Entre la intervención y el miedo: ¿cómo viven los cubanos las amenazas de EE.UU. contra la isla?
AMÉRICA LATINA
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Entre la intervención y el miedo: ¿cómo viven los cubanos las amenazas de EE.UU. contra la isla?El bloqueo estadounidense sobre La Habana impacta con fuerza el día a día de las familias cubanas, con lazos tanto en la isla como en Miami. Estos son sus testimonios
Una mujer cuelga banderas de Cuba y Estados Unidos entre edificios en La Habana. / AP

Washington, Estados Unidos – Cuando Camila Rodríguez Agüero se enteró de que el presidente de EE.UU., Donald Trump, había declarado una emergencia nacional con respecto a la supuesta “amenaza” de Cuba en enero pasado, sintió mucha incertidumbre y miedo. Sin embargo pensó: “Si va a pasar algo, que pase ya, lo que sea”. 

Ella, una cubana de 28 años que vive en Miami desde que era adolescente, viaja a menudo a la isla para visitar a su familia. Por eso le resulta difícil apoyar la posible intervención del mandatario estadounidense en su país ante el importante costo que podría tener para sus compatriotas y familiares. Piensa en su hermana, que vive allá y tiene 17 años, solo tres más de los que ella tenía cuando abandonó la isla con sueños de ser periodista. Piensa en su papá y en su mamá, piensa en todos los que se han ido, como ella, y en los que quedan.

“A mí me gustaría que sucediera algo, porque tiene que haber un cambio”, explica la cubana sobre la situación política y económica de la isla, en conversación con TRT Español. Pero al mismo tiempo no ha decidido si ese cambio debería llegar de la mano de Trump. “No estoy convencida que eso vaya a resolver la situación de Cuba, que es mucho más compleja que la de Venezuela”, opina.

La política exterior de EE.UU. frente a Cuba

Y es que, si bien Trump ha endurecido la política exterior de EE.UU. frente a la isla desde que regresó a la Casa Blanca, este no fue el comienzo de las devastadoras sanciones con las que Washington ha intentado asfixiar a Cuba desde 1960. Como explica la experta Aya Jebari Lakkel en este artículo de TRT Español, las sanciones “se presentan como una alternativa no militar dirigida a gobiernos, pero golpean a la población civil: debilitan sistemas de salud, bloquean el comercio y erosionan economías cada vez menos capaces de sostener lo básico”.

Entonces, las más de seis décadas de sanciones sostenidas han deteriorado la calidad de vida de los cubanos y provocado oleadas de éxodo, con una importante parte de la diáspora asentándose en la Florida. Y Camila forma parte de esos tantos cubanos que viven en Miami pero no defienden la iniciativa de Trump. 

Frente a los cubanos-estadounidenses que quieren un cambio de gobierno en la isla a cualquier precio, ella recela de la visión del secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, pero que ella califica como alguien “que ni siquiera ha conocido” la isla. A ella le duele su patria: “Tengo amistades que dicen que no quieren saber nada, que hacen comentarios que digo ‘¿¡pero cómo no tienes un sentido de pertenencia de donde tú eres?!’”, exclama enfadada.

La presión creciente desde la Casa Blanca

Como anticipó en campaña, el presidente de EE.UU., Trump, intensificó la presión sobre Cuba tras la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el 3 de enero de 2026. Ordenó cortar el suministro de petróleo venezolano a la isla y amplió sanciones para restringir su acceso a crudo, agravando la crisis energética. Ese mismo mes, declaró una emergencia nacional sobre Cuba, a la que calificó de “amenaza inusual y extraordinaria”. Y para presionar aún más a La Habana, Trump endureció la pasada semana las sanciones que ya imponía contra la isla, castigando a quien desarrolle actividades que aporten ingresos de divisas, de funcionarios a empresarios u otros individuos que participen en las actividades sancionadas y sus familiares.

Con el paso de las semanas, mientras Trump habló del "honor de tomar Cuba”, Washington ha dejado claro que busca replicar en Cuba el escenario venezolano, pero sin intervención militar directa: presionar la salida del presidente Miguel Díaz-Canel y favorecer un liderazgo más alineado con la Casa Blanca. En paralelo, ambos gobiernos han mantenido contactos; La Habana busca aliviar el bloqueo petrolero en medio de crecientes tensiones, mientras enfrenta apagones constantes, escasez de alimentos y medicinas y precios disparados.

Cuba responde a la “brutal” presión de Washington

Mientras organismos internacionales alertaban sobre las graves consecuencias que sufriría la población ante un bloqueo petrolero, el presidente Díaz-Canel denunció que Washington ejercía una “brutal presión” sobre otros países de la región para aislar a Cuba. De hecho, en una entrevista con la revista estadounidense Newsweek, publicada el 7 de abril, Díaz-Canel hizo hincapié en el bloqueo que nunca se le ha levantado a Cuba.

