En plena tormenta energética global, el mayor grupo petrolero del mundo acaba de recibir un golpe inesperado. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) enfrenta desde este martes una de sus mayores fracturas internas después de que Emiratos Árabes Unidos, miembro desde 1967, anunciara su salida para priorizar su “interés nacional”. Una decisión que llega en una coyuntura marcada por la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán, que con las amplias restricciones sobre el estrecho de Ormuz ha disparado los precios de la energía a nivel global.
Fundada en 1960 por potencias como Arabia Saudí, Irán, Iraq y Venezuela, la organización coordina la producción de crudo mediante cuotas para influir en los precios internacionales y, desde 2016, se apoya en la alianza OPEP+ junto a países como Rusia. La salida de Emiratos Árabes Unidos, uno de sus mayores productores, abre ahora una nueva fase de incertidumbre sobre el equilibrio energético global.
La agencia de noticias estatal emiratí WAM subraya que "esta decisión refleja la visión estratégica y económica a largo plazo de Emiratos Árabes Unidos y la evolución de su perfil energético, especialmente la aceleración de las inversiones en la producción energética nacional".
Tensiones internas y choque de intereses en la OPEP
Ahora bien, para entender esta salida, conviene fijarse en cómo funciona la OPEP. El grupo limita la producción para sostener los precios, una estrategia que se consolidó desde la década de 1980, pero cuyo poder había quedado patente en 1973, durante la Guerra de Yom Kippur. En aquel conflicto, varios países árabes miembros de la OPEP impusieron un embargo petrolero contra Estados Unidos y otros aliados de Israel en represalia por su apoyo militar, reduciendo drásticamente la oferta de crudo. El resultado fue un shock energético global: los precios se cuadruplicaron en pocos meses, provocando inflación, recesión y una crisis económica en buena parte de Occidente. Desde entonces, al demostrar su capacidad para influir en el mercado, pudo consolidar el sistema de cuotas como su principal herramienta de presión.
En esta línea, Emiratos asegura que "aportó contribuciones importantes y consintió sacrificios aún mayores en el interés de todos”. Sin embargo, en el comunicado, aseguró que “ha llegado el momento de concentrar nuestros esfuerzos en lo que dicta nuestro interés nacional".
La pugna por aumentar la producción
Ahora bien, detrás de esta declaración hay tensiones acumuladas desde hace años. Carole Nakhle, directora ejecutiva de Crystal Energy, le explicó a la agencia de noticias Anadolu que la decisión se venía gestando desde hacía tiempo, impulsada por las dudas de Abu Dabi ante las limitaciones de producción y el hecho de que el cumplimiento no fuera uniforme entre los miembros de la OPEP.
“Los Emiratos Árabes Unidos han invertido fuertemente en la expansión de su capacidad de producción y se han sentido cada vez más incómodos con las limitaciones de producción, especialmente ante el cumplimiento desigual dentro del grupo”, declaró Nakhle.
Bajo ese contexto, la agencia de noticias AP resaltó que Abu Dabi lleva tiempo tratando de aumentar su capacidad de producción para rentabilizar las fuertes inversiones realizadas en su sector energético y aprovechar al máximo sus reservas. Esta ambición choca con el sistema de cuotas de la OPEP que apunta a sostener los precios limitando la oferta.
Aunque Emiratos ha logrado en ocasiones condiciones más flexibles que otros miembros, el país considera que esas concesiones no reflejan su verdadero potencial productivo ni sus intereses a largo plazo. Justamente, Li-Chen Sim, investigadora asociada del Instituto de Oriente Medio de EE.UU., afirmó a Anadolu que la decisión tendrá un mayor impacto conforme pase el tiempo, pues el término inmediato está limitado por las restricciones en el estrecho de Ormuz y los daños a instalaciones petroleras.
"Para los mercados petroleros, el impacto más significativo se verá a largo plazo", declaró Sim, explicando que los Emiratos Árabes Unidos tendrían mayor flexibilidad en la producción, lo que probablemente se traduciría en una mayor oferta de petróleo. Y recordó que ese país “que se había fijado como objetivo aumentar su producción de petróleo a 5 millones de barriles diarios para 2027, probablemente incrementará sus niveles de producción por encima de esta cifra para 2030”.

Fricciones en la OPEP
Las fricciones se hicieron especialmente visibles en 2021, cuando, según explica AP, Emiratos bloqueó temporalmente un acuerdo dentro de la OPEP+ al exigir una revisión al alza de su nivel de referencia, evidenciando su creciente malestar con un mecanismo que percibe cada vez más como una restricción.
