Los combates entre Rusia y Ucrania se han intensificado notablemente desde principios de septiembre, tanto en frecuencia como en alcance geográfico, a medida que cada bando ataca infraestructuras estratégicas, arterias clave de transporte y redes energéticas, al tiempo que reaviva una peligrosa fricción nuclear entre Moscú y la OTAN.
Las fuerzas rusas han intensificado drásticamente los bombardeos contra intersecciones ferroviarias, puentes, puertos marítimos, instalaciones eléctricas y corredores de tránsito ucranianos, impactando objetivos en la capital, Kiev, así como cerca de la frontera con Polonia.
Ucrania, por su parte, ha lanzado incursiones con drones en profundidad dentro del territorio de la Federación Rusa, golpeando refinerías de petróleo, centros logísticos comerciales, bases aéreas militares e instalaciones de defensa antiaérea.
Ambos gobiernos niegan que estén apuntando deliberadamente contra infraestructuras civiles, y sostienen que sus operaciones se centran exclusivamente en objetivos militares o en las cadenas logísticas asociadas a ellos.
El repunte de las hostilidades ha elevado simultáneamente las tensiones en torno al mar Báltico.
Moscú ha lanzado duras advertencias a la OTAN de que está dispuesta a desplegar todo su arsenal, incluidas armas nucleares, si la alianza militar occidental intenta aislar o bloquear Kaliningrado, el semienclave más occidental de Rusia, que limita con Polonia, Lituania y el mar Báltico.
Impacto a los puertos y ferrocarriles
Los ataques rusos en Ucrania han matado y herido a decenas de personas, además de inflingir graves daños estructurales en múltiples regiones, según el Servicio Estatal de Emergencias del país.
A principios de septiembre, los ataques impactaron un puesto fronterizo con Rumania y la sede del canal de televisión My-Ukraina.
El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenskyy, acusó a Moscú de lanzar “ataques demostrativos” contra aeropuertos cercanos a Kiev, coincidiendo con la llegada de los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner para las conversaciones de paz mediadas por Estados Unidos.
En la región sureña de Odesa, los ataques hirieron al menos a 48 personas y afectaron instalaciones portuarias en Chornomorsk, donde el Ministerio de Defensa de Rusia afirmó haber alcanzado zonas de almacenamiento “utilizadas para descargar y guardar suministros militares”, así como dos buques comerciales de carga seca.
La infraestructura ferroviaria ha sufrido graves interrupciones, entre ellas un ataque con drones el 14 de septiembre contra un tren con destino a Varsovia cerca de la frontera polaca, en la región de Volinia.
Kiev afirmó que el ataque probablemente tenía como objetivo un tren diplomático que transportaba al ex primer ministro británico Boris Johnson y a funcionarios europeos, y que había partido poco antes.
Moscú aseguró que estaba atacando líneas por las que se transporta carga militar occidental.
Ataques contra la energía y la logística
Al mismo tiempo, las fuerzas de Ucrania han ampliado sus operaciones contra las redes de suministro rusas.
En una campaña iniciada a mediados de julio, drones de largo alcance han atacado repetidamente centros de distribución pertenecientes a los grandes minoristas en línea Wildberries y Ozon.
Kiev sostiene que estas plataformas respaldan la logística de suministro militar, aunque Moscú y las empresas insisten en que operan de forma estrictamente comercial.
Los drones ucranianos también han alcanzado activos energéticos clave, entre ellos la terminal petrolera de Novorossiysk, en Krasnodar, y las instalaciones de exportación de Ust-Luga, en la región de Leningrado.
Las consiguientes limitaciones en la capacidad de procesamiento llevaron a Rusia a prorrogar hasta septiembre las restricciones a la exportación de diésel. Lo que a su vez desencadenó que el presidente de EE.UU., Donald Trump, instara a Zelenskyy a detener los ataques contra refinerías para evitar un endurecimiento del suministro internacional de combustible.
Moscú también acusó a Kiev de atacar colegios electorales durante sus votaciones parlamentarias de mediados de septiembre.
Estalla una disputa pública
La escalada del conflicto en torno a la infraestructura energética culminó el domingo, cuando Trump anunció el cese inmediato de los ataques mutuos, en una declaración que desató automáticamente una confusión diplomática.
“Con efecto inmediato, hay un alto el fuego energético en la guerra entre Rusia y Ucrania”, escribió Trump en redes sociales.
“Ambas partes lo han aceptado. ¡No lo rompan!”, completó.
Sin embargo, Zelenskyy declaró al medio Axios que el anuncio le tomó por sorpresa, aunque reiteró que Ucrania aceptaría un alto el fuego energético si Rusia lo cumplía de forma recíproca y con garantías vinculantes.
Trump ha culpado sistemáticamente al conflicto entre Rusia y Ucrania, y no a las tensiones regionales en Oriente Medio, del fuerte aumento de los precios mundiales del combustible.
La disputa se produjo después de que Trump presentara el viernes un acuerdo de suministro de diésel con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, para abastecer de combustible a los mercados mundiales.
Zelenskyy condenó el pacto como una “decisión débil” y un “regalo” que financia el esfuerzo bélico de Moscú.
En respuesta, Trump culpó a los ataques ucranianos contra refinerías por el aumento en los precios globales del combustible, y pidió públicamente la sustitución de los dirigentes de Kiev: “Creo que es hora de que Ucrania tenga un nuevo presidente”.






















