Opinión
COPA MUNDIAL 2026
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Fútbol, identidad y pertenencia: Lamine Yamal y la España en donde cabemos todos
Celebrar los goles de España es celebrar el barrio que me crió, las amistades, las redes vecinales y todo lo que construimos quienes somos de aquí y de allá.
Fútbol, identidad y pertenencia: Lamine Yamal y la España en donde cabemos todos
"Cuando Lamine Yamal, marroquí-guineano hijo de migrantes, decidió jugar para España, lo entendí y lo celebré también",

Nunca fui una fanática del fútbol, ni me interesó demasiado. Pero recuerdo con claridad el año en que España ganó el Mundial en 2010. Vivíamos en Herrera Oria, Madrid, y esa victoria se sintió como propia. El gol de Iniesta, las paradas de Casillas, nombre por nombre, sigo recordando a los jugadores… A partir de ahí, existe una laguna en mi mente en cuanto a fútbol. Hasta que llegó el Mundial de Qatar 2022. Claramente, habían pasado muchos años, y me encontraba en la India, rodeada de diferentes nacionalidades en un programa internacional, donde había jóvenes hasta de Curaçao.

Algo inédito ocurrió. Esa broma de la infancia que creías que nunca se haría realidad. La pregunta que todo hijo o hija de migrantes marroquíes temía recibir en algún momento. Aquella pregunta, que no era inocente y que te llevaba a un cuestionamiento identitario profundo, finalmente llegó. 

“Ya, ya, española de origen marroquí, pero y si jugara España contra Marruecos, ¿a quién animarías?”.

La pregunta no se quedaba ahí… “pero si España y Marruecos estuvieran en guerra, ¿a quién defenderías?”

Como si de la guerra tratara el fútbol. Como si una parte de mí tuviera que desaparecer para que la otra pudiera ser considerada auténtica.

Entonces, esa pregunta hipotética que parecía casi imposible, se hizo realidad en Qatar 2022.

El 6 de diciembre, día de la Constitución Española, Marruecos llegaba a penaltis en octavos de final, contra España y ganaba 3-0. Recuerdo sentir “vergüenza” al celebrar los goles de Marruecos, como española de origen marroquí, con un español sentado al lado. Pero ver a personas de países africanos, árabes, musulmanes y gente del Sur Global celebrar a Marruecos, me despertó algo único y casi inexplicable. 

Siempre diré que el fútbol me partió el corazón, porque aquel sentimiento identitario que creía haber tenido desde mi infancia, se modificó, cambió. Una voz interna que había estado silenciada, despertó. Sentí una reconexión con un país de origen, en el que nunca había vivido, pero que siempre había formado parte de mí. 

La cuestión de la decisión 

Este Mundial 2026 ha desatado multitud de controversias, debates y reflexiones, y entre ellas, ha vuelto a despertar en mí la cuestión de la identidad y de cómo la entiendo.

Cuando apareció la controversia de los seis jugadores de la diáspora marroquí, hijos de migrantes marroquíes nacidos en España, que habían decidido jugar para Marruecos, lo entendí y lo celebré. Y cuando Lamine Yamal, marroquí-guineano hijo de migrantes, decidió jugar para España, lo entendí y lo celebré también.

Siendo sincera, cuánto me hubiera gustado tener a una figura como Lamine Yamal cuando era niña. Poder reconocerme como miembro de la sociedad a la que siempre pertenecí, en la que crecí, estudié, en la que trabajé, socialicé y en la que aporté. 

Tener una figura que viniendo de una familia que hablaba diferente, rezaba diferente, comía diferente, formaba parte de la sociedad y representaba multitud de realidades sociales. Que como él somos mucho.

Como hija de migrantes marroquíes nacida y criada en España, siempre me he sentido configurada de manera “híbrida”. Nunca me identifiqué con aquella expresión de “ni de aquí ni de allí”. Siempre me pareció más honesto decir: de aquí y de allá.

