La encrucijada de una nación: ¿podrá el diálogo en Venezuela poner fin a años de parálisis política?
AMÉRICA LATINA
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La encrucijada de una nación: ¿podrá el diálogo en Venezuela poner fin a años de parálisis política?Con el diálogo de transición política en el panorama de Venezuela, se espera que los negociadores se centren en la ayuda tras los terremotos, las reformas democráticas y los cambios judiciales. Mientras, aparecen pistas sobre el futuro del chavismo.
Las expectativas sobre los diálogos de transición en Venezuela siguen siendo moderadas.

Washington, D.C. — Venezuela puso en marcha su primer diálogo formal de transición en años, impulsado por un optimismo cauteloso mientras los negociadores intentan tender puentes sobre una división política que durante mucho tiempo ha dejado paralizadas las instituciones del país.

Se espera que los representantes del gobierno encargado y figuras de la oposición se concentren en reconstruir las instituciones estatales clave, en restaurar la credibilidad electoral y en sentar las bases para elecciones que sean reconocidas internacionalmente, incluso mientras lidian con el costo humanitario de los recientes y devastadores terremotos que sacudieron el país.

Aun así, las expectativas siguen siendo moderadas.

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La historia de Venezuela está plagada de negociaciones fallidas, y la desconfianza entre los bandos políticos rivales es lo suficientemente profunda como para que pocos estén dispuestos a calificar desde ya este momento como un punto de inflexión.

“El resultado más inmediato probablemente sea un compromiso continuo para coordinar la asistencia humanitaria y la reconstrucción tras los recientes terremotos, junto con esfuerzos para mejorar la cooperación entre las instituciones nacionales y los donantes internacionales”, explica Jenaro Abraham, politólogo y profesor de política latinoamericana en la Universidad de Gonzaga, en conversación con TRT World.

“Las negociaciones también podrían reforzar los argumentos a favor de un alivio gradual de ciertas sanciones estadounidenses e internacionales si se implementan reformas políticas e institucionales medibles”, completa.

Luego, Abraham señala que las conversaciones además podrían producir acuerdos sobre reformas institucionales, incluidos cambios en la administración electoral, la supervisión judicial y la participación política. En esa línea afirma que "avances incrementales en estas áreas podrían mejorar la estabilidad política y fomentar un mayor compromiso internacional con Venezuela".

Sin embargo, el entorno de seguridad del país latinoamericano probablemente no registre resultados inmediatos, sostiene Abraham, con grupos armados que operan cerca de la frontera entre Colombia y Venezuela.

“Sin una estrategia de seguridad integral y un fortalecimiento institucional sostenido, es probable que estos grupos sigan siendo influyentes al margen de los acuerdos políticos alcanzados a nivel nacional”, argumenta el experto. 

El futuro del chavismo

Desde la captura del presidente Nicolás Maduro en enero, una pregunta se ha cernido sobre la opinión pública de Venezuela: ¿puede el país realmente liberarse del chavismo, o su sombra persistirá?

Las conversaciones que ahora se desarrollan a puerta cerrada podrían no resolver esa pregunta de manera definitiva, pero tal vez sí ofrecerían la señal más clara hasta ahora sobre qué papel –si acaso hay alguno– seguirá desempeñando el chavismo en el futuro político de Venezuela.

“Es más probable que las conversaciones definan cómo sobrevivirá (el chavismo): como partido de gobierno, como socio de coalición o como movimiento de oposición permanente dentro de un entorno político más competitivo”, afirma Abraham.

“Aunque la frustración pública con el Gobierno de Maduro ha debilitado el apoyo a la administración actual, el chavismo sigue siendo uno de los movimientos políticos y sociales más organizados de Venezuela”, completa. 

Derivado del apellido del fallecido presidente Hugo Chávez, el chavismo es una ideología política de izquierda basada en las ideas, los programas y el estilo de gobierno asociados a este exmandatario.

El chavismo, dice Abraham, es internamente diverso, y abarca sectores militares, burocracias estatales, organizaciones laborales, consejos comunales, organizaciones vecinales, empleados del sector público y grupos empresariales que se han adaptado al sistema.