Asimismo, las tensiones con Arabia Saudí se han intensificado, ya no sólo por la política petrolera, sino también por rivalidades regionales, incluido el enfrentamiento indirecto en Yemen, Sudán y el Cuerno de África.
También hay que recordar que la OPEP ya sufrió salidas recientes de otros países como la de Qatar en 2019, Ecuador en 2020 y Angola en 2023. En el caso de Quito, su salida respondió principalmente a motivos económicos. El país latinoamericano, uno de los miembros más pequeños del grupo, buscaba aumentar su producción para hacer frente a sus necesidades fiscales y reducir el déficit público, algo incompatible con las restricciones impuestas por el sistema de cuotas de la OPEP. Según explicó entonces su ministerio de Energía, la decisión se enmarcaba en un plan para generar mayores ingresos y atraer inversión al sector petrolero.
Los precios del petróleo, por las nubes
Las restricciones desde hace dos meses sobre el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del flujo energético mundial, ha disparado los precios del petróleo. El crudo estadounidense West Texas Intermediate (WTI) llegó a subir más de un 3,8% en una sola sesión, alcanzando de nuevo los 100 dólares por barril y encadenando siete jornadas consecutivas al alza, su nivel más alto desde principios de abril. Por su parte, el Brent avanzó un 2,8% hasta situarse en torno a los 111,3 dólares por barril.
Sin embargo, en las últimas horas los mercados han comenzado a reajustarse ante la expectativa de que Emiratos Árabes pueda aumentar su producción fuera de las restricciones de la OPEP. Analistas de ING señalan que este efecto será limitado mientras el bloqueo persista, ya que las restricciones han reducido el tráfico a niveles mínimos, manteniendo la presión sobre el suministro.
Además, el mercado sigue pendiente de si EE.UU. e Irán logran superar el estancamiento en el diálogo para alcanzar un acuerdo. Teherán ha planteado reabrir el estrecho a cambio de un levantamiento de sanciones, pero las diferencias sobre su programa nuclear siguen bloqueando los esfuerzos.
El conflicto, ya en su novena semana, ha endurecido las condiciones de suministro global y ha reavivado el riesgo de que el encarecimiento de la energía termine trasladándose a la inflación en las principales economías.
Impacto regional y presión militar sobre Emiratos
En esta coyuntura, Emiratos ha sido uno de los países más golpeados por ataques directos de Irán en el actual conflicto regional. Según datos oficiales, desde el inicio del conflicto se han interceptado 2.256 drones, 537 misiles balísticos y 26 misiles de crucero, mientras que el balance civil asciende a 13 fallecidos y 221 heridos, en su mayoría por la caída de restos en zonas urbanas.
Estos ataques han alcanzado o amenazado infraestructuras estratégicas y zonas urbanas en Abu Dabi y Dubái, con explosiones, incendios y daños en instalaciones energéticas y logísticas, según diversas fuentes oficiales y reportes internacionales.
Este contexto explica por qué Abu Dabi no quiere quedar sujeto a cuotas cuando la situación vuelva a la normalidad. Antes del conflicto, era el cuarto productor de la OPEP+ con unos 3,5 millones de barriles diarios.
Según el analista Jorge León, entrevistado por la agencia de noticias AFP, esta salida puede provocar un “debilitamiento estructural” del grupo. Por su parte, Jamie Ingram, citando a la Agencia Internacional de Energía, explica que la OPEP podría perder hasta el 13% de su capacidad de producción.
Asimismo, según David Oxley, experto de Capital Economics, "cuando los flujos energéticos vuelvan a la normalidad, la salida de la OPEP+ podría conducir a Emiratos Árabes Unidos a bombear 1 millón de barriles adicionales".
Reacciones internacionales y de los mercados
La salida de los Emiratos Árabes Unidos ha tenido una respuesta inmediata tanto en el plano político como en los mercados financieros.
Desde Rusia, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, aseguró que la salida de Emiratos no implica el fin de la OPEP+, subrayando que Moscú continuará formando parte de la alianza.
Por su parte, el analista Jorge León señala que esta decisión, tomada en medio de la mayor crisis petrolera desde la década de 1970, probablemente debilitará a la OPEP, dominada por Arabia Saudí, lo que apunta a un mercado petrolero más volátil y a nuevas dudas sobre su papel como estabilizador del mercado.










