AMÉRICA LATINA
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Venezuela busca supervivientes entre los escombros, donde la esperanza se niega a desaparecer
Mientras los equipos de rescate continúan buscando supervivientes, miles de venezolanos esperan noticias de sus desaparecidos o intentan reconstruir sus vidas tras la tragedia.
Venezuela busca supervivientes entre los escombros, donde la esperanza se niega a desaparecer
Vecinos y voluntarios colaboran con los equipos de emergencia en las zonas más afectadas por los terremotos.

Más de cuatro días después de que dos terremotos sacudieran Venezuela, los equipos de rescate continúan removiendo toneladas de hormigón y acero en busca de supervivientes. A pocos metros de los edificios derrumbados, cientos de familias siguen esperando noticias de sus seres queridos, aferradas a cualquier indicio que mantenga viva la posibilidad de encontrarlos con vida.

Con el paso de las horas, cada rescate adquiere un valor extraordinario.

La tarde del domingo, esa esperanza volvió a abrirse paso en La Guaira, donde un padre y su hijo fueron rescatados con vida tras permanecer cuatro días sepultados bajo un edificio derrumbado.

La operación se prolongó durante 12 horas. Equipos estadounidenses y franceses utilizaron cámaras especializadas para localizar a las víctimas y abrieron lentamente un acceso entre estructuras inestables, retirando los escombros con extrema cautela para evitar nuevos derrumbes.

Cuando finalmente lograron extraerlos, ambos estaban visiblemente debilitados. Con mascarillas de oxígeno y tumbados sobre camillas improvisadas de tela, fueron trasladados entre las ruinas hasta una ambulancia, mientras decenas de vecinos y familiares seguían la escena alrededor de los vehículos de emergencia.

"Están extremadamente débiles, como cualquier paciente que ha permanecido cuatro días bajo los escombros. Estamos haciendo todo lo posible para rehidratarlos y administrarles diversos medicamentos durante una extracción que avanza muy lentamente", explicó un integrante de la Seguridad Civil francesa.

Su rescate devolvió el ánimo a quienes permanecen esperando noticias de familiares desaparecidos y recordó que, incluso cuando el tiempo parece agotarse, todavía es posible encontrar supervivientes.

Carrera contra el tiempo

Más de 100 horas después de los terremotos, los rescatistas siguen trabajando contrarreloj para localizar supervivientes. Los especialistas señalan que, transcurridas las primeras 72 horas desde un terremoto, las probabilidades de encontrar personas con vida bajo los escombros disminuyen drásticamente. Aun así, las labores no se detienen.

Equipos de rescate de 24 países se han desplazado hasta Venezuela para apoyar a los servicios de emergencia locales, revisando edificio por edificio con cámaras de búsqueda, sensores acústicos y perros especializados.

La tragedia ha dejado hasta el momento al menos 1.450 muertos y 3.150 heridos. Naciones Unidas estima que más de 50.000 personas continúan sin ser localizadas. Detrás de esos números hay miles de familias que permanecen junto a las zonas acordonadas, recorren hospitales o consultan una y otra vez las listas de víctimas en busca de una respuesta.

"Todos dicen que ya no hay nadie, pero nosotros seguimos esperando aquí. A ver si se puede sacar a alguien más", afirma Eduardo Cardozo, un operario agrícola que se desplazó hasta Tucacas, a unos 200 kilómetros al este de Caracas, para colaborar como voluntario en las labores de rescate.

Como él, cientos de ciudadanos se han sumado a las tareas de búsqueda y a la distribución de agua, alimentos, medicamentos y otros suministros para las familias que permanecen en refugios y campamentos improvisados.

El desastre se produjo en un país que ya atravesaba una profunda crisis política y económica. Los dos terremotos, de magnitudes 7,2 y 7,5, se registraron con apenas unos segundos de diferencia y figuran entre los más fuertes y devastadores ocurridos en América Latina.

Según el vicepresidente Jorge Rodríguez, 189 edificios colapsaron por completo y otros 774 resultaron dañados. Naciones Unidas estima que los sismos podrían dejar cerca de siete millones de damnificados y provocar pérdidas materiales por unos 6.700 millones de dólares, equivalentes a alrededor del 6% del producto interior bruto del país.

Una vida partida en segundos

Una de las personas que intenta reconstruir su vida es María Fuentes.

"Está temblando", recuerda haber gritado segundos antes de que la vivienda de dos plantas donde se encontraba con su familia comenzara a derrumbarse. Lo último que recuerda antes de perder el conocimiento es que su padre estaba cerca y que sus sobrinos estaban jugando. Tenía a su hijo de apenas un año entre los brazos cuando la estructura colapsó.