“Asimismo, la oposición venezolana está lejos de ser homogénea. Incluye a demócratas liberales, conservadores, socialdemócratas, intereses empresariales, élites políticas regionales y facciones más confrontativas que favorecen una mayor presión externa sobre el gobierno. Por lo tanto, cualquier futura coalición de gobierno probablemente reflejaría acuerdos entre múltiples corrientes políticas en lugar de una victoria decisiva de un solo bando”, explica Abraham.

Inclusiva y excluyente

Las conversaciones estarán encabezadas por miembros de la Asamblea Nacional venezolana, abrumadoramente progubernamental, y un grupo de exlegisladores de la oposición que anteriormente intentaron destituir a Maduro.

En retrospectiva, las conversaciones parecen inclusivas, e incluso el propio Maduro ha dado su visto bueno a las negociaciones desde su detención en Estados Unidos.

Sin embargo, la líder opositora María Corina Machado se ha negado a participar, argumentando que las negociaciones sólo deberían avanzar una vez que existan garantías democráticas significativas.

Su exclusión ha suscitado críticas de sus seguidores, quienes consideran que cualquier acuerdo duradero requerirá la participación de las figuras opositoras más influyentes del país.

“Si bien no se ha proporcionado una explicación oficial única para su exclusión, es probable que varios factores ayuden a explicarla. Primero, ella no es representante de la Asamblea Nacional de 2015, que sirve de base institucional para la participación de la oposición en las conversaciones”, explica Abraham.

“Segundo, muchos actores internacionales que respaldan las negociaciones parecen priorizar la reconstrucción y el fortalecimiento de las instituciones estatales venezolanas –tanto las anteriores al ascenso al poder del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) como las establecidas bajo la República Bolivariana que aún gozan de amplia legitimidad constitucional– así como la estabilidad política en general, por encima de la participación de figuras políticas altamente polarizantes”, completa. 

Para poner esto en perspectiva, incluir a una figura que ha defendido consistentemente posiciones inflexibles hacia el Gobierno de Maduro podría dificultar la consecución de un acuerdo.

Intereses de Estados Unidos

Washington ha recibido con beneplácito las conversaciones de transición, calificándolas de "el primer paso de lo que será un proceso reflexivo para asegurar una sociedad venezolana libre y abierta".

Estados Unidos apoya en términos generales un acuerdo que ofrezca instituciones creíbles, elecciones con reconocimiento internacional y protecciones para la participación política. Pero su interés va más allá de la construcción democrática.

Una Venezuela más estable ayudaría a frenar la migración irregular en la región y a combatir el narcotráfico, prioridades estratégicas que Washington ha vinculado repetidamente al resultado de este proceso.

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Tras reunirse con el vicepresidente paraguayo Pedro Alliana en Washington, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, declaró a la revista Newsweek que se ha invertido un trabajo considerable en "sentar las bases para una elección."

Sin embargo, la energía podría ser el motor más discreto detrás de todo esto.

"Estados Unidos, por su parte, parece estar interesado principalmente en reconstruir instituciones que puedan facilitar la estabilidad política al servicio del extractivismo liderado por Estados Unidos en torno al petróleo y otros activos relacionados con la minería", señala Abraham.

Eso implica reorganizar el Consejo Nacional Electoral, reformar un sistema judicial todavía repleto de leales al chavismo, y reconstruir el aparato administrativo que los inversores necesitarían para confiar antes de regresar al sector petrolero venezolano.

Trump declaró poco después de la captura de Maduro que las empresas estadounidenses se moverían rápidamente para reconstruir ese sector. Ocho meses después, no se ha concretado ningún nuevo acuerdo con firmas estadounidenses, según el medio Axios.

Aun así, diplomáticos y observadores regionales describen las conversaciones como la apertura más significativa en años para comenzar a reconstruir las instituciones democráticas de Venezuela.

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Pocos esperan un avance rápido. Pero existe un consenso creciente de que un enfoque escalonado –que combine la reforma política con la recuperación económica y la ayuda humanitaria– ofrece la mejor oportunidad del país para alcanzar la estabilidad tras años de convulsión.

"En general, es más probable que las negociaciones sienten las bases para una normalización institucional gradual que resuelvan los desafíos políticos, económicos y de seguridad más profundos de Venezuela en el corto plazo", dice Abraham.

“Cualquier transición duradera dependerá menos de la firma de acuerdos que de la voluntad y la capacidad de las partes para implementarlos de manera consistente a lo largo del tiempo”.

FUENTE:TRT World