El drama de vivienda en las Islas Baleares: pocas opciones, rentas elevadas y desesperación latente
ESPAÑA
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El drama de vivienda en las Islas Baleares: pocas opciones, rentas elevadas y desesperación latenteLas Islas Baleares, en España, son el escenario de una de las mayores crisis de vivienda del país. Las familias migrantes se llevan la peor parte, mientras vecinos y expertos alertan de las dificultades para acceder a un hogar y reclaman más medidas.
Activistas y residentes forman una cadena humana en Sa Ràpita contra el turismo masivo, el 5 de julio de 2026.

Cuando Maria Margalida consiguió trabajo en Ibiza, que forma parte de las Islas Baleares en España, supo desde un principio que encontrar una vivienda allí sería complicado. Lo que no llegó a contemplar es que terminaría alojándose en un hotel y volando cada fin de semana a su hogar de Mallorca porque esta opción le saldría mucho más económica que pagar un alquiler. La crisis de la vivienda en la isla era tan dramática que terminó habituándose a una situación que hoy, mirando atrás, considera de otro mundo. 

“Fue duro, pero al final lo normalizas”, cuenta la joven de 30 años en conversación con TRT Español. “Y eso que yo soy una privilegiada, porque soy docente y soy de aquí, pero la gente que no lo es lo pasa mucho peor”. 

El caso de esta profesora de historia en educación secundaria es tan solo uno más entre los miles de todos aquellos que luchan contra el titán del mercado del alquiler en las Baleares, una de las crisis de la vivienda más graves de toda España. Una emergencia que, como ella bien apunta, sufren con más dureza los inmigrantes.

Unas islas con mucho trabajo y poca vivienda disponible

En las islas, que se encuentran al este de la península Ibérica, los precios de la vivienda están tan disparados que los trabajadores pasan grandes dificultades para encontrar un lugar donde alojarse que puedan pagar, según han documentado diarios locales. Pero a la vez, la región presenta una oferta de empleo mayor que otros lugares del país, lo que la hace atractiva para muchos. 

A día de hoy, España tiene la segunda tasa de paro más alta de toda la Unión Europea, con un 10,3%, solo superada por el 10,6% de Finlandia.

Por eso, en los últimos años los medios se han llenado de historias de personas que viven en coches y caravanas en las Baleares, desde trabajadores a jubilados y familias enteras. También han proliferado las quejas de los empresarios de las islas, quienes aseguran que no encuentran empleados. Ante esta situación, algunas compañías ofrecen puestos de trabajo con alojamiento incluido con el objetivo de atraer a personal.

Este domingo, la situación volvió a protagonizar titulares tras una multitudinaria manifestación celebrada en Palma, la capital de las Baleares ubicada en la isla Mallorca, contra la saturación turística, y el impacto del turismo masivo sobre la vivienda y los costos de la vida. Los organizadores estimaron la asistencia en 70.000 personas, mientras que la Policía Nacional la cifró en 25.000. Según medios locales como el Diario de Mallorca, la jornada entró “en la historia negra” de la ciudad por la actuación de la Policía Nacional, que cargó contra los manifestantes y “convirtió en violenta una protesta pacífica”.

La desafiante situación de los migrantes

Felipe es un migrante argentino de 24 años que lleva dos años viviendo en Palma. Reside en un piso compartido con su pareja, los hermanos de ella y una cuñada. Ahora considera que viven "más cómodos", pero no olvida cuando se vieron obligados a pasar sus días primero en un Airbnb, después en la casa de una familia mientras esta estaba de vacaciones y luego en un estudio –de una sola habitación– donde pagaban 1.800 euros al mes. 

Ese no sería el último: para llegar a su piso actual, recuerda cómo todavía tuvieron que vivir en un "pequeñísimo" piso con dos únicas ventanas, lleno de cucarachas y humedad, donde les cortaron la luz porque el dueño no pagaba las facturas. 

