Türkiye será la sede de una de las cumbres más importantes de la OTAN este 7 y 8 de julio, mientras las divisiones de Occidente frente Ucrania e Irán ensombrecen a la alianza militar más poderosa del mundo.
En medio de las crisis regionales y globales, Ankara se ha consolidado como un faro de diplomacia hábil y política pragmática, situándose en una posición privilegiada entre las pocas naciones de confianza que actúan como mediadoras y pacificadoras.

Con el segundo ejército más grande de la OTAN, Türkiye siempre ha sido vital para la seguridad del flanco sur del bloque. Ahora, también goza de respeto por su ágil diplomacia.
Ankara ha demostrado sus credenciales como un actor político racional y como un socio fiable en varios escenarios de conflicto clave —desde la escalada en el mar Negro durante el conflicto de Rusia y Ucrania hasta las tensiones en el estrecho de Ormuz a raíz de los ataques de EE.UU. e Israel contra Irán—, posicionándose así como mediador entre las partes en conflicto.
En el conflicto entre Moscú y Kiev, Türkiye ha desempeñado un papel positivo en la desescalada de las tensiones entre estas dos naciones eslavas cristianas ortodoxas, acogiendo conversaciones de paz y coordinando intercambios de prisioneros gracias al acceso del presidente Recep Tayyip Erdogan a sus homólogos rusos y ucranianos.
Analistas destacan que, de hecho, la relación de Erdogan con el presidente de EE.UU. Donald Trump, sumada a sus vínculos de larga data con los mandatarios de Rusia, Vladimir Putin, y de Ucrania, Volodymyr Zelenskyy, ha fortalecido la posición de Türkiye como uno de los pocos países capaces de dialogar con todas las partes del conflicto.
"Türkiye es uno de los escenarios más realistas para una posible reunión entre Zelenskyy y Putin. Mantiene sólidas relaciones con Ucrania, colabora con Rusia y, además, es un aliado de la OTAN", apunta Ali Mammadov, doctorando en ciencias políticas de la Escuela Schar de Política y Gobierno de la Universidad George Mason.
"Esta combinación otorga a Ankara una posición diplomática de la que muy pocos actores disponen", añade Mammadov en conversación con TRT World.
Este análisis lo comparte una fuente cercana a los círculos de la OTAN, que solicitó el anonimato debido a la delicadeza de su trabajo.
"La mediación turca tiene muchas probabilidades de éxito gracias a la confianza que Trump deposita en Erdogan, quien también mantiene fuertes vínculos con Putin", señala la fuente. Y añade que esta dinámica podría hacerse más evidente durante la próxima cumbre de la OTAN.
Mediación de Türkiye
Desde el inicio del conflicto, Ankara acogió conversaciones de alto nivel entre Kiev y Moscú.
En marzo de 2022, los ministros de Relaciones Exteriores de Rusia y Ucrania se reunieron en el Foro Diplomático de Antalya, un evento organizado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Türkiye.
Tres años después, volvieron a sentarse a la mesa de negociaciones en el Palacio de Dolmabahce, en Estambul.
Según Mammadov, “la mediación turca ha contribuido a preservar los canales de comunicación y a crear mecanismos prácticos en una guerra que, de otro modo, podría haberse vuelto aún más peligrosa e incontrolable”. Sus palabras hacen referencia a medidas como la mediación de Ankara en la histórica Iniciativa de Cereales del Mar Negro, que garantizó la seguridad alimentaria mundial al establecer un corredor seguro en un momento crucial.
El experto también subraya que el valor de la mediación no debe medirse únicamente por si logra concretar de inmediato un acuerdo de paz definitivo.
“En una guerra prolongada, los acuerdos limitados aún pueden influir en el comportamiento, reducir la incertidumbre y mantener la presión sobre ambas partes para que sigan participando en los procesos diplomáticos”, afirma.

