Gaza, Palestina — Antes de octubre de 2023, veía el chaleco de prensa como una protección. Ahora, cada vez que veo uno, pienso en los compañeros y amigos de Gaza que vistieron el suyo por última vez antes de ser asesinados mientras contaban nuestra historia como palestinos.
Por más colegas que perdamos —la cifra más reciente asciende a 264 periodistas muertos en Gaza—, sigo sin acostumbrarme a recibir esa noticia. Normalmente ocurre mientras trabajo en un nuevo reportaje, concentrado en una historia o contactando a una fuente. Entonces, aparece una notificación en mi teléfono: Israel ha matado a otro periodista en Gaza.
Ahí me detengo y observo durante largo rato la fotografía de mi compañero, incapaz de asimilarlo. Uno de los casos que más me marcó fue el del periodista de Al Jazeera Hossam Shabat, de apenas 23 años, asesinado en marzo de 2025 en un ataque con un dron. Como reportero de una edad y un origen similares en Gaza, su determinación para contar nuestra historia durante cerca de 17 meses, mientras soportaba el hambre y era desplazado unas 20 veces, me llevó a una profunda reflexión.
Con frecuencia recuerdo dónde nos conocimos, si en algún evento o sobre el terreno, o cómo recurría a sus reportajes para elaborar mi propio trabajo. Y vuelvo a hacerme las mismas preguntas: ¿qué crimen cometieron para merecer la muerte? ¿Cómo puede el mundo permitir el asesinato de periodistas con total impunidad? ¿Será ese el destino de más colegas... o incluso el mío?
Mis héroes de la infancia
Siempre quise ser periodista. Desde niño pasaba horas enteras, todos los días, viendo las noticias. Mientras otros niños encontraban a sus héroes en los personajes de Marvel o DC, los míos eran los periodistas.
Me fascinaba ver cómo dedicaban su tiempo y esfuerzo a informar al mundo sobre guerras, desastres naturales, descubrimientos científicos y culturas de todos los rincones del planeta. Acontecimientos como la Primavera Árabe, las guerras de Afganistán e Iraq despertaban especialmente mi atención.
Ver las noticias amplió mis horizontes. Gracias a ellas conocí conceptos como los derechos humanos e instituciones como las Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud y la Corte Internacional de Justicia.

Dar visibilidad a Palestina
Sin embargo, nunca lograba comprender cómo, en un mundo con tantas leyes e instituciones internacionales, Israel podía seguir manteniendo el asedio sobre Gaza, matando a palestinos y apropiándose de sus tierras.
Cuando empecé a seguir más de cerca a los medios internacionales, comprendí que Israel había dedicado enormes esfuerzos a proyectarse en el exterior como "la única democracia de Oriente Medio", mientras retrataba a los palestinos como "terroristas" incivilizados cuyas vidas carecían de valor.
Como alguien que desde niño fue testigo de las acciones de Israel en Gaza, sentí que nuestra historia debía ser contada. Por eso decidí ser periodista: para compartirla con el mundo. Esa decisión terminó llevándome a conocer a una de las voces palestinas más influyentes y creativas, cuyo ejemplo marcó profundamente mi manera de narrar nuestra realidad.
Durante mis estudios de Literatura Inglesa en la universidad tuve el honor y el privilegio de ser alumno del doctor Refaat Alareer, uno de los escritores y educadores palestinos más destacados, cuya obra giraba en torno al arte de contar historias a través de la novela y la poesía.
Más allá de enseñar literatura, el profesor de la Universidad Islámica de Gaza nos inculcó la importancia de escribir, la responsabilidad de preservar la narrativa palestina y el poder que tienen las palabras.
"A veces una patria se convierte en un relato", escribió en el libro “Gaza Writes Back”, que reúne textos breves de jóvenes escritores del enclave. "Amamos la historia porque habla de nuestra patria, y amamos aún más nuestra patria gracias a esa historia", añadió.
Desde mi primer año bajo su tutela he publicado artículos, fotografías y reportajes audiovisuales en distintos medios, documentando el impacto de los crímenes de Israel sobre la vida de los palestinos.