“Uno de nuestros mayores problemas fue la actitud de las inmobiliarias y particulares. No querían alquilarnos aunque demostráramos total responsabilidad, estabilidad laboral y los ingresos suficientes para mantenernos. Muchas veces se mostraban prejuiciosos sobre nosotros”, cuenta el joven, que prefiere no dar su nombre real por miedo a que alzar la voz pueda perjudicarle. En comparación con su Argentina natal, afirma, les ha sorprendido mucho el trato y las condiciones.

“A los conocidos que nos escriben con la idea de venir para acá les aconsejamos que lo piensen dos veces viendo cómo está el panorama. No creemos que valga la pena sufrir todo este tema del alquiler solo por vivir acá. Lo tenemos muy presente en el día a día", afirma. Ellos mismos están evaluando marcharse en cuanto puedan, porque tienen claro que no quieren volver a pasar un vía crucis así. "La situación actual es insostenible", lamenta.

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Una organización que busca que “las casas sean para la gente”

Para luchar contra esta situación, el pasado mes de mayo nació el Sindicato de Inquilinos de Mallorca, buscando que “las casas sean para la gente, no para obtener rentas o especular con ellas”. 

En conversación con TRT Español, una portavoz del sindicato recalca que la situación de la vivienda, que, según considera, es resultado de las políticas de las administraciones públicas españolas, se da “pese a que el derecho a la vivienda está recogido en el artículo 37 de la Constitución”.

Además, recuerdan que las pocas herramientas que a día de hoy se han creado para luchar contra estos elevados precios del alquiler no se están usando. Como ejemplo, apuntan a que actualmente la ley permite limitar la subida de los precios, pero Baleares, una comunidad gobernada por el conservador Partido Popular, ha decidido no aplicar estos límites. 

“Los gobiernos del PP se sienten cómodos con el actual sistema de vivienda que potencia el valor de mercado por encima del valor de uso y no tiene ninguna intención de tomar medidas que lo puedan alterar”, critican. En respuesta, el sindicato está llevando a cabo una campaña para que los municipios soliciten estos límites, y así presionen al gobierno regional.

Baleares tiene el precio de la vivienda más elevado de España, al alcanzar los 3.455 euros por metro cuadrado durante el segundo trimestre de este año, según un informe de Gesvalt Tasaciones, una firma independiente especializada en consultoría y valoración de activos inmobiliarios, financieros e industriales. 

Las islas también cuentan con cinco de los diez municipios con los precios más caros del país. En algunos de ellos, el precio ha subido casi un 50% en el último año. Del lado del alquiler, tres municipios baleares encabezan la lista de los precios más caros de España, con el metro cuadrado alrededor de los 25 euros, su costo más alto de la historia y lo que convierte a Baleares en la segunda región con el alquiler más caro de España, solo por detrás de Madrid. 

“La presión ha llegado a tal extremo que la deslocalización obliga a muchas familias a vivir a distancias kilométricas de su centro de trabajo o sus colegios, o de aquellos que requieren de sus cuidados. También existe una población creciente que a pesar de disponer de un trabajo estable se ven obligados a residir en infraviviendas. Daos una vuelta por la periferia próxima de Palma y preguntaos qué deben ser esas inacabables filas de caravanas aparcadas en las vías públicas”, recalcan desde el sindicato.

Las triquiñuelas para encontrar una vivienda

Desde que se mudó a Ibiza, Margalida ha conocido de cerca cómo los diferentes habitantes de la isla tratan de sortear las dificultades que presenta el mercado del alquiler. La mayoría de los propietarios de vivienda, en su experiencia, son muy exigentes, asegura, y “piden precios abusivos” especialmente cuando el trabajador tiene un trabajo temporal. Así que lo califica de “barbaridades como pagar cuatro meses de adelanto y al contado”.

Para evitarlo, los trabajadores con empleos de este tipo, como los bomberos, alquilan pisos en grupo y a largo plazo, rotándose sus habitaciones según los destinen a la isla. De forma similar, los profesores y maestros se han acostumbrado a “pasarse” las viviendas que sí tienen precios asequibles de unos a otros, cuenta ella.

“Si tienes un poco de red, sí es posible encontrar gracias a esos contactos, pero sin conocer a nadie es muy complicado”, dice Margalida acordándose de sus estudiantes de Ibiza, en su mayoría adolescentes latinoamericanos que le contaban que dormían juntos en los sofás de sus casas ante la falta de habitaciones, o que se veían obligados a vivir toda la familia en una misma habitación de un piso compartido. 

