En un mundo atravesado por múltiples frentes de tensión, decenas de líderes mundiales vuelven esta semana a Nueva York para el Debate General de la 81.ª Asamblea de la ONU. La agenda estará inevitablemente marcada por los conflictos en Oriente Medio, además de la guerra entre Rusia y Ucrania, y desafíos emergentes, como la inteligencia artificial. Pero la propia ONU también estará en el centro del debate: cuestionada por su respuesta a las crisis, además de reclamos de reforma del Consejo de Seguridad y mientras se define quién será su próximo secretario general.
Bajo el lema “Restaurar la confianza y gestionar la transformación a fin de que las Naciones Unidas generen resultados para todos”, serán 130 los jefes de Estado y de Gobierno que participarán presencialmente en la semana de alto nivel, mientras que el Debate General se desarrollará del 22 al 26 de septiembre y concluirá el lunes 28.
Según la ONU, los líderes tendrán por delante una agenda que abarca los conflictos y la seguridad internacional, el cambio climático, la preparación ante pandemias, el aumento del nivel del mar, la lucha contra el racismo y los avances hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
La alta concentración de diplomáticos y líderes mundiales convierte además a la Asamblea General en un espacio privilegiado para los encuentros al margen del evento principal. Este año, Naciones Unidas tiene programados 166 eventos en su sede durante la semana de alto nivel, mientras los Estados miembros presentaron más de 1.500 solicitudes para utilizar las salas destinadas a reuniones bilaterales.
Oradores destacados y grandes ausencias
Entre los oradores destacados figura el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, encargado de abrir este martes las intervenciones de los líderes, como establece la tradición de la asamblea. Le seguirá el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, quien desde que regresó a la Casa Blanca ha lanzado duras críticas a la ONU.
En la misma tarde será el turno del presidente de Türkiye, Recep Tayyip Erdogan, quien se espera que centre su atención en el genocido de Israel en Gaza, y las posibles acciones contra Tel Aviv, así como el reconocimiento del Estado palestino.

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, debutará ante la ONU este jueves, mientras que el mandatario venezolano Nicolás Maduro, está encarcelado a apenas unos kilómetros de distancia, en Brooklyn, después de ser capturado por fuerzas de EE.UU. en una operación de Washington en Caracas durante enero pasado.
Una de las ausencias más significativas será la del presidente de China, Xi Jinping. Aunque estará en Estados Unidos durante la asamblea, Xi realizará una visita de Estado entre el 23 y el 25 de septiembre y se reunirá con Trump en Washington, en lugar de acudir al encuentro de Naciones Unidas.

