La violencia sexual y de género se está utilizando como un instrumento sistemático de desplazamiento en Cisjordania ocupada. Más del 70% de los hogares palestinos desplazados afirman que las amenazas contra mujeres y niños, en especial la violencia de carácter sexual, fueron un factor decisivo para abandonar sus hogares, según un nuevo informe del Consejo Noruego para los Refugiados.
El documento, publicado el 20 de abril bajo el título “Violencia sexual y traslado forzoso en Cisjordania ocupada: cómo la explotación de las dinámicas de género impulsa el desplazamiento”, recoge al menos 16 casos de violencia sexual relacionada con el conflicto que están vinculados a colonos y soldados israelíes. Entre ellos se incluyen amenazas de violación, desnudez forzada, acoso y agresiones. Sin embargo, los investigadores advierten que la cifra real podría ser mayor debido al subregistro.
Según señala el informe, “las pruebas muestran cómo la violencia de carácter sexual se emplea para presionar a las comunidades, influir en sus decisiones de permanecer o abandonar sus hogares y tierras, y alterar los patrones de la vida cotidiana”.
El estudio documenta casos de exhibicionismo, acoso en las proximidades de letrinas, vigilancia de dormitorios, desnudez forzada y agresiones sexuales.
Asimismo, recopila testimonios según los cuales hombres palestinos habrían sido detenidos por colonos israelíes ilegales tras el desplazamiento, sometidos a desnudamientos forzados, palizas y humillaciones, con imágenes de los abusos difundidas en internet. En un caso en el Valle del Jordán, testigos aseguran que un hombre palestino fue agredido sexualmente delante de su familia, mientras mujeres y niñas eran golpeadas y amenazadas.
Los investigadores sostienen que, en muchos de estos incidentes, las fuerzas israelíes estaban presentes pero no intervinieron ni abrieron investigaciones, lo que refuerza, según el informe, un ambiente de impunidad persistente.
“Antes existía una regla no escrita según la cual mujeres y niños quedaban fuera de los ataques”, relató un representante de derechos humanos a los investigadores. “Eso ya no existe en absoluto”.

Del espacio público al interior del hogar
El informe concluye que la violencia está desplazándose progresivamente de los espacios públicos hacia ámbitos privados como viviendas, patios y dormitorios.
En Wadi Al-Qilt, colonos ilegales israelíes habrían irrumpido en casas durante la noche y afirmado que “dormirían en las camas de los residentes”. En Susiya, mujeres relataron episodios de acoso mientras tendían la ropa en las inmediaciones de sus hogares.
“Seguimos en nuestra casa, pero ya no es un hogar. Vivo con miedo en cada respiración”, cuenta una mujer de Jalboun.
Una mujer beduina relató que colonos llegaron a su vivienda acompañados de fuerzas israelíes, tras lo cual dos soldados mujeres le ordenaron desnudarse y llevaron a cabo una inspección corporal completa mientras proferían comentarios denigrantes.
“En la cultura beduina, cualquier acercamiento o interacción no deseada con una mujer por parte de alguien ajeno a la comunidad se considera una grave vulneración”, explicó un trabajador humanitario. “Se entiende como un ataque a su dignidad”.

Familias adoptan estrategias de supervivencia
Las consecuencias para las familias desplazadas son profundas y atraviesan de forma desigual a hombres y mujeres.
El informe señala que muchas familias han recurrido a estrategias de supervivencia condicionadas por el género, como el traslado de mujeres y niños o la concertación de matrimonios tempranos, con el objetivo de reducir su exposición a la violencia.
Según el documento, los hombres restringen cada vez más la movilidad de mujeres y niñas, mientras que ellas quedan progresivamente confinadas al ámbito doméstico, asumiendo mayores cargas en el hogar y perdiendo su independencia económica.
“Al menos seis familias informaron haber concertado matrimonios tempranos para hijas de entre 15 y 17 años con el fin de alejarlas de este entorno”, explicó una abogada de asistencia legal para mujeres en Ramala.
El informe indica que el 87% de las mujeres que sufrieron traslado forzoso perdieron todas sus fuentes de ingresos, mientras que el 90% reportó un aumento del estrés psicológico y el trauma. Entre los menores, el 63% mostró mayores niveles de miedo y ansiedad, y el 40% perdió acceso a la educación.

El coste psicológico del desplazamiento
Marcharse no pone fin al daño.
Mujeres y niños relatan ansiedad persistente, recuerdos intrusivos y el temor constante a que la violencia se repita en los nuevos lugares, según el informe, que indica que el 90% de los encuestados experimentó un aumento del estrés psicológico tras el desplazamiento.
Una mujer de Wadi Al-Seeq lo resume así: “Antes estaba llena de energía, ayudando a otras mujeres de mi comunidad. Ahora me siento aislada y cansada”.
Desde Jalboun, otra mujer cuenta que su hijo ya no juega fuera. “Dice que la tierra está triste y enfadada. Pregunta si los colonos también se llevarán el cielo”.
Otro miembro de la comunidad, que habló bajo anonimato, describió cómo los niños recorren trayectos largos y peligrosos para ir a la escuela. “Regresan asustados, dicen que han visto tractores de colonos bloqueando el camino. Los niños lloran y dicen que tienen miedo de caminar solos”.
Un patrón de coerción en Cisjordania ocupada
Desde enero de 2023, la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU ha registrado el desplazamiento de más de 1.037 hogares palestinos —esto es, más de 5.600 personas, entre ellas 2.600 niños— en 107 comunidades, en relación con la violencia ejercida por colonos israelíes.
En este contexto, el fenómeno no solo persiste, sino que se intensifica. De hecho, solo en los tres primeros meses de 2026, 1.697 palestinos fueron desplazados, una cifra que ya supera el total registrado durante todo 2025, según el estudio.
A la luz de estos datos, la Oficina de Derechos Humanos de la ONU advirtió el 28 de enero de 2026 que el aumento de la violencia de colonos israelíes se ha consolidado como uno de los principales motores del desplazamiento en Cisjordania ocupada. Asimismo, subrayó que el traslado forzoso dentro de un territorio ocupado puede constituir tanto un crimen de guerra como un crimen de lesa humanidad.
En la misma línea, el informe remite a la opinión consultiva emitida en 2024 por la Corte Internacional de Justicia, que concluyó que las graves violaciones del derecho internacional en el territorio palestino ocupado generan obligaciones para todos los Estados, en particular la de no reconocer esta situación y la de actuar para ponerle fin.
Por otra parte, el documento fue publicado pocos días después de que las fuerzas israelíes reincorporaran a cinco soldados acusados de agresión sexual en el centro de detención de Sde Teiman, tras la retirada de los cargos. En reacción, Amnistía Internacional calificó la decisión como “un nuevo capítulo inconcebible”, en lo que considera un patrón sostenido de impunidad.
En este sentido, el informe del Consejo Noruego para los Refugiados añade que colonos israelíes han hecho referencia a Sde Teiman en amenazas dirigidas contra palestinos en Cisjordania ocupada. Así, las denuncias vinculadas a centros de detención no solo permanecen en el ámbito judicial, sino que, además, contribuyen a amplificar el clima de miedo en las comunidades afectadas.














