Las 7:17 de la mañana del 19 de septiembre de 1985 partieron en dos la historia de México. A esa hora, la tierra rugió y se sacudió violentamente por un terremoto de magnitud 8,1.
Ciudad de México quedó en ruinas y el caos se apoderó de la capital ante una respuesta lenta y desarticulada de las autoridades que no estaban preparadas para enfrentar la que pasaría a la historia como la peor tragedia natural de ese país. La cifra oficial de muertos es de más de 3.000, pero algunas organizaciones estiman que pueden haber sido más de 20.000.
La sociedad civil tomó el asunto en sus manos. Entre ellos, un grupo de jóvenes de la colonia Tlatelolco se organizó de forma improvisada para buscar y rescatar personas excavando con sus propias manos.
Durantes días buscaron vida bajo los escombros escabulléndose en lugares reducidos e inestables que ponían en riesgo su propia integridad. De ahí nace su nombre: son Los Topos de México y 40 años después se consolidan como un equipo de voluntarios altamente calificados, un símbolo de esperanza.
Su labor los ha llevado por todo el mundo. Fueron a Haití tras el terremoto de 2010, a Japón a ayudar con las labores de rescate tras el tsunami. También estuvieron en Türkiye en 2023 buscando sobrevivientes en Hatay. Más recientemente viajaron a Venezuela tras los terremotos de junio de 2026.
Frente a la emergencia nacional que vive Colombia por el devastador sismo de 7,4 del pasado 10 de agosto, también ofrecieron su ayuda. Pero todo terminó en una polémica que mostró, por un lado, el tejido burocrático y las complejas decisiones que hay detrás de aceptar asistencia internacional y, por otro, que aunque Los Topos se conozcan globalmente como uno solo, en realidad son dos brigadas que operan de formas muy distintas.
Primero la vida: así trabajan Los Topos
Isaac Luna tenía ocho años cuando ocurrió el sismo de 1985. Como la mayoría de los mexicanos recuerda con temor y dolor todo lo relacionado con ese día. “Vi a mi papá salir a rescatar gente. Tuve ese ejemplo y esa inquietud: yo no sabía qué hacer y me daba miedo. Bueno, me sigue dando miedo, pero ya es diferente”, dice este odontólogo de profesión, que hace 31 años hace parte de Los Topos, en diálogo con TRT en Español.
Se unió al grupo cuando apenas tenía 15 años. Movido por la tragedia de 1985, para ese entonces ya había recibido entrenamiento como técnico en urgencias médicas y tenía un gran interés por el entrenamiento de los perros de trabajo en emergencias.
Ahora es el director de formación y capacitación en Los Topos Tlatelolco. “Hacer parte de Los Topos fue al principio solo un gusto, pero ahora es una responsabilidad”, explica Luna.
Los Topos siguen siendo una organización civil de voluntarios y se financian con donaciones. Trabajan con perros de rescate, picos, palas, cámaras térmicas, y otras tecnologías.
Cuando llegan a donde creen que podría haber sobrevivientes, lo primero que despliegan son los perros. En el argot de Los Topos, las duplas de rescatista y canino se conocen como “perreros”. Si uno de estos animales se para sobre un lugar y da una señal, entonces buscan confirmar que allí hay algo, puede ser una persona luchando por sobrevivir o también un cuerpo.
Cuando los perreros encuentran algo, levantan el puño. Esta señal, que se ha utilizado durante décadas en los rescates, pide silencio en el lugar para poder escuchar ruidos o voces bajo los escombros. Se hizo mundialmente conocida durante la atención por los terremotos de 2017 en México.
Luna explica que la primera señal ”es solo un aproximado, da cuenta de un área, pero no sabes a qué distancia, qué angulación, cuántos pisos abajo… no puedes tener un punto específico”.
Ahí es donde entra la tecnología. Las cámaras de sondas o telescópicas ayudan a determinar la zona más precisa para el rescate y también pueden convertirse en una vía de comunicación con el sobreviviente.
Entonces es el turno de los ingenieros. La idea es penetrar la pila de escombros lo menos posible para la seguridad del rescatista y de la persona atrapada. Si el topo tiene que entrar, los ingenieros apuntalan la estructura para que esté asegurada. El rescate se hace en el menor tiempo posible.
La experiencia de Los Topos en Türkiye
Luna estuvo en Hatay, Türkiye, tras los terremotos de 2023 que también afectaron a Siria.
“Era como si hubieran tirado una bomba. Recuerdo que había zonas donde prácticamente el 90% de los edificios estaban derribados. Me impresionó mucho y me iba imaginando que las posibilidades de encontrar vida se reducían bastante y pensando en el trabajo que habría que hacer”, dice sobre el momento en que llegó.
