Las tensiones internas de Irán entre sectores de línea dura y reformistas han moldeado durante mucho tiempo la política del país, con el poder desplazándose entre ambos bandos desde la década de 1990.
Justamente, esas tensiones han sido objeto de un renovado escrutinio tras los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán, y el debate posterior sobre la vía diplomática con Washington.
El líder Supremo Alí Jamenei fue considerado largamente como una figura de equilibrio entre facciones políticas rivales hasta su asesinato al principio de la guerra lanzada por EE.UU. e Israel. Desde entonces, su sucesor e hijo, Mojtaba Jamenei, ha mantenido un perfil público bajo, incluso durante las honras fúnebres de su padre que se extendieron por una semana.

Ahora bien, ante la ausencia de un líder Supremo visible, figuras más jóvenes dentro de la Guardia Revolucionaria de Irán (IRGC, por sus siglas en inglés), a quienes se considera más alineadas con la agenda política de línea dura que con las ideas reformistas, han asumido un papel destacado en la configuración de la toma de decisiones políticas y militares de Irán, según expertos.
“El arbitraje de Jamenei, quien solía dejar que las facciones compitieran mientras monopolizaba la decisión final sobre unas pocas líneas rojas, ha desaparecido. La legitimidad de Mojtaba es escasa y derivada, lo que invierte el funcionamiento fundacional de la República Islámica, donde el rahbar (líder Supremo) solía disciplinar a la IRCG. Pero ahora depende de ella”, declara Theo Nencini, experto en política iraní, en conversación con TRT World.
La estructura de mando del IRCG también se ha vuelto más descentralizada para garantizar que el sistema pueda seguir funcionando, incluso si se elimina a los principales líderes militares, políticos o religiosos.
Aunque Teherán ha perdido a varios altos funcionarios durante la guerra, los expertos señalan que las instituciones políticas y militares del país han seguido operando mediante autoridad delegada en distintos sectores.
“Estado de confrontación perpetua”
Irán tiene numerosos grupos étnicos y una vasta geografía que corresponde aproximadamente a la de Europa Occidental, extendiéndose desde el mar Caspio hasta el Golfo.

Esta complejidad dificulta comprender cómo se distribuye el poder en el país, quién dirige realmente Teherán y cuánta influencia tienen los sