La reciente y repentina llegada de decenas de miles de marroquíes a territorio español volvió a poner el foco sobre la migración irregular hacia Europa, un tema controvertido que ha sacudido al continente en los últimos años.
Sin embargo, una mirada más amplia a este episodio revela una historia más compleja y multidimensional, en la que se entrelazan la historia, las relaciones exteriores y la geopolítica. En otras palabras, no se trató de un simple paso de migrantes, sino de un acontecimiento que debe analizarse desde una perspectiva más amplia y global.
Lo que distingue este episodio de otros cruces habituales de migrantes desde África hacia Europa es que ocurrió en el continente africano, concretamente en Ceuta y Melilla, dos enclaves administrados por España situados en el norte de Marruecos.
Ceuta fue la más afectada, con la entrada de entre 50.000 y 60.000 migrantes al enclave, según la agencia de noticias Reuters. Melilla, en cambio, solo registró enfrentamientos esporádicos entre migrantes y las fuerzas de seguridad.

Toma de posesión española
Ceuta y Melilla llevan mucho tiempo bajo dominio español. A diferencia de otras partes del norte de Marruecos, ambos enclaves fueron reclamados por la Corona española mucho antes de la expansión territorial de España en esa región, a finales del siglo XIX y comienzos del XX.
Ceuta, capturada inicialmente por Portugal en 1415, pasó al dominio español como resultado de la Unión Ibérica (1580-1640), cuando ambos reinos quedaron bajo un mismo monarca. El Tratado de Lisboa de 1668 reafirmó posteriormente la soberanía española sobre la ciudad.
Melilla, por su parte, fue conquistada por España en 1497, pocos años después de la caída de Granada en 1492 y del fin de la Reconquista.
Aunque la administración española de ambos enclaves es reconocida por la mayoría de los principales actores internacionales, un cambio reciente en la redacción utilizada por el Congreso de Estados Unidos para referirse a la administración de Madrid sobre los enclaves apunta a un contexto más amplio, algunos lo relacionan con la crisis migratoria.
Ahora, Estados Unidos describe los enclaves como "ciudades administradas por España situadas en territorio marroquí", en lugar de la formulación anterior, que los definía como territorio español.
Este cambio no resulta sorprendente, ya que Estados Unidos no ha sido precisamente un aliado del actual gobierno español en los últimos años.
De hecho, el presidente de EE.UU., Donald Trump, ha sido muy crítico con el Gobierno de España, especialmente en lo referente al apoyo de Madrid a la causa palestina.
La tensión entre ambos países ha llevado a algunos analistas a cuestionar la idea de que la crisis migratoria de Ceuta pueda explicarse únicamente por factores migratorios.

Relaciones tensas
Estados Unidos ha criticado en varias ocasiones a España por su política migratoria y por lo que considera su falta de acción durante la ofensiva contra Irán.
Trump calificó el episodio migratorio de “invasión”, dando a entender que era el resultado de las políticas migratorias laxas del gobierno español.
En cuanto a la supuesta "pasividad" de España durante la ofensiva, que el presidente Trump criticó, en realidad se trató de una forma de activismo que iba en contra de los objetivos de Estados Unidos.
Desde el inicio de la guerra contra Irán, España se negó a permitir que Estados Unidos utilizara sus bases militares.
Además, Madrid ha bloqueado en repetidas ocasiones envíos de armas con destino a Israel en 2024 y 2025. Posteriormente, en octubre de 2025, España aprobó un embargo de armas.
Estos antecedentes han llevado a muchos a especular con una posible relación entre la crisis migratoria y las decisiones de política exterior del gobierno español.
Con un gobierno de izquierda al frente, España ha mantenido una política fronteriza considerada laxa. como lo demuestra una reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre los migrantes que llegan por mar. Hay quienes consideran que esta sentencia pudo contribuir al desencadenamiento de la crisis en Ceuta y Melilla.
Sin embargo, muchos también especulan que Estados Unidos y sus aliados podrían haber aprovechado esta laxitud para manipular la narrativa y favorecer la repentina llegada de migrantes, con el objetivo de aumentar la presión interna sobre el gobierno español a través del activo lobby antimigratorio de derecha.
Algunos han ido incluso más allá y afirman que el objetivo no habría sido solo debilitar políticamente al Ejecutivo español a nivel doméstico, sino también para debilitar su control sobre los enclaves y sobre la costa mediterránea española-marroquí, que comienza en el estrecho de Gibraltar.
Un menor control e influencia de España en esa zona favorecería automáticamente a Marruecos, un escenario que, según esta interpretación, resultaría más conveniente para Estados Unidos y sus aliados.
Al fin y al cabo, Marruecos permitió los envíos de armas que España bloqueó. Y, con la guerra contra Irán aún en curso, Estados Unidos e Israel no pueden permitirse que sus líneas de suministro se vean afectadas en el estrecho de Gibraltar cuando tanto el estrecho de Ormuz como la vía de Bab Al-Mandeb ya no se consideran rutas plenamente fiables.

Hasta ahora, el gobierno español ha logrado controlar la situación y la gran mayoría de los migrantes que entraron en Ceuta ya ha regresado.
Visto desde una perspectiva global más amplia, este episodio sirve como recordatorio de la dinámica geopolítica actual y, quizá, incluso como una señal de lo que el futuro podría deparar para las relaciones entre España y Estados Unidos.
Por ahora, lo único que puede afirmarse es que, si las especulaciones sobre una posible implicación de Estados Unidos y sus aliados llegaran a confirmarse, las declaraciones de Trump sobre este episodio resultarían tan audaces como las reivindicaciones españolas sobre los enclaves.
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