidenses e iraníes, con el objetivo de garantizar primero una desescalada y, posteriormente, acordar una fecha para una nueva ronda de negociaciones técnicas sobre el programa nuclear.
Los expertos también señalan el carácter ambiguo del memorando de entendimiento del pasado 17 de junio, cuya redacción ha permitido a Washington y Teherán interpretar de forma distinta algunas de sus disposiciones fundamentales.

Según el último informe del International Crisis Group, las diferencias de interpretación sobre la cláusula relativa al estrecho de Ormuz se han convertido en una fuente recurrente de fricción entre ambas partes.
Por qué importan los mercados energéticos y las reservas de petróleo
Aunque Estados Unidos es el mayor productor de petróleo del mundo –como Trump ha subrayado en repetidas ocasiones–, buena parte de su producción depende del auge del petróleo de esquisto, que genera principalmente crudo ligero y de bajo contenido en azufre.
Sin embargo, muchas refinerías estadounidenses fueron diseñadas para procesar crudo pesado, más barato, por lo que el país sigue dependiendo de las importaciones.
De ahí que tanto Venezuela –que posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo– como Oriente Medio sigan siendo de importancia estratégica para Washington. Estados Unidos importa crudo pesado de diversos países, entre ellos Canadá, México, Arabia Saudí e Iraq.
Otro factor determinante es el rápido agotamiento de las reservas petroleras estadounidenses en medio de las tensiones en el estrecho de Ormuz, explica Rasim Ozcan, profesor de Economía de la Universidad de Estambul.
“Cuando el estrecho de Ormuz se cierra y el suministro de petróleo se restringe, los precios internacionales suben. Ante un acceso limitado a los mercados petroleros y el encarecimiento del crudo, el Gobierno de Estados Unidos recurre a sus reservas estratégicas para estabilizar los precios y reducir la volatilidad a corto plazo”, explica Ozcan a TRT World.
Según las estimaciones, desde el estallido de la guerra con Irán a finales de febrero pasado, la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos –que tiene las provisiones de emergencia del país– se ha reducido de forma considerable para compensar las interrupciones del suministro derivadas de las tensiones en el estrecho de Ormuz.
En la actualidad, sus existencias se sitúan un 23% por debajo del nivel previo al conflicto, uno de los descensos más pronunciados desde su creación durante el Gobierno del entonces presidente Ronald Reagan, en 1983.
En consecuencia, un regreso a la guerra que amenace con desatar un conflicto prolongado en el Golfo –una de las principales regiones productoras de petróleo del mundo– representaría riesgos significativos para Washington, no solo por la volatilidad de los precios de la energía, sino también por la creciente presión sobre sus reservas estratégicas de crudo.
Pese a las críticas que el memorando de entendimiento con Irán ha suscitado en algunos sectores de Estados Unidos e Israel, que consideran que el acuerdo concedió demasiadas ventajas a Teherán, Trump habría rechazado esas objeciones al asegurar que no quería ser comparado con Herbert Hoover, presidente de EE.UU. durante la época de la Gran Depresión.
La opción bélica es “demasiado peligrosa”
Más allá de su impacto en los mercados internacionales del petróleo, los expertos sostienen que volver a la guerra sería una opción de alto riesgo para Washington, ya que garantizar la seguridad del estrecho de Ormuz y enfrentarse a las fuerzas iraníes en el Golfo podría acarrear un elevado costo militar.
“Destruir (la isla) Kharg probablemente les costaría más que conquistar la isla de Iwo Jima a los japoneses”, afirma Khatib, en alusión a la estratégica isla iraní desde la que se canaliza la mayor parte de las exportaciones petroleras del país a través del Golfo, y a la encarnizada batalla librada entre las fuerzas estadounidenses y japonesas en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial, que costó la vida a cerca de 7.000 militares estadounidenses.
Otros expertos también llaman a la cautela ante la creciente capacidad de resistencia de Irán y la vulnerabilidad de los mercados energéticos mundiales en un contexto de tensiones en el estrecho de Ormuz, cuyo cierre al tráfico marítimo comercial ha provocado la mayor interrupción del suministro mundial de petróleo de la historia.
Joost Hiltermann, asesor especial para Oriente Medio y Norte de África del International Crisis Group, figura entre quienes interpretan las declaraciones de Trump como una táctica de negociación.