Lo más importante que me enseñó el doctor Refaat Alareer fue que los palestinos debíamos contar nuestra verdad.
"Y mientras Gaza sigue jadeando por sobrevivir”, plasmó en su contribución “Gaza pregunta: ¿cuándo pasará esto?”, que formó parte de la colección “Luz en Gaza: escritos nacidos del fuego” de 2022. "Luchamos para que todo esto termine. No nos queda otra opción que resistir y contar sus historias. Por Palestina", continuó.
Combatir la desinformación
Inspirado por ese mensaje, desde el primer día del genocidio en Gaza, mientras Israel difundía mentiras y propaganda y sometía al enclave a un asedio total en el que los palestinos eran calificados de "animales", los bombardeos israelíes se intensificaron a nuestro alrededor.
Con los periodistas extranjeros impedidos para entrar a Gaza, la supresión de la información, las campañas de difamación y la amenaza constante de las fuerzas israelíes, cada cobertura implicó calcular los riesgos, especialmente al informar desde edificios residenciales destruidos, escuelas y hospitales. Cada día veía a compañeros trabajar con poco más que un teléfono móvil, un micrófono y una conexión a internet que podía desaparecer en cualquier momento para contar nuestra historia.
Durante mis coberturas pasé días desplazándome entre los lugares a los que podía acceder con mi libreta y la cámara del teléfono, entrevistando a familias poco después de que Israel hubiera arrebatado la vida de uno de sus seres queridos.
Entre las historias que más han marcado mi camino documentando el genocidio en Gaza está la cicatriz silenciosa de la maternidad, reflejada en la historia de la madre palestina Iman Zaurop, quien perdió a su esposo y a sus trillizos recién nacidos y que ahora lucha por mantener con vida a su hijo de tres años.
Otras historias han puesto de manifiesto la resiliencia y la profundidad del espíritu palestino, como la del padre Ayman Rihan, quien, tras sufrir múltiples desplazamientos forzados, regresó al norte de Gaza para estar cerca de las tumbas de su hijo, su hija y su nieto. Hoy, Rihan quiere dedicar su vida a garantizar la felicidad de sus nietas, empezando por ofrecerles la mejor comida que pueda conseguir.
Algunos testimonios también han dejado al descubierto la continua brutalidad y el engaño de Israel, especialmente después del llamado alto el fuego de octubre de 2025. El padre palestino Anwar Farraj creyó que, por fin, sus hijas tendrían una oportunidad de sobrevivir. Esa esperanza se desvaneció cuando su hija Salsabeel, de 12 años, murió en un ataque israelí, mientras que su hijo pequeño, Youssef, sigue profundamente traumatizado por aquella noche.
Dr. Refaat Alareer
A lo largo de todo este tiempo, los periodistas palestinos hemos contado la verdadera historia de los ataques de Israel contra mujeres y niños.
Y nadie encarnó mejor ese compromiso inquebrantable con informar y arrojar luz sobre la vida palestina que el Dr. Refaat Alareer. Incluso después de perder su hogar y vivir bajo los incesantes bombardeos en el norte de Gaza, nunca dejó de escribir sobre Israel ni de desmontar las mentiras y narrativas engañosas israelíes en medios de comunicación y redes sociales.
Aun así, recuerdo cómo encontraba tiempo para preguntar cómo estaba, sugerirme posibles entrevistas y comentar mis textos. Entre sus consejos insistía en la importancia de utilizar la voz activa para describir los crímenes cometidos por Israel. Cuando le confesé que me costaba escribir por el miedo constante a los bombardeos cercanos y a los desplazamientos, me respondió que escribiera desde el corazón, que expresara mis sentimientos y documentara los desafíos que enfrentaba cada día.
También me aconsejó que hiciera mis reportajes más personales, incorporando experiencias de mi vida cotidiana para conectar mejor con los lectores. Me animó constantemente a publicar más artículos y me abrió nuevas oportunidades profesionales. Gracias a ese apoyo inicié el camino que finalmente me llevó a TRT Español, donde pude compartir mi trabajo con el público hispanohablante.