Cuenta que colaboró con el ejército turco para enseñarles cómo usar instrumentos especializados que acababan de recibir. Los Topos estuvieron 12 días en la ciudad y, además del agradecimiento de la gente, recibieron una distinción de la embajada de Türkiye en México.
La polémica en Colombia: ¿cómo llegan los rescatistas internacionales hasta donde se necesita la ayuda?
Al escuchar sobre una catástrofe donde se pueden necesitar rescatistas, Los Topos Tlatelolco envían una carta a la embajada del país ofreciendo ayuda, bien sea de rescate, humanitaria o monetaria. Los países responden diciendo si quieren o no la asistencia y de qué tipo.
Luna explica que luego planean su despliegue según lo que se requiera. Viajan con sus propios implementos, suministros y carpas. “No llegamos a ser un problema, sino parte de la solución”.
Por diferencias internas, ahora hay dos brigadas de Topos: Tlatelolco y Azteca. En Cali, capital del Valle del Cauca en Colombia, el grupo de Los Topos Azteca, liderado por Héctor ‘El Chino’ Méndez –o el “Topo Mayor”– ya está prestando su ayuda. Viajaron desde La Guaira, Venezuela, una de las poblaciones más afectadas por el terremoto de junio en ese país vecino.
Ahora bien, en cuanto a la otra brigada, la respuesta oficial del gobierno colombiano al ofrecimiento de los Topos Tlatelolco es que no necesitaban rescatistas.
Sería fácil pensar que ante una emergencia de la magnitud de la que vive Colombia hoy, lo mejor es recibir la mayor cantidad posible de ayuda de la manera más rápida. Pero hay trámites.
“Tras una tragedia, existe la posibilidad de que los países ofrezcan ayuda oficial. Pero también de que distintas organizaciones no gubernamentales, asociaciones o civiles, tanto nacionales como internacionales, ofrezcan la ayuda. En ese caso tienen que contar con algún tipo de autorización nacional o local”, explica a TRT Español Camilo Prieto, profesor asociado del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana.
Los Topos Azteca llegaron a Cali sin autorización del gobierno nacional, aunque posteriormente recibieron el respaldo del alcalde de la ciudad, Alejandro Eder.
La tragedia sorprendió al presidente Abelardo de la Espriella, cuando llevaba sólo tres días en el cargo. No había todavía un director en funciones de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), que es la encargada de evaluar las necesidades del país y negociar con la comunidad internacional que ofrece ayuda.
“Aparentemente hubo desacuerdos entre la Cancillería (Ministerio de Relaciones Exteriores) y la Unidad sobre qué es lo que necesitaba Colombia, y qué tipo de ayuda se tenía que aceptar de la comunidad internacional y de quién”, dice Yan Basset, profesor de Ciencia Política de la Universidad del Rosario, a TRT en Español.
Colombia solo aceptó equipos de rescatistas de Estados Unidos, Israel, Ecuador y El Salvador, rechazando ofrecimientos de México, Venezuela y otros, en una decisión que llevó a muchos a preguntarse si se trataba de un asunto ideológico. El Ministerio de Relaciones Exteriores explicó que no era por motivos políticos, sino que priorizaron las capacidades y certificaciones de los equipos y las necesidades en la emergencia.
“Desde el punto de vista político me parece lamentable que un gobierno rechace las ayudas”, dice el profesor Prieto. “Está levantando sospechas a nivel nacional e internacional de que solo quiere entenderse con los gobiernos que son afines a él (De la Espriella). Eso en política internacional es muy complicado, porque hay que trabajar con todo el mundo y no solamente con los que a uno le gustan”.
Basset matiza el asunto: “No es que Colombia rechace la ayuda. Sí recibió ayuda humanitaria. La polémica era sobre si aceptar o no equipos adicionales de rescatistas porque el director de la UNGRD decía que Colombia tenía suficientes unidades certificadas y suficiente personal”.
El precio de ser un topo
Cuando el deber llama, Luna comparte que su primer pensamiento va para su propia familia.
“Antes de salir en un operativo, tengo que asegurar primero cuestiones familiares y de mi trabajo. La que siempre está en desacuerdo que yo salga es mi esposa. Pero lo acepta”.
No solo le preocupa su seguridad, pues por su cargo también es responsable de los otros rescatistas y de los recursos que tengan.
“Yo no hago esto para que me reconozca la gente y si quiero estar aquí es porque acepto las consecuencias. Es riesgoso, puedo ir un día y ya no regresar”.

















