Los pacientes palestinos que sufren de cáncer están muriendo entre dos y tres veces más rápido que antes de que Israel lanzara su genocidio contra Gaza en octubre de 2023, debido a que Tel Aviv impide que muchos de ellos salgan del enclave para recibir tratamiento tras haber destruido el único centro especializado del territorio, denunciaron médicos palestinos.
El año pasado, Israel destruyó el hospital oncológico especializado de Gaza, dejando a unos 17.000 palestinos con cáncer sin ninguna opción dentro del enclave para acceder a quimioterapia u otros tratamientos avanzados.
A eso se suma que pocos palestinos pueden costear un viaje para recibir el tratamiento que necesitan, y quienes sí pueden se enfrentan a las restricciones de Tel Aviv. Las fuerzas israelíes imponen límites estrictos al número de cruces diarios hacia Egipto, pese a que el acuerdo de alto el fuego entre Israel y Hamás pactado en 2025 exige la libre circulación de entrada y salida.

Consultada al respecto, la unidad militar israelí encargada de administrar la ocupación de los territorios palestinos, conocida bajo las siglas COGAT, declaró que coordina las evacuaciones médicas con la Organización Mundial de la Salud. Para poder salir, los palestinos deben contar con una solicitud válida de un país receptor y superar la “evaluación de seguridad requerida”, según la entidad.
La OMS no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios.
Una carrera contra el tiempo
Para Khuloud Abu Sahmoud, madre palestina de dos hijos quien sufre cáncer de ovario avanzado, la espera de un tratamiento en el extranjero se ha convertido en una carrera contra el tiempo mientras su enfermedad se propaga.
“Cada día mi cáncer avanza, y mi estado es trágico. Se me han caído todas las uñas, no me queda ninguna. Solo espero morir”, relató.
Abu Sahmoud, de 33 años, dijo que ha estado esperando poder salir de Gaza para recibir tratamiento en Egipto o en algún otro lugar desde que se alcanzó el alto el fuego en octubre de 2025. En ese tiempo, según ella, el cáncer se ha extendido a sus pulmones y huesos.

Funcionarios de salud palestinos señalaron que 11.000 personas, entre ellas algunos pacientes, han cruzado por Rafah desde su reapertura, una cifra que representa menos de la mitad del número que se esperaba conforme al acuerdo de alto el fuego.
Otros 20.000 pacientes, entre ellos 5.000 con cáncer, están registrados para recibir tratamiento en el extranjero pero aún no se les ha permitido salir, indicaron los funcionarios.
Exposición a químicos tóxicos
A pesar del alto el fuego, las fuerzas israelíes continúan ocupando más de la mitad de Gaza, y desde entonces han ampliado su invasión terrestre a cerca de dos tercios del enclave. Casi la totalidad de los más de 2 millones de habitantes de Gaza han quedado confinados en un área estrecha a lo largo de la costa, en su mayoría en tiendas de campaña improvisadas o refugios dentro de edificios dañados.
Antes de la ofensiva genocida israelí, los servicios de salud locales habían logrado avances gracias a la inversión extranjera y a la perseverancia de los médicos locales, según reveló una investigación de la agencia de noticias Reuters.
Pero la mayoría de los hospitales de Gaza quedaron destruidos o dañados por Israel durante la ofensiva, y los que siguen en funcionamiento han perdido hasta el 70% de los insumos médicos esenciales, incluidos los necesarios para el tratamiento oncológico y los servicios de diagnóstico, según los médicos.
Entre quienes Israel mató durante el genocidio se encontraban decenas de especialistas altamente calificados, incluidos expertos en cáncer que trabajaban en el Hospital de la Amistad Turca-Palestina, demolido por Israel en marzo de 2025.
“Hemos registrado un número significativo de muertes, entre tres y cinco diarias, porque los pacientes no están recibiendo la quimioterapia necesaria para salvar sus vidas”, declaró Mohamed Abu Selmia, director del hospital más grande de Gaza, Al-Shifa.
Sobhi Skaik, cirujano palestino que dirigía el Hospital de la Amistad Turca-Palestina, señaló que la tasa de mortalidad antes de del genocidio era de aproximadamente una a dos personas por día. Algunas estadísticas previas a la ofensiva situaban la cifra en alrededor de 1,7 por día, indicó.
Dijo que el aumento de las muertes se debe principalmente a la falta de tratamiento local y a las restricciones fronterizas. Pero también señaló que el propio cáncer podría estar propagándose a un ritmo más rápido debido a la presencia de materiales tóxicos provenientes de los explosivos israelíes lanzados sobre Gaza.
Skaik indicó que había unos 11.000 pacientes de cáncer registrados en Gaza antes de que comenzara la ofensiva, tras lo cual los registros prácticamente se detuvieron.
Calculó que otros 6.000 palestinos probablemente habían desarrollado cáncer desde entonces.
“Algunas personas pueden tratarse si se les diagnostica en etapas tempranas, pero deambulan enfermas por las tiendas de campaña, sin saberlo y sin recibir ninguna ayuda”, concluyó Skaik.




