“El papel de Türkiye ha sido evidente en los intercambios de prisioneros, las conversaciones de Estambul y la Iniciativa de Cereales del Mar Negro, que ayudó a mantener cierto orden en torno al conflicto. La mediación de Türkiye ha contribuido a gestionar las consecuencias de la guerra y ha evitado que la diplomacia desapareciera por completo”, completa Mammadov.
La iniciativa de cereales también ha demostrado que, incluso durante una guerra de gran envergadura, Ankara puede ayudar a crear “una zona de cooperación reducida pero funcional”, permitiendo que casi 33 millones de toneladas métricas de granos y alimentos salgan de los puertos del mar Negro, lo que reduce la presión sobre los mercados alimentarios mundiales y ayuda a gestionar las tensiones en torno al transporte marítimo comercial, explica.
Vigilancia del mar Negro
Más allá de la mediación, Türkiye también ha buscado contener el conflicto mediante la implementación de la Convención de Montreux de 1936, que permite a Ankara restringir el paso de buques de guerra pertenecientes a estados beligerantes por los estrechos turcos en tiempos de guerra.
El delicado equilibrio que Ankara mantiene en las aguas del mar Negro –escenario de intensos ataques con drones entre Ucrania y Rusia contra objetivos que van desde buques de guerra hasta puertos comerciales e instalaciones energéticas, en un intento de ambos países por obtener ventaja en esta región estratégica– ha contribuido a evitar que el conflicto se extienda a otras zonas.
Y este equilibrio surgió tras la decisión de Türkiye, al inicio de la guerra en febrero de 2022, de cerrar sus estrechos, que conectan el mar Negro con el Mediterráneo, a los buques de guerra pertenecientes a los estados beligerantes, incluidos Rusia y Ucrania, en cumplimiento del Convenio de Montreux.
Si bien el acuerdo marítimo garantiza el libre paso de buques civiles en tiempos de paz, también otorga a Ankara el derecho a regular y limitar el tráfico militar durante las guerras contra bandos beligerantes y otras potencias involucradas en el conflicto, que pongan en peligro la seguridad turca.
“La adecuada tutela legal de Türkiye en sus estrechos, gracias a sus obligaciones en virtud del Convenio de Montreux y el derecho internacional, ha garantizado en gran medida la seguridad en el mar Negro, impidiendo que la guerra alcanzara proporciones regionales”, explica a TRT World Teoman Ertugrul Tulun, analista político del Centro de Investigación Euroasiática, un centro de estudios turco con sede en Ankara.

Desde 2022, Türkiye no ha permitido el paso de activos militares ucranianos ni rusos por sus estrechos, lo que ha impedido que ambas partes refuercen sus flotas, especialmente buques de guerra, en el mar Negro, una decisión que en últimas ha contribuido a la desescalada de las tensiones.
Türkiye, miembro de la OTAN, tampoco ha permitido el paso de activos militares occidentales por sus estrechos hacia el mar Negro para reducir los riesgos potenciales.
“Estamos garantizando el establecimiento de una relativa seguridad en el mar Negro minimizando al máximo los daños que se infligen mutuamente las partes en conflicto”, afirmó Tulun.
Ankara, como potencia naval significativa con importantes capacidades militares, también desempeña un papel fundamental en el fomento de la cooperación regional entre los dos estados ribereños no beligerantes, Bulgaria y Rumania, para estabilizar la región del mar Negro, de acuerdo al experto.
En 2024, cuando las minas marinas se convirtieron en una amenaza real para el transporte marítimo comercial en el mar Negro, Türkiye, Bulgaria y Rumania –todos Estados miembros de la OTAN– formaron el Grupo de Trabajo de Contramedidas contra Minas del Mar Negro (MCM Black Sea, en inglés) para eliminar las minas navales a la deriva en la región.
Desde entonces, esta iniciativa ha operado con relativa fluidez, garantizando el paso seguro de los buques civiles.
Mammadov coincide con Tulun, y afirma que el papel de Türkiye en el mar Negro es tanto diplomático como geográfico y militar, pues Ankara “sigue siendo esencial para cualquier debate serio sobre la estabilidad marítima en la región”.
Equilibrio estratégico
La estrategia de equilibrio de Türkiye ha sido reconocida tanto por los gobiernos occidentales como por Rusia, y Ankara se ha consolidado como uno de los pocos foros creíbles para posibles conversaciones entre Putin y Zelenskyy.
“La postura de Türkiye en la guerra de Ucrania se entiende mejor como un equilibrio estratégico con un claro interés en la estabilidad regional”, afirma Mammadov.
“Ankara ha apoyado la soberanía e integridad territorial de Ucrania, se ha negado a reconocer la anexión rusa de Crimea y ha mantenido una importante cooperación en materia de defensa con Kiev. Al mismo tiempo, ha mantenido abiertos los canales diplomáticos con Moscú y ha evitado sumarse plenamente a la estrategia de sanciones occidentales”, añade.
Mammadov subraya que Ankara no desea una victoria rusa que “envalentone” a Moscú en regiones que abarcan desde el Cáucaso hasta Asia Central, una región túrquica en la que Türkiye ha incrementado recientemente su influencia, mientras que el Kremlin ha perdido terreno considerable en países como Armenia frente a Azerbaiyán.
Pero Türkiye, que mantiene fuertes lazos energéticos y económicos con Moscú, también desea “preservar el margen para una solución duradera que reduzca los riesgos de una futura escalada” con Rusia, afirma el analista.
“Por eso Türkiye ocupa una posición singular como aliado de la OTAN con credibilidad en Kiev, relaciones de trabajo con Moscú e intereses directos en materia de seguridad en el desenlace de la guerra”.
Tulun coincide con el comentario de Mammadov.
Ankara, “que ha desempeñado un papel de mediador entre Ucrania y Rusia en la región del mar Negro, se ha ganado la confianza de ambas partes en conflicto, que comprenden nuestra posición neutral y nuestro comportamiento positivo en pro de la estabilización de las tensiones”, concluye el analista.