La casa quedó prácticamente destruida, sostenida apenas por uno de sus lados. María nunca supo cómo consiguió salir.

"¿Cómo salí? No sé, pero mi pareja me cuenta que salí caminando de esa casa", relata mientras señala el lugar donde hasta hace unos días se levantaba su hogar y donde ahora solo quedan bloques de cemento, vigas retorcidas y recuerdos sepultados.

Cuando recuperó la conciencia ya estaba sobre una camilla. Los paramédicos le repetían que no cerrara los ojos y pidieron también a su esposo que evitara que sus hijos se durmieran durante el traslado.

Fue evacuada a un hospital naval con la mandíbula fracturada, mientras su madre era sometida a una operación de urgencia. Allí descubrió que la emergencia también ponía de manifiesto las limitaciones del sistema sanitario: los médicos no pudieron realizarle una radiografía porque el centro carecía del equipo necesario.

Durante las primeras horas apenas tuvo noticias de su familia. Desconocía qué había ocurrido con su padre, su hermana y sus sobrinos. Solo supo que uno de sus hijos seguía con vida cuando escuchó una voz salir desde debajo de los escombros.

"Papá, papá, estoy aquí", gritó el niño de 11 años.

El menor sobrevivió con apenas algunos raspones en las piernas. María todavía no consigue explicar qué ocurrió con el bebé que llevaba entre los brazos cuando la vivienda se desplomó.

"No sé cómo llegó el pequeño a los brazos de él (de su hermano mayor). A mi hijo de un año lo tenía yo encima", recuerda.

Poco después supo que el bebé había sido trasladado en motocicleta junto a su padre hasta otro hospital, donde los médicos le suturaron una herida en la frente.

Su madre permanece hospitalizada y pregunta con frecuencia por su esposo y por sus nietos. La familia todavía no ha encontrado el momento para decirle que su marido murió en el derrumbe y que varios de sus nietos tampoco sobrevivieron.

Vivir con miedo a volver

Mientras continúan las labores de rescate, miles de venezolanos afrontan otra incertidumbre: no saben cuándo podrán regresar a sus hogares. Las continuas réplicas mantienen a muchas familias durmiendo en calles, plazas y parques, mientras esperan que ingenieros inspeccionen los edificios y determinen si es seguro volver.

Según las autoridades, cerca de 13.000 personas han tenido que abandonar sus viviendas y refugiarse en campamentos temporales o albergues improvisados.

Carmen Pérez, de 65 años, pasa las noches en una plaza cercana al Panteón Nacional de Caracas. Espera a que los técnicos evalúen el edificio de doce plantas donde vive antes de tomar una decisión.

"Quiero mucho mi apartamento, pero me da miedo volver. He estado muy nerviosa por los terremotos. Estamos en manos de Dios", afirma.

En otro campamento improvisado permanece Loreilbert Vera, de 48 años. Ella y su marido estaban en la calle cuando comenzó el terremoto, mientras sus hijas permanecían dentro del apartamento.

"Cuando conseguimos entrar nos quedamos paralizados. Todas las paredes están agrietadas. Gracias a Dios las columnas y las vigas resistieron, pero algunas paredes se separaron completamente del techo. El baño principal quedó destruido", relata.

Desde entonces solo ha regresado un par de veces para recoger algunas pertenencias.

"Nos quedamos aquí como podemos. Dormimos en tiendas de campaña y cuando llueve intentamos protegernos. Aun así, damos gracias porque seguimos vivos. Podría haber sido mucho peor", dice.

La indignación también comienza a abrirse paso entre quienes esperan noticias. Muchos vecinos aseguran que la ayuda oficial ha llegado tarde y que han tenido que retirar los escombros con sus propias manos para intentar rescatar a sus familiares.

"No tenemos el apoyo para sacar a nuestros familiares, nosotros mismos no podemos", lamenta Héctor Aguilera, de 60 años, cuyos cuatro familiares quedaron sepultados bajo un edificio colapsado. Hasta ahora solo han logrado recuperar los cuerpos sin vida de dos de ellos.

Mientras unos continúan buscando supervivientes entre los escombros, otros hacen fila frente a la morgue de Caracas para identificar a las víctimas recuperadas durante las labores de rescate.

Para miles de familias venezolanas, el terremoto no terminó cuando dejó de temblar la tierra. Desde entonces, la espera, el duelo y la incertidumbre forman parte de una nueva realidad en la que cada llamada, cada nombre en una lista y cada golpe escuchado bajo los escombros mantienen viva la esperanza de encontrar a un ser querido.


FUENTE:TRT Español y agencias