Por primera vez desde su proclamación en 2014, los reyes de España, Felipe VI y Letizia, visitaron este martes y miércoles las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, ubicadas en el norte de África, y punto de tensiones con Marruecos tras la crisis migratoria de julio pasado que se desató en la primera.
Justamente, la jornada comenzó en Ceuta el 13 de octubre, un día después de la Fiesta Nacional de España. La llegada de los reyes supuso un gesto simbólico hacia una población que llevaba casi dos décadas sin recibir una visita de este tipo. La última vez fue en noviembre de 2007, cuando Juan Carlos I y Sofía viajaron a la ciudad.
Desde primera hora de la mañana del martes, miles de personas se congregaron en las calles para recibir a Felipe VI y Letizia. Con banderas españolas y de la ciudad, los asistentes corearon consignas como "Viva España" y "Viva el rey", en una jornada marcada por la expectativa y el significado político de la presencia de los monarcas.
La concentración fue especialmente numerosa en las inmediaciones del Ayuntamiento. "Es una gran emoción, yo vi a sus padres y ahora tengo la ocasión de estar aquí", dijo Patricia García, de 72 años, en declaraciones recogidas por la agencia de noticias AFP. "Yo ya no estoy para estos trotes", añadió.
Otros vecinos expresaron también su satisfacción por lo que consideraron un reconocimiento a la ciudad. "Es un orgullo y un gran honor esta visita", señaló José Luis García, mientras Mohamed Abdeselam resumió el recibimiento con un "Viva el rey, es una satisfacción tenerlo aquí".
La crisis migratoria que puso a prueba a Ceuta
La multitudinaria recepción tuvo lugar menos de tres meses después de uno de los episodios migratorios más graves vividos por la ciudad. Durante las entradas masivas del 30 y 31 de julio, al menos 70.000 personas cruzaron desde Marruecos a Ceuta, según las autoridades españolas. La cifra equivale a cerca del 88% de la población de la ciudad, que ronda los 80.000 habitantes y ocupa apenas 18 kilómetros cuadrados.
La magnitud de los cruces en ese momento desbordó los recursos de emergencia y obligó a las autoridades a organizar la atención de miles de personas, entre ellas menores de edad. Aunque la mayoría regresó a Marruecos pocas horas después, varios miles permanecieron en Ceuta mientras se gestionaba su situación.
La crisis tuvo también un elevado coste humano. Al menos un centenar de personas murieron, principalmente en el mar, según recuentos de autoridades y organizaciones humanitarias. Las cifras varían entre las fuentes, en parte por las dificultades para localizar e identificar a todas las víctimas.
El episodio evidenció la importancia de la cooperación entre Madrid y Rabat para gestionar la frontera y reavivó el debate sobre la responsabilidad de la Unión Europea en el control de sus límites exteriores. También puso de relieve la vulnerabilidad de Ceuta ante las crisis migratorias y el peso que estas tienen en las relaciones entre España y Marruecos.
Homenaje a los migrantes fallecidos
Por todo ello, la dimensión humana de aquella crisis estuvo presente durante la visita de Felipe VI y Letizia al cementerio musulmán de Sidi Embarek, donde rindieron homenaje a las personas que murieron durante las entradas masivas.
El monarca expresó su dolor por quienes fallecieron de manera trágica y "absurdamente". Durante el homenaje, los reyes guardaron silencio y Felipe VI se llevó la mano al pecho.
En el cementerio descansan 90 de las personas fallecidas durante la tragedia, la mayoría sin identificar. Las primeras 18 víctimas fueron enterradas en una zona presidida por una placa que recuerda a quienes perdieron la vida en las costas de Ceuta. Ante la magnitud de la tragedia, el Ayuntamiento habilitó posteriormente espacio para otros 72 cuerpos.
El homenaje contó también con representantes de las cuatro confesiones religiosas presentes en la ciudad: musulmana, cristiana, judía e hindú.