Aunque el Dr. Refaat Alareer recibió repetidas amenazas de muerte por parte de soldados israelíes y de cuentas afines en redes sociales, se negó a guardar silencio. Escribir y contribuir a construir la narrativa sobre Palestina era ya su causa.
Pero la noche del 7 de diciembre de 2023 sigue siendo una de las más dolorosas de mi vida.
Ese día recibí la noticia de que un bombardeo israelí había matado al Dr. Alareer, junto con su hermana y otros miembros de su familia. A pesar de las amenazas constantes contra él, me resultó imposible creer o aceptar que mi profesor, colega y querido amigo hubiera sido asesinado junto a su hermano, su hermana y cuatro niños, simplemente por enfrentarse a la desinformación israelí.
Anas al-Sharif
Hubo otros compañeros cuya fortaleza continúa inspirándome en mi camino como periodista.
Cada mañana revisaba las actualizaciones del periodista de Al Jazeera Anas al-Sharif antes de comenzar mi propia cobertura. Cuando las comunicaciones fallaban en otros lugares, confiaba en su trabajo porque conocía los riesgos que asumía para obtener esa información. Incluso después de verlo llorar en directo la muerte de compañeros, y pese a recibir reiteradas amenazas de muerte por parte de Israel, regresaba al día siguiente para seguir informando. Sabía que podía morir en cualquier momento, pero nunca dejó de cumplir con su deber periodístico.
Su determinación moldeó también la mía.
Como hijo, esposo y padre, Anas continuó trabajando incluso después de que las fuerzas israelíes mataran a su padre, destruyeran su casa en el norte de Gaza, lo separaran de su esposa y de sus hijos, que permanecían en el sur, y amenazaran con asesinarlo.
Siguió comprometido con su trabajo y con documentar la narrativa palestina hasta que fue asesinado el 10 de agosto de 2025 en una tienda de campaña para periodistas situada junto al Hospital Al Shifa, en la Ciudad de Gaza.
Otro colega al que admiré profundamente fue Hassan Asleih, periodista y fundador de la plataforma informativa Alam 24. Lo que más recuerdo de Hassan era su generosidad. Antes del genocidio siempre compartía contactos, información y eventos con otros periodistas. Por eso, enterarme de que había sido asesinado precisamente en el hospital donde se recuperaba de heridas anteriores fue algo imposible de asimilar.
"Si debo morir"
Más de dos años y medio después del inicio del genocidio, Israel sigue matando a periodistas palestinos en un intento por silenciar la voz de Gaza. Sin embargo, cada periodista asesinado inspira a otros a continuar ese trabajo.
Cada voz silenciada hace que muchas otras se alcen.
Seguimos honrando a nuestros compañeros asesinados no solo recordándolos, sino continuando la labor por la que dieron la vida.
Ese es el legado que dejó el Dr. Refaat Alareer. Israel lo mató con la esperanza de silenciar una de las voces más poderosas de Palestina. En cambio, lo convirtió en un símbolo mundial de la verdad, el coraje y el poder de la palabra.
Me siento orgulloso de haber sido uno de sus alumnos y, como tantos otros estudiantes suyos, llevo sus enseñanzas conmigo cada vez que escribo, informo o hablo sobre Gaza. Solía decir que una de las armas más poderosas que poseía era su rotulador para pizarra y que con él defendería a su pueblo frente a una masacre israelí.
Después de que Israel invadiera mi casa en febrero de 2024, encontré el mío —el que utilizaba cuando daba clases en la universidad— y no pude evitar acordarme del Dr. Refaat Alareer.
No pasa un solo día sin que piense en el último poema que escribió antes de que Israel lo asesinara. Sus primeros versos permanecen conmigo desde entonces y me recuerdan por qué sigo haciendo este trabajo pese a todo:
Si debo morir (If I Must Die, su título original en inglés)
Si debo morir,
tú debes vivir
para contar mi historia.






