Porque, ¿por qué tendría que apoyar a un solo equipo? ¿Quién ha ordenado que debamos tener una sola bandera, un único idioma, una única cultura y una sola manera de entender el mundo? ¿Por qué no reconocernos en la riqueza de crecer, hablar, pensar, reír y jugar en diferentes idiomas?

El fútbol revela que las sociedades del mundo han cambiado y se han globalizado, ya son plurales, diaspóricas y mucho más complejas que sus fronteras. 

Representar a tu país de origen implica una forma de reconectar con el legado, la historia familiar, tus abuelos, una parte de ti que ha sobrevivido la distancia. Representar a España es una afirmación del lugar que también te pertenece y al que perteneces como ciudadano, a tu barrio, a tu gente, tus amigos, tu familia “elegida”, tu vida entera. Incluso es un acto de reivindicación. 

La elección no es un rechazo. Ambas decisiones son legítimas y necesarias. 

¿Puede Lamine Yamal equivocarse?

Hay algo profundamente injusto en la forma en que se juzga a figuras como Lamine Yamal. Cuando deslumbra sobre el césped o marca un gol, se convierte en el orgullo de un país, en el símbolo de una nueva generación y en el ejemplo de la España diversa. Pero basta un error, una derrota para que afloren comentarios que poco tienen que ver con el fútbol. 

Las críticas dejan de dirigirse únicamente al jugador y pasan a señalar su origen, su apellido o su fe, como si la pertenencia a España siguiera estando sometida a examen. Parece que algunos solo aceptan a quienes venimos de familias migrantes cuando sobresalimos. Como si tuviéramos que demostrar constantemente que merecemos formar parte del lugar en el que hemos crecido.

Quizá por eso me reconozco en la presión que proyectan sobre Lamine. Yo también crecí sintiendo que no podía cometer errores. 

Recuerdo que un compañero del instituto, después de insultar a otros alumnos de origen migrante, me dijo: “Es que tú eres diferente”. En otra ocasión llegó a decirme: “Tú sí eres española porque estudias bien”. No estaba cuestionando su racismo; simplemente me concedía el privilegio de la excepción. Mi pertenencia parecía depender de mi comportamiento, de mis notas, de cumplir unas expectativas que no se exigían al resto. 

Al ver a Lamine pienso en todos esos niños y niñas que, como él o como yo, aprendimos demasiado pronto que para algunos el derecho a pertenecer sigue siendo condicional: se celebra cuando destacas, pero se pone en duda en cuanto fallas.

El reflejo en el fútbol

El fútbol no es solo fútbol, refleja la realidad de las sociedades globalizadas actuales, que no se pueden entender desde la “identidad única” o desde una única manera de ser y de existir. 

Cuántos jugadores tendría la selección francesa si no fuera por los hijos de los hijos de migrantes, igual que la estadounidense, e incluso la argentina. Y todos pertenecen. Todos forman parte de esa sociedad, la eligen, la juegan y la celebran.  

No existe un mundo de pureza cultural, ni de identidades idénticas, ni de una única representación cultural, porque los propios países son multiculturales. 

En España misma, los idiomas son diversos, las historias de cada parte de la península difieren y a la vez están en constante movimiento, transferencia, intercambio, no únicamente de cultura, sino de valores, de comportamientos, de slangs, que hoy en día forman parte de ese territorio, como algo propio. Y sí, pertenecemos aquí y allá. Celebramos los goles de aquí y de allá.

Siento que faltan más figuras como la de Lamine Yamal o Nico Williams representando a España. Son necesarios. Porque reflejan la España del pasado, del presente y del futuro. Somos lo heredado, lo vivido y lo que todavía estamos construyendo.

La España que quiero celebrar en la final del domingo en el Mundial es la España en la que he crecido, diversa, plurinacional, multicultural y plural. Una España representativa. La España de la justicia social. La España que alza la bandera de Palestina con honor, la España en la que cabemos todas. 

FUENTE:TRT Español
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