Los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel durante la guerra de 12 días de junio del año pasado, así como las tensiones que siguieron, fueron presentados como un duro golpe contra la infraestructura nuclear iraní y como responsables de reducir de forma significativa las reservas de uranio enriquecido de la República Islámica.
Sin embargo, pese a las reiteradas afirmaciones de la administración de Donald Trump de que el programa nuclear iraní ha quedado prácticamente desmantelado, las negociaciones que Washington y Teherán mantienen desde entonces siguen girando en torno a una cuestión clave: el futuro del uranio enriquecido de Irán.
Durante meses, Washington sostuvo que cualquier acuerdo debía contemplar el enriquecimiento cero, una línea roja que el presidente Donald Trump defendió en repetidas ocasiones. Teherán, por su parte, ha rechazado de forma sistemática esa exigencia.
Según los expertos, el eje de las conversaciones ha evolucionado y ahora se centra en limitar y gestionar el programa iraní de enriquecimiento de uranio conforme al memorando de entendimiento (MoU) suscrito por ambas partes.
Alcanzar un acuerdo sobre el programa de enriquecimiento de Teherán —que ha llegado a una pureza del 60%, apenas un paso técnico por debajo del nivel necesario para fabricar armas nucleares— sigue siendo posible, aunque dista mucho de estar garantizado, afirma Oral Toga, investigador del Centro de Estudios Iraníes, con sede en Ankara.
El material apto para uso militar suele requerir un enriquecimiento cercano al 90%. De acuerdo con estimaciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Irán disponía de al menos 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60% antes de los ataques estadounidenses e israelíes de junio.
Incluso después de los bombardeos, el director general del OIEA, Rafael Grossi, señaló que "algo más de 200 kilogramos" de ese material enriquecido al 60% probablemente sobrevivieron y permanecen almacenados en el complejo de túneles de Isfahán.
El OIEA también estima que Teherán disponía de unos 184 kilogramos de uranio enriquecido al 20% y de más de 6.000 kilogramos enriquecidos al 5%.
En conjunto, las reservas iraníes contienen suficiente material nuclear como para que, si se enriqueciera hasta alcanzar un grado apto para uso militar, pudiera utilizarse teóricamente para fabricar al menos 23 armas nucleares, según los cálculos del organismo.
"El memorando de entendimiento firmado en Islamabad el 17 de junio ya sentó las bases de un posible acuerdo, al establecer un plazo de 60 días para negociar los términos definitivos e incluir una cláusula que compromete a ambas partes a resolver el destino de las reservas de uranio enriquecido mediante su dilución in situ, bajo la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), como método de referencia", explica Toga a TRT World.
en virtud de ese acuerdo, el material nuclear iraní permanecería dentro del país, mientras que los inspectores del OIEA supervisarían y verificarían el proceso de dilución, reduciendo los niveles de enriquecimiento hasta los que se consideren aceptables en un futuro acuerdo.
Sin embargo, Toga señala que sigue existiendo una brecha importante entre el memorando, que contempla la dilución del uranio enriquecido iraní y no su destrucción, y lo que describe como el "maximalismo público" que Washington sigue manteniendo respecto al futuro del programa nuclear.
"La cuestión no es tanto si un acuerdo es técnicamente posible, ya que el compromiso basado en la dilución ya existe sobre el papel, sino si Estados Unidos respetará lo que firmó o seguirá tratando el memorando, como ha hecho Trump, como una simple opción que puede descartar", afirma.
"Es moderadamente probable que se alcance un marco de entendimiento sobre las reservas de uranio; lo que no parece probable es un acuerdo que también ponga fin por completo al enriquecimiento".
¿Qué ocurrirá con el uranio iraní?
Trump ha afirmado anteriormente que Irán entregaría sus reservas de uranio a Estados Unidos para que fueran destruidas.
"Nos lo quedaremos. No lo necesitamos ni lo queremos. Probablemente lo destruiremos cuando lo tengamos, pero no vamos a permitir que ellos lo conserven", declaró.
Sin embargo, según Toga, hay muy pocas posibilidades de que Teherán acepte entregar unas reservas que se han convertido en un elemento estrechamente ligado a la seguridad nacional, la soberanía y el prestigio político dentro del aparato de poder iraní.
Es poco probable que Irán renuncie a sus reservas de uranio enriquecido "en el sentido que exige la retórica de Washington, es decir, mediante su entrega física" a un tercer país o su destrucción total, sostiene Toga.
Una directiva emitida en mayo y atribuida al líder supremo, Mojtaba Jamenei, habría establecido que las reservas de uranio enriquecido no deben abandonar el país bajo ninguna circunstancia.
"La directiva del líder supremo y el consenso dentro del establishment son que las reservas de uranio enriquecido no deben salir del país", declaró en mayo a Reuters una fuente iraní que pidió permanecer en el anonimato.
En su lugar, Teherán ha dejado entrever que podría aceptar la dilución de esas reservas.
"Lo que Irán ha señalado que puede aceptar es la dilución. Incluso antes de los ataques de febrero, Teherán ya había propuesto durante conversaciones informales diluir su uranio enriquecido al 60% hasta niveles aptos para uso en reactores", explica Toga.