“Está frustrado porque Irán no cede a sus exigencias. Está intentando reforzar su posición negociadora”, afirma Hiltermann a TRT World. No obstante, añade: “No parece que le esté dando resultado”.
Los expertos también apuntan a una percepción cada vez más extendida en Teherán de que el control del estrecho de Ormuz –descrito por algunos como un “arma dorada”– ha adquirido incluso más importancia que el programa iraní de enriquecimiento de uranio, lo que dificulta aún más un regreso a las negociaciones para ambas partes.
“Irán lleva mucho tiempo considerando su capacidad para amenazar con la interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz como su principal elemento de disuasión estratégica, posiblemente más valioso que su programa nuclear. Eso hace mucho más difícil cualquier cambio de política de fondo”, señala Ricardo Martins, académico y analista geopolítico.
Aunque, en su opinión, Teherán “probablemente mantendrá su estrategia tradicional de maniobrar y negociar para preservar su margen de influencia” –una táctica que el vicepresidente de EE.UU., JD Vance vinculó recientemente con las antiguas prácticas negociadoras persas–, Martins también advierte de que Irán “pronto podría verse obligado a tomar decisiones difíciles sobre su programa nuclear y su postura regional”.
Martins considera que Teherán terminará regresando a la mesa de negociación, ya que la creciente presión económica y estratégica hace insostenible una confrontación prolongada.
“Sin embargo, es poco probable que ese regreso sea inmediato o incondicional. Irán considera que Estados Unidos es un interlocutor poco fiable y probablemente exigirá concesiones antes de volver a negociar”, agrega.
Asimismo, señala las divisiones de larga data entre moderados y sectores más duros dentro del sistema político iraní, una dinámica que existe desde mediados de la década de 1990.
Según Martins y otros analistas, los sectores más conservadores se muestran cada vez más contrarios a negociar con Washington, al considerar que Estados Unidos es un socio poco fiable.
Alianzas cambiantes
La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha desencadenado el mayor impacto en el suministro de petróleo de la historia y, al mismo tiempo, parece haber reforzado la cohesión interna iraní. También ha reconfigurado el panorama político de Oriente Medio, impulsando a los países de la región a buscar nuevas fórmulas para contener la escalada de la crisis.
Entre las iniciativas que empiezan a tomar forma, una asociación cuatripartita entre Türkiye, Arabia Saudí, Egipto y Pakistán podría adquirir una relevancia mayor que otros alineamientos regionales, especialmente mientras Estados Unidos evalúa trasladar su presencia militar de los Estados del Golfo a Israel, en lugar de reconstruir las bases dañadas en la región, según Khatib.
A juicio de la experta, este grupo está sentando las bases de lo que define como un orden regional posestadounidense, con el objetivo de “integrar a Irán en la arquitectura de seguridad regional de la era posterior a la presencia estadounidense”.
Aunque reconoce que se trata de una iniciativa difícil de materializar en una región marcada por profundas divisiones políticas, religiosas y étnicas, sostiene que las acciones militares de Israel han acercado las posiciones de los Estados de la región.
“Israel les está ayudando a desarrollar esta idea. Israel representa una amenaza común para todos esos países. No hay nada que una más que una amenaza”, afirma.
Khatib considera que un posible traslado de las fuerzas estadounidenses desde los países árabes hacia Israel podría acelerar aún más los esfuerzos del grupo.
Existen informes creíbles que apuntan a que Washington no tiene intención de reconstruir sus bases militares en el Golfo y en otros países árabes.
“Dudo que los países del Golfo estén dispuestos a financiar su reconstrucción, y también dudo que el Tesoro estadounidense pueda asumir ese coste. Cuando eso ocurra, Irán y los países del Golfo tendrán que encontrar un modus operandi”, explica Khatib a TRT World.
“Es probable que los países del Golfo tengan que invertir en Irán como parte de cualquier proceso de normalización”, concluye. “A cambio, Teherán tendrá que responder a sus preocupaciones en materia de seguridad, especialmente en lo relativo a los actores no estatales que respalda, desde Yemen hasta Líbano e Iraq”.