Ahora la profesora vive y trabaja en la isla de Mallorca, y asegura que tiene una casa en propiedad gracias a que la heredó: “Si no, comprar me sería imposible, y eso que vivo en un pueblo que no es turístico ni atractivo”.

Los expertos apuestan por congelar precios y limitar el alquiler vacacional

Para Miquel Roselló Xamena, experto mallorquín que ha estudiado la situación de la vivienda en Baleares en el Massachusets Institute of Technology (MIT) y que ahora trabaja como asesor en el Ayuntamiento de Barcelona, lo que ha provocado la situación del alquiler en las islas es una combinación de factores. “Como somos una isla, el territorio es limitado y la dependencia del sector turístico hace que la crisis de la vivienda se sienta el doble o el triple que en otros sitios”, valora en una conversación telefónica con TRT Español. 

El investigador lamenta que “una ausencia clara de planificación” y también la especulación inmobiliaria hayan agravado el problema, y que incluso ahora “no se estén tomando” medidas que lo alivien. En su opinión, a corto plazo es urgente combinar políticas de congelación de precios, una solución que el gobierno español aprobó pero que el balear ha decidido no aplicar, y de limitación de los alquileres vacacionales, y a largo plazo aconseja dar incentivos para la construcción de vivienda asequible para remediar la situación.

Pablo Martínez, del estudio de urbanismo 300.000 km/s, reconocido con el Premio de Urbanismo Español, tiene un enfoque similar. Para él, lo más urgente ahora mismo es recuperar pisos turísticos y regular el precio del alquiler. “Mientras se resuelve la producción de nueva vivienda hay que contener el desmadre de precios. La intervención de los precios solamente está justificada si es temporal y precisa. Ahora es el momento y tenemos grandes áreas tensionadas sobre las que actuar. Sin embargo, acometer estas actuaciones y no proceder a aportar nueva vivienda en un plazo corto de tiempo puede ser a la vez contraproducente”, opina ante las preguntas de TRT Español.

Para él, más a largo plazo es urgente profesionalizar la industria del alquiler, de manera que se convierta en un sector “profesionalizado y optimizado”, apunta. “Es necesario que el alquiler esté gestionado de forma profesionalizada y no por familias bienestantes que disponen de algunos pocos pisos para alquilar y que ejercen la actividad de forma no estable ni profesionalizada”.

Pagar más del doble de alquiler en 10 años

Otra afectada, Celeste, natural de Palma de 45 años, cuenta cómo ella y su pareja pasaron de pagar 550 euros en 2014 a que les pidieran 1.200 después de la pandemia por un mismo piso “correcto, de buen tamaño y con terraza” pero “en un cuarto piso sin ascensor, en un barrio obrero, en un edificio con muchas deficiencias y sin contrato”, ya que “la dueña había recibido una ayuda por la compra de aquel piso y no era legal que lo alquilara”. Además, asegura, esa subida se produjo sin ningún tipo de mejora en la vivienda.

“Sus argumentos eran que habían mirado los precios que se estaban pidiendo y que, en definitiva, ellos también querían subirse al carro”, afirma. Celeste y su pareja intentaron negociar “pero nuestra sorpresa fue que no nos dieron opción y nos acabaron comunicando su voluntad de no renovar el contrato”. La mallorquina recalca los “niveles de ansiedad disparados”, las dificultades para dormir durante meses, “porque todo giraba en torno a dónde íbamos a vivir”, recuerda. 

Finalmente, encontraron una vivienda por 1.300 euros mensuales, muy por encima de su presupuesto inicial, y aún les dura la sensación de rabia e impotencia porque, asegura, se sienten “en manos de un rentismo especulador sin escrúpulos”. “La gente se rinde porque la situación es desesperante. Es una migración forzosa”, lamenta. “Eso sí, hay excepciones: si eres sueco, noruego o alemán, te recibirán con los brazos abiertos”.

FUENTE:TRT Español