La propuesta guarda similitudes con algunos elementos del acuerdo nuclear de 2015, por el que Irán limitó el enriquecimiento al 3,67%, redujo su capacidad de centrifugadoras y restringió sus reservas a unos 300 kilogramos.
En la práctica, Teherán plantea hoy un esquema similar, aunque aceptar ese compromiso podría resultar políticamente complicado para la administración Trump, ya que reproduce en gran medida las restricciones del acuerdo alcanzado durante la presidencia de Barack Obama, del que Trump retiró a Estados Unidos en 2018.
"La diferencia es decisiva. La dilución permite a Irán conservar el material en su propio territorio, presentar el resultado como un programa nuclear civil gestionado y no como un desarme, y mantener la capacidad técnica de volver a enriquecer el uranio en el futuro. Precisamente por eso los sectores más duros de Washington la rechazan", afirma Toga.
En la práctica, este mecanismo permitiría a Irán renunciar al grado de enriquecimiento con potencial militar sin perder la propiedad del material nuclear.
Pese a la supuesta directiva de Jamenei, algunas fuentes iraníes consideran que Teherán aún podría estudiar un compromiso que implicara la participación de un tercer país.
Según ese escenario, aproximadamente la mitad de las reservas iraníes de uranio enriquecido al 60% serían transferidas a un país como Rusia, que desde hace años desempeña un papel relevante en el programa nuclear civil iraní.
A cambio, Teherán recibiría uranio enriquecido a alrededor del 5%, mientras que el resto de sus reservas enriquecidas al 60% sería diluido bajo la supervisión del OIEA.
Mohammed Eslami, académico y politólogo iraní del Instituto Universitario Europeo, considera que un acuerdo de este tipo es posible, aunque poco probable en las circunstancias actuales.
"Creo que ya se ha alcanzado un acuerdo para retirar el uranio altamente enriquecido y que, al término de las negociaciones, ya no habrá uranio enriquecido al 60% en Irán. O bien será diluido hasta niveles inferiores de enriquecimiento, o será enviado a un tercer país", explica Eslami a TRT World.
Basándose en acuerdos nucleares anteriores que contemplaban el traslado de reservas al extranjero, Eslami sostiene, no obstante, que la dilución sigue siendo la vía más realista para resolver el bloqueo entre Washington y Teherán.
Hasta ahora, la administración Trump ha rechazado las propuestas para transferir el uranio iraní a países como Rusia o China, al insistir en que la única opción aceptable es que el material nuclear de Teherán quede bajo custodia de Estados Unidos.
Sin embargo, Eslami advierte de que no debe sobredimensionarse la importancia de la cuestión del uranio dentro del conjunto de las negociaciones.
A su juicio, asuntos como el levantamiento de las sanciones, la liberación de los activos iraníes congelados y el futuro estatus del estrecho de Ormuz podrían resultar, en última instancia, más determinantes para el éxito o el fracaso de un acuerdo que el destino de las reservas de uranio enriquecido.

¿Cómo podría diluirse el uranio enriquecido?
Incluso si Washington y Teherán logran un entendimiento sobre el destino del uranio enriquecido iraní, siguen existiendo importantes interrogantes sobre cómo podrían recuperarse los cerca de 440 kilogramos de material nuclear almacenados en las dañadas instalaciones subterráneas de Isfahán, Fordow y Natanz.
"Nadie tiene realmente una respuesta a esa pregunta", afirma Toga, quien se muestra escéptico sobre la viabilidad de aplicar en la práctica el memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán.
Uno de los principales desafíos, explica, será determinar cómo acceder al uranio que podría haber quedado sepultado bajo instalaciones nucleares gravemente dañadas.
"El mecanismo previsto en el memorando consiste en diluir el uranio enriquecido de Irán dentro del propio país, mezclándolo con uranio de menor grado bajo la supervisión del OIEA. Un primer paso probablemente sería convertirlo de gas a una forma más estable en polvo para facilitar su manipulación. Sin embargo, la dificultad no reside en la química, sino en el proceso de verificación", explica Toga.
Desde los ataques de Estados Unidos e Israel de junio de 2025, Irán no ha permitido al OIEA acceder a las instalaciones afectadas. Como consecuencia, persiste la incertidumbre no solo sobre el estado de los complejos nucleares, sino también sobre cuánto uranio enriquecido sobrevivió a los bombardeos y si parte del material fue trasladado antes de los ataques.
"Por eso, el acceso de los inspectores es uno de los principales puntos de disputa. Washington sostiene que Irán ya ha aceptado las inspecciones, mientras que Teherán afirma que solo las permitirá una vez se alcance un acuerdo definitivo y se levanten las sanciones. Sin ese acceso, ningún plan de dilución puede verificarse de manera creíble", afirma Toga.
La disputa sobre las inspecciones pone de relieve un problema más amplio que afrontan las negociaciones: incluso si ambas partes alcanzan un acuerdo técnico sobre el futuro de las reservas de uranio enriquecido de Irán, su aplicación y verificación podrían resultar mucho más complejas.
Por ello, Toga se muestra pesimista sobre las posibilidades de lograr un avance duradero.
"Sigo considerando que alcanzar una solución entre ambas partes será extremadamente difícil", concluye en declaraciones a TRT World.
























