Treinta años después: cómo los serbobosnios intentaron ocultar el genocidio de Srebrenica
EUROPA
7 min de lectura
Treinta años después: cómo los serbobosnios intentaron ocultar el genocidio de SrebrenicaLas fuerzas serbias no solo perpetraron el genocidio de Srebrenica: también trabajaron de forma metódica para ocultarlo. Así lo hicieron.
Más de 8.000 bosnios musulmanes fueron asesinados tras la caída de Srebrenica el 11 de julio de 1995.

Hace treinta años, las fuerzas serbobosnias dirigidas por el hoy condenado y desacreditado general Ratko Mladic entraron en Srebrenica y asesinaron a más de 8.000 hombres y niños musulmanes bosnios.

Esta localidad, situada a apenas unos cientos de kilómetros de la actual Sarajevo, debía ser una "zona segura desmilitarizada" protegida por Naciones Unidas durante la guerra de Bosnia.

Pero, ¿cómo pudo producirse un genocidio en un enclave bajo protección de la ONU, planificado y ejecutado con una eficacia implacable y a la vista de las fuerzas internacionales?

Y, tres décadas después, ¿por qué todavía no se conoce con exactitud el número de víctimas y siguen sin recuperarse todos sus restos?

Esta es la historia detrás de esas preguntas: un recorrido por las tácticas empleadas por las fuerzas serbobosnias para ocultar uno de los peores crímenes cometidos en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

La promesa incumplida de la ONU

El 11 de julio de 1995, Ratko Mladic grabó un vídeo mientras sus tropas entraban en Srebrenica.

"Aquí estamos, el 11 de julio de 1995, en la Srebrenica serbia, justo antes de un gran día sagrado serbio. Entregamos esta ciudad a la nación serbia. Recordando el levantamiento contra los turcos, ha llegado el momento de vengarnos de los musulmanes", se le escucha decir en la grabación.

Los cascos azules neerlandeses, bajo el mando del general Thom Karremans, soportaban un intenso bombardeo serbobosnio. Finalmente, las fuerzas serbias capturaron a 55 soldados de la ONU y Karremans accedió a entregar a unos 25.000 bosnios musulmanes que se habían refugiado en la base de Naciones Unidas situada en la localidad de Potocari, donde se les había prometido protección.

Pese al mandato de proteger Srebrenica como "zona segura" declarada por la ONU, los cascos azules neerlandeses no ofrecieron resistencia cuando llegaron las fuerzas serbobosnias.

Las mujeres y los niños fueron subidos a autobuses y enviados a Tuzla, a unos 120 kilómetros de Sarajevo. Los hombres y todos los varones mayores de 15 años fueron separados del resto.

Su destino era la ejecución y el enterramiento en fosas comunes.

Superados en número y sujetos a estrictas órdenes de no combatir, los soldados de la ONU observaron cómo los civiles bosnios musulmanes eran conducidos hacia la masacre.

Un genocidio requiere planificación

Asesinar a más de 8.000 personas en apenas unos días exigió una compleja planificación militar, coordinación logística y abundantes recursos.

Las fuerzas serbobosnias organizaron el traslado de los hombres bosnios musulmanes mediante autobuses y camiones, llevándolos desde puntos de concentración cercanos a Srebrenica hasta lugares remotos de ejecución, entre ellos almacenes, campos, escuelas y edificios agrícolas.

En esos lugares, los civiles fueron ejecutados en grupos de decenas o incluso centenares. En uno de los episodios, más de mil hombres fueron fusilados en una sola noche.

La maquinaria pesada, especialmente excavadoras y bulldozers, había sido desplazada previamente para abrir rápidamente fosas comunes. Algunos de esos enterramientos ya estaban preparados antes incluso de que comenzaran las ejecuciones.

Posteriormente, ingenieros militares cubrieron las fosas para ocultar las pruebas.

Las imágenes por satélite, las comunicaciones interceptadas y los testimonios de los supervivientes confirman que no se trató de una matanza caótica, sino de una operación cuidadosamente diseñada.

Tras el fin de la guerra en 1995, los equipos forenses han localizado más de 90 fosas comunes. Sin embargo, la identificación de las víctimas resultó extremadamente compleja porque muchos cuerpos ya no estaban completos.

Ese hecho formaba parte de una tercera fase del genocidio: la creación de fosas secundarias e incluso terciarias.

Cómo fragmentaron y ocultaron los cuerpos

Cuando aumentó la presión internacional y la OTAN comenzó a realizar vigilancia aérea tras la caída de Srebrenica, las fuerzas serbobosnias pusieron en marcha una operación masiva para ocultar el crimen.

Durante las semanas y meses posteriores a la masacre, las fosas comunes originales fueron reabiertas con excavadoras. Los cuerpos fueron exhumados y trasladados a nuevos emplazamientos, a menudo situados a decenas de kilómetros de distancia.

Este proceso fragmentó y dispersó deliberadamente los restos humanos, destruyendo pruebas forenses y dificultando enormemente la identificación de las víctimas.

Los equipos forenses documentaron posteriormente más de 90 fosas comunes, muchas de ellas secundarias o terciarias, con restos incompletos y mezclados entre sí.

Los cuerpos fueron enterrados, desenterrados y transportados nuevamente mediante camiones y maquinaria pesada hasta diferentes fosas, cada vez más alejadas del lugar donde habían sido sepultados inicialmente.

La última fase del genocidio: romper la continuidad de las familias

El genocidio contra los bosnios musulmanes de Srebrenica no se limitó a las ejecuciones masivas.

Las fuerzas serbias utilizaron de forma sistemática la violencia sexual contra mujeres bosnias musulmanas como una herramienta deliberada de terror y limpieza étnica.

Numerosas mujeres fueron secuestradas, retenidas y sometidas a violaciones generalizadas en centros de detención y prisiones improvisadas en Tuzla y otras zonas.

"Para que una persona pueda existir necesita tener garantizada la seguridad de su vida, su mente, sus bienes, su linaje y su fe. Si analizamos estas cinco dimensiones, el genocidio de Srebrenica fue un acto deliberado que atacó todos los aspectos de la existencia humana", explica a TRT World la psicóloga bosnia musulmana Semiha Bahadir.

"Lo que hizo tan particular la guerra de Bosnia, y especialmente el genocidio de Srebrenica, fue su objetivo de impedir la continuidad de todo un pueblo".

Durante la guerra, añade Bahadir, las fuerzas serbias obligaron a mujeres bosnias musulmanas a dar a luz, creando un vínculo impuesto con los perpetradores y destruyendo cualquier esperanza de futuro.

El uso deliberado de la violencia sexual buscaba romper la continuidad generacional, dejando un trauma profundo y garantizando que incluso los supervivientes cargaran con las cicatrices del genocidio durante el resto de sus vidas.

Según Bahadir, todavía hoy preguntar a quienes nacieron durante la guerra por su fecha o lugar de nacimiento puede considerarse una forma de "crueldad y opresión".

"Rara vez se hace esa pregunta, porque puede transmitir mensajes profundamente dolorosos y dañinos", afirma.

Más de mil personas siguen sin una tumba

La guerra de Bosnia terminó con la firma de los Acuerdos de Dayton en diciembre de 1995.

El procesamiento judicial de las atrocidades cometidas en Srebrenica solo pudo comenzar tras el fin del conflicto, cuando en 1996 arrancaron las exhumaciones sistemáticas de las fosas comunes, que proporcionaron las pruebas forenses necesarias para los juicios.

Desde entonces, el Tribunal de La Haya, el Tribunal Estatal de Bosnia y los tribunales de Serbia y Croacia han condenado a 47 personas a más de 700 años de prisión y cuatro cadenas perpetuas por genocidio y otros crímenes relacionados.

Sin embargo, miles de familias continúan buscando siquiera un hueso o un dedo de sus seres queridos para poder enterrarlos.

Treinta años después, los entierros continúan celebrándose cada año.

La identificación de los restos depende de complejos análisis de ADN, ya que muchos cuerpos fueron repartidos entre fosas secundarias para dificultar la investigación.

Los familiares mantienen la esperanza de recuperar al menos una parte de los restos de sus seres queridos para ofrecerles finalmente una sepultura digna.

Como resume Hajra Catic, madre bosnia musulmana que buscó durante tres décadas el cuerpo de su hijo Nihad Catic:

"Vivo para el día en que encuentren al menos un dedo, para que pueda tener una tumba. Si no tiene una tumba, la gente dirá que nunca existió".

En la conmemoración del 30.º aniversario del genocidio, celebrada este 11 de julio en el Cementerio Memorial de Potocari, siete víctimas serán finalmente enterradas.

Los restos que recibirán sepultura este año corresponden a Senajid Avdic, Hariz Mujic, Fata Bektic, Hasib Omerovic, Sejdalija Alic, Rifet Gabeljic y Amir Mujcic.

Los más jóvenes, Senajid Avdic y Hariz Mujic, tenían solo 19 años cuando fueron asesinados por las fuerzas serbias.

La única mujer entre las víctimas que serán enterradas este año, Fata Bektic, era una madre de 67 años.


FUENTE:TRT Español y agencias