 “Durante 67 años ha existido, desde Estados Unidos, una política de hostilidad, agresión y amenazas; una política de bloqueo, de bloqueo intensificado y ahora, aún más recrudecida, con el cruel bloqueo energético”, declaró.

Y hace apenas un par de días, durante una conversación con 20 Minutos de Opera Mundi, difundida en su canal de YouTube el 22 de abril, Díaz-Canel calificó sin rodeos la política estadounidense como “una política criminal, realmente genocida”, cuyas consecuencias, según dijo, impactan tanto en la economía nacional como en la vida cotidiana de las familias.

Esta presión renovada no ha dejado de impactar a los cubanos dentro y fuera de la isla, aunque los titulares se centren en el ámbito político. En esa línea, Lee Schlenker, investigador asociado del programa del Sur Global en el Instituto Quincy para la Gobernanza Responsable, señaló en diálogo con TRT Español que “el Gobierno de Trump ha intensificado la presión sobre Cuba al máximo, y no solo desde enero, sino desde el inicio de la administración, y eso ha tenido un impacto devastador en las familias de ambos lados del estrecho de Florida”. 

Falta de combustible y de comida

“Antes de enero se iba luz pero era por bloques, te podían tocar cuatro u ocho horas diarias… pero después de la caída de Maduro se empezó a prolongar más y ya son 15, 16, 17 o 18 horas al día sin luz. En un día hace poco tuvimos solo dos horas y media con luz”, explica a TRT Español desde la isla Ernesto, un empresario nacido y criado en Cuba que pide no mencionar su nombre ni apellidos reales por miedo a represalias. El cubano cuenta que apenas hay combustible, lo que imposibilita la actividad normal en la isla “en un momento en el que todo es eléctrico”.

Camila también ha vivido de primera mano los problemas que el embargo está generando en Cuba. Ella tenía previsto viajar en marzo pero tuvo que posponer sus planes. “El combustible es prácticamente imposible. Ahora la gente no se puede mover, muchos negocios que trabajan con plantas de electricidad están teniendo complicaciones porque no hay combustible, no hay electricidad para ponerlas a recargar”. 

Para ayudar a su familia, ella envía remesas, pero explica que todo está más caro que nunca. “La comida se consigue un poco más que el combustible, que es prácticamente imposible, pero los precios son precios de Miami. Se gasta mucho dinero”, dice, recordando su última visita, en Año Nuevo, cuando alquiló un carro. Ya entonces asegura que gastó más de lo que habría gastado en un viaje similar en Europa.

Las políticas de Trump también han afectado al dinero que las familias envían desde EE.UU. a Cuba. “El Gobierno ha cortado todos los canales para enviar remesas a la isla, dejando caer este mecanismo salvavidas que en el pasado ha llevado miles de millones de dólares al país y apoyado a un porcentaje importante de la población cubana”, recuerda el experto Schlenker.

El coste político y humano

Ernesto, como Camila, tiene claro que no todos los que están fuera defienden una intervención ni todos los que están dentro apoyan al Gobierno de Díaz-Canel: asume que depende de si mantienen lazos con la isla o no. 

“Los que quieren la intervención no tienen familia en Cuba. Hay que vivir aquí para saber cómo es la cosa”, apunta él. En su caso, cree que una intervención traería “más miseria, más destrucción”, y a la vez piensa que nada va a cambiar “mientras estén los que están”. La mayor parte de la familia de Ernesto ya no está en Cuba, y él mismo está intentando salir para buscarse un futuro con mayor seguridad económica.

Alrededor de 1,3 millones de nacidos en Cuba viven actualmente en EE.UU., lo que los convierte en la tercera diáspora más grande del continente, después de México y El Salvador, según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés). De su lado, ella apunta que su familia en la isla prefiere una intervención con tal de que haya un cambio a que las cosas sigan igual, aunque personalmente ella preferiría que el presidente estadounidense no tuviese que entrar en Cuba. 

“En el fondo de mi corazón no me gustaría que Trump tuviese nada que ver con esto, pero a la vez no veo ninguna otra opción viable. A mí me encantaría que nosotros como país pudiéramos salir adelante solos y volver a construir una identidad”, relata.

Ambos también comparten la pena y la frustración del hecho que la política esté dividiendo a tantas familias a ambos lados del océano. Los dos aseguran que los cubanos discuten con facilidad, y que en ocasiones les cuesta escuchar a quienes no opinan como ellos. 

“A mí me duele mucho como cubana, me molesta, me indigna, me causa frustración hablar con personas aquí en Miami sobre el tema. No es fácil hablar tranquilamente”, dice ella.

 “Yo cuando estoy con la familia no hablo de eso, no merece la pena”, concluye él. “Muchas familias discuten y ya no se hablan más”.

FUENTE:TRT Español