Felipe VI: "No estáis solos y no estaréis solos"
Posteriormente, el respaldo a la población ceutí ocupó también un lugar central en el discurso del rey ante representantes institucionales y de la sociedad local. Felipe VI recordó que deseaba visitar la ciudad desde su proclamación en 2014 y explicó que el viaje estaba previsto antes de los acontecimientos de julio. No obstante, la crisis migratoria dio a la visita un significado añadido.
El monarca calificó las entradas masivas como una "violación de la frontera" y un "shock" para la ciudad. Además, trasladó a sus habitantes "un abrazo lleno de afecto y cariño de parte de toda la sociedad española", con el que quiso subrayar el respaldo del Estado al enclave.
Junto a ese mensaje institucional, Felipe VI destacó la convivencia entre comunidades de diferentes orígenes y confesiones religiosas. En concreto, elogió el "ejercicio cotidiano de la convivencia, por encima de razas, lenguas y religiones", y pidió transmitir un "mensaje de serenidad y de confianza" ante las dificultades. Su compromiso quedó resumido en una frase dirigida a los ceutíes: "No estáis solos y no estaréis solos".
En materia migratoria, el rey defendió que quienes hubieran entrado irregularmente en España debían, "como regla de principio", regresar a su lugar de origen lo antes posible. Al mismo tiempo, insistió en que las personas migrantes debían recibir un trato "con dignidad y humanidad, y con todas las garantías previstas por las leyes".
El discurso abordó también la convivencia y la seguridad dentro de la ciudad. Felipe VI reclamó el "respeto escrupuloso de las normas de convivencia ciudadana y de los derechos y libertades de los ceutíes". Asimismo, apeló a la "unidad institucional" y pidió soluciones "prácticas y tangibles", con una respuesta "sin fisuras, sin ambages ni medias tintas, a la altura de la ciudadanía".
Finalmente, el monarca reivindicó el lugar de Ceuta dentro del Estado español y de la Unión Europea con una declaración explícita: "Ceuta es España y Ceuta es Europa".
La soberanía española, una cuestión "no negociable"
Más allá de la crisis migratoria, la visita sirvió para reafirmar la posición de Madrid sobre el futuro de las dos ciudades. En su intervención, Felipe VI definió Ceuta como "una parte irrenunciable" de España y aseguró que "la soberanía y la integridad territorial de nuestro país no son negociables, son indiscutibles".
Al mismo tiempo, el rey defendió el mantenimiento de unas relaciones constructivas con Marruecos. Según sostuvo, la cooperación entre ambos países debe generar "provecho y progreso para ambos lados de la frontera" y asentarse "en la confianza y el respeto mutuos".
En esa misma línea, expresó el compromiso de España con la estabilidad regional y afirmó que Madrid pretende contribuir a "la estabilidad, la paz y seguridad regionales". Para ello, defendió una relación basada en la "buena fe por ambas partes" y aseguró que España tiene "el firme propósito de seguir haciendo cuanto esté en su mano para que así sea".
La visita continúa en Melilla
Tras su primera etapa en Ceuta, los reyes llegaron este miércoles a Melilla, donde el presidente de la ciudad autónoma, Juan José Imbroda, les agradeció su presencia y aseguró que con su visita "comienza una nueva Melilla". El dirigente destacó que los melillenses necesitan sobre todo el respaldo de los monarcas, porque les aporta "confianza, certidumbre y esperanza en el futuro".
Imbroda recibió a Felipe VI y Letizia en el palacio de la Asamblea, donde les entregó la llave de la ciudad y el bastón de mano. "Hoy es un gran día para todos los melillenses, largamente esperado, pero al fin cumplido", afirmó. A continuación, reivindicó la pertenencia de la ciudad al Estado español con una declaración contundente: "Melilla no es de España, es España".
"En Melilla comienza España y comienza Europa", añadió el presidente, que agradeció al monarca su actitud durante la crisis migratoria de Ceuta y aseguró que se posicionó "desde el primer minuto" en apoyo de ambas ciudades. Imbroda también destacó el "alto grado de compromiso" de Felipe VI y afirmó que los melillenses se habían sentido "muy respaldados" por su presencia.





