Preguntado días atrás por la ausencia del mandatario chino, el secretario general de la ONU, António Guterres, aseguró que, aunque le gustaría contar con su presencia, no le preocupa el compromiso de Xi con “un orden mundial basado en el multilateralismo y con la ONU en su centro”.
Con Irán y Gaza, Oriente Medio vuelve al centro de la asamblea
Como en los últimos años, Oriente Medio ocupará un lugar central en las intervenciones de los líderes, aunque esta vez en un escenario regional todavía más complejo que durante la última asamblea.
Y es que la cita se celebra mientras Estados Unidos e Israel mantienen una confrontación abierta con Irán, que ha afectado los flujos energéticos y extendió las tensiones hacia Yemen y el Golfo.
En ese contexto, la presencia del presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, adquiere una dimensión excepcional. Que el mandatario pronuncie un discurso en Nueva York mientras su país participa activamente en combates contra Estados Unidos tiene pocos precedentes en la historia reciente de la asamblea.
La tensión llega hasta tal punto que Trump ha dicho estar dispuesto a reunirse con Pezeshkian durante la cita, mientras Teherán ha advertido que responderá a cualquier nueva ofensiva.
Gaza también volverá a ocupar un lugar central. Guterres ha insistido en que la semana de alto nivel representa una oportunidad para impulsar avances sobre ello, señalando el sufrimiento de la población palestina.
No obstante, se han presentado algunos obstáculos en ese sentido: el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, tiene asignado un turno para intervenir este jueves, pero lo hará mediante video, porque el Gobierno de Trump le negó el visado para ingresar a Estados Unidos, por segundo año consecutivo.
De Ucrania-Rusia a la IA
La guerra entre Rusia y Ucrania, que ya supera los cuatro años, será otro de los asuntos de la agenda. El presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, y el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergey Lavrov, intervendrán ante la Asamblea General.
Se espera que Zelenskyy busque reforzar la posición de Ucrania, mientras el Consejo de Seguridad continúa limitado para actuar sobre el conflicto debido al poder de veto de Rusia como miembro permanente.
Ahora bien, aparece este año otro desafío para el foro global: la inteligencia artificial también tendrá un lugar destacado en el debate. La asamblea llega poco después de que líderes del sector tecnológico pidieran desacelerar de forma coordinada el desarrollo de la IA, ante el riesgo de que pueda avanzar hasta escapar del control humano.
Guterres anticipó que la inteligencia artificial será uno de los grandes temas y reclamó establecer “salvaguardas comunes” para evitar una carrera tecnológica que, advirtió, podría desembocar algún día en un “desastre gigantesco a nivel mundial”.
La propia ONU, bajo la lupa
Pero este año las miradas no estarán puestas únicamente en las crisis que debe abordar la organización. La propia ONU llega a la cita bajo presión y cuestionamientos por su capacidad para responder a los conflictos.
La ofensiva israelí en Gaza y los territorios palestinos ha sido precisamente uno de los ejemplos más visibles de las limitaciones que enfrenta Naciones Unidas cuando las divisiones entre las grandes potencias bloquean las decisiones del Consejo de Seguridad.
Mientras la Asamblea General puede aprobar resoluciones por amplia mayoría, las decisiones vinculantes sobre paz y seguridad internacional dependen principalmente del Consejo de Seguridad, donde cualquiera de sus cinco miembros permanentes —Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido— puede bloquear una resolución mediante su poder de veto.
En este sentido, diversos líderes han abogado por una participación más amplia en la toma de decisiones globales, entre ellos el presidente turco Erdogan, quien ha indicado en reiteradas ocasiones que "el mundo es más grande que cinco", pidiendo una distribución más amplia de la responsabilidad dentro del sistema internacional.
Con todo, el actual mecanismo alimenta un debate mucho más amplio que volverá a estar presente en Nueva York: si una estructura diseñada tras la Segunda Guerra Mundial sigue reflejando el equilibrio del mundo de hoy.
A las divisiones políticas se suma el problema económico. Naciones Unidas atraviesa una grave crisis de liquidez debido, en parte, a las contribuciones impagadas de sus Estados miembros, una situación que llevó a Guterres a advertir este año sobre el riesgo de un “colapso financiero inminente”.
Estados Unidos es el mayor contribuyente al presupuesto de la ONU, pero bajo el Gobierno de Trump ha ralentizado los pagos obligatorios a los presupuestos ordinarios y de mantenimiento de la paz, y ha recortado la financiación voluntaria a los organismos de la ONU con sus propios presupuestos.
El problema financiero persiste: pese a un reciente pago de 725 millones de dólares, Estados Unidos todavía adeuda más de 1.300 millones al presupuesto ordinario de la organización.
La última Asamblea de Guterres
La 81.ª sesión tendrá además un significado particular para Guterres: será la última Asamblea General que comience con él como secretario general.
El portugués asumió el cargo el 1 de enero de 2017 y su segundo y último mandato termina el 31 de diciembre de 2026. Su sucesor asumirá un día después, el 1 de enero de 2027, y heredará una organización sometida a muchas de las mismas presiones que dominarán las discusiones de esta semana.
El proceso para elegir al próximo secretario general ya está en marcha. Los candidatos han participado durante los últimos meses en diálogos públicos con los Estados miembros y la sociedad civil, mientras el Consejo de Seguridad comenzó a examinar las candidaturas. Finalmente, será ese organismo el que deberá recomendar un nombre para que sea nombrado por la Asamblea General.
Entre las candidaturas formalmente presentadas se encuentran el argentino Rafael Mariano Grossi, la costarricense Rebeca Grynspan, la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, el senegalés Macky Sall, la guyanesa Carolyn Rodrigues Birkett, el ugandés Olara Otunnu e Ivonne A-Baki, nominada por Tonga. La candidatura de la expresidenta chilena Michelle Bachelet fue retirada este sábado.

La sucesión agrega así otra dimensión a la asamblea: no solo se discute qué papel debe desempeñar Naciones Unidas en un orden internacional cada vez más fragmentado, sino también quién tendrá que conducirla durante los próximos años.




















