Haití vive desde hace años una profunda crisis de seguridad marcada por la expansión de las bandas armadas, que han extendido su control sobre amplias zonas del país y han agravado la violencia. Ante esta situación, el Gobierno haitiano pidió este viernes ante la Asamblea General de Naciones Unidas completar el despliegue de la fuerza internacional creada para combatir a estos grupos y renovar su mandato.
En este contexto, el primer ministro haitiano, Alix Didier Fils-Aimé, reclamó durante su intervención en el debate general de la 81.ª Asamblea General de la ONU que la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF, por sus siglas en inglés) alcance la capacidad operativa prevista de 5.500 efectivos y disponga de los recursos necesarios para desarrollar su misión sobre el terreno.
La fuerza fue creada en 2025 por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para hacer frente a la violencia de las bandas y su mandato expira a finales de septiembre. Por ello, Fils-Aimé defendió su renovación y pidió a la comunidad internacional que garantice tanto el personal como el equipamiento necesarios para completar el despliegue.
"Lamentamos que la fuerza GSF no cuente con la capacidad operativa necesaria en el terreno, es decir los 5.500 efectivos, por eso desde esta tribuna decimos que es imperiosa la renovación del GSF y que cuenten con todo lo que necesitan para su despliegue: efectivos, equipamiento y medios", afirmó.
Al mismo tiempo, el primer ministro agradeció a los países que han contribuido a la misión y destacó especialmente a República Dominicana por haberse "abierto al diálogo" y por defender una "solución sostenible" para la crisis haitiana.

El tráfico de armas alimenta la violencia
Sin embargo, para Fils-Aimé, reforzar la presencia internacional no es suficiente para contener la violencia. En paralelo, situó el tráfico ilícito de armas entre los principales factores que permiten que las bandas mantengan y amplíen su capacidad de acción.
Según explicó, las armas utilizadas por estos grupos no son fabricadas en Haití, sino que llegan desde el exterior y terminan alimentando la inseguridad tanto dentro del país como en el conjunto de la región.
"Si esto sigue así, la violencia va a seguir encontrando caminos para perpetuarse, es fundamental que podamos desbaratar estas redes", advirtió.
De este modo, el primer ministro insistió en que combatir a las bandas implica también actuar contra las redes que les proporcionan armamento y recursos. Mientras estas estructuras continúen operativas, sostuvo, la violencia seguirá encontrando vías para reproducirse.
En la misma línea, Fils-Aimé recurrió a la experiencia de la anterior Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS), posteriormente sustituida por la GSF. A su juicio, el recorrido de aquella misión demuestra que la aprobación de un mandato internacional no garantiza por sí sola que una operación pueda cumplir sus objetivos.
"No basta solo con el mandato, hacen falta los efectivos, medios y determinación de ir hasta el final", señaló.

Seguridad y derechos de los migrantes
Más allá de la lucha contra las bandas, el primer ministro dedicó parte de su intervención a la situación de los migrantes y a la necesidad de compatibilizar el control de las fronteras con el respeto de los derechos humanos.
En este sentido, Fils-Aimé defendió que las circunstancias en las que se encuentre una persona migrante no pueden justificar el menoscabo de sus derechos ni de su dignidad.
"La protección de la frontera y el respeto a la dignidad humana no se excluyen entre sí, sino que deben ir de la mano", afirmó.
Por ello, insistió en que las medidas de seguridad fronteriza deben aplicarse sin dejar de lado las obligaciones en materia de derechos humanos.
"Las fronteras se tienen que proteger, pero nunca se debe sacrificar la dignidad humana", recalcó.
Elecciones en un contexto de inseguridad
A esta crisis de seguridad se suma otro desafío para las autoridades haitianas: la organización de las elecciones generales previstas para diciembre. La primera vuelta está programada para el 13 de diciembre y, según Fils-Aimé, el proceso ya está en marcha y se han movilizado los recursos necesarios para celebrar los comicios.
No obstante, la situación de inseguridad plantea un obstáculo adicional. En consecuencia, el primer ministro advirtió de que la violencia no puede tener cabida en las elecciones y reclamó medidas para impedir que las organizaciones criminales interfieran en el proceso.
"Las redes delictivas, el financiamiento ilícito, no pueden llegar a las urnas", sostuvo.
De esta manera, la celebración de las elecciones se presenta como una prueba adicional para las instituciones haitianas, que deben organizar los comicios en un escenario en el que las bandas armadas siguen ejerciendo presión sobre amplias zonas del país.
Una crisis con raíces históricas
Pero el primer ministro no limitó su diagnóstico a la actual crisis de seguridad. Durante su discurso, Fils-Aimé vinculó también la situación que atraviesa Haití con una serie de problemas históricos que, según sostuvo, se remontan a siglos atrás.
En varias ocasiones evocó al revolucionario haitiano Toussaint Louverture y rechazó la idea de que el caos actual pueda explicarse únicamente por acontecimientos recientes.
"El caos que vive Haití no es un accidente en la historia", afirmó.
A continuación, situó parte de las raíces de la crisis en "siglos de injusticia" y señaló especialmente la deuda de la independencia impuesta a Haití por Francia.
Precisamente en relación con este pasado, Fils-Aimé valoró el trabajo de la comisión mixta haitiano-francesa creada en abril de 2025 por iniciativa del presidente francés, Emmanuel Macron. El organismo tiene como objetivo examinar dos siglos de historia entre ambos países, incluido el impacto de la indemnización impuesta a Haití en 1825.
Aquel acuerdo estuvo vinculado al reconocimiento francés de la independencia haitiana, pero supuso para el país caribeño una elevada carga económica. Para Fils-Aimé, esta cuestión forma parte de un legado histórico que todavía debe ser examinado.
Por ello, el primer ministro aseguró que espera "con gran atención" las conclusiones de la comisión.
"Ayer, nuestros antepasados arrancaron la libertad a las tinieblas de la servidumbre; hoy, nuestra generación arrancará la paz a las sombras de la violencia", afirmó.
Una crisis que continúa
En definitiva, la situación de seguridad sigue siendo uno de los principales desafíos para Haití. La expansión de las bandas armadas, la debilidad institucional y el tráfico de armas han contribuido a prolongar una crisis que afecta tanto a la población como al funcionamiento del Estado.
Según datos de Naciones Unidas, la violencia dejó al menos 3.050 muertos y 1.401 heridos durante los primeros seis meses del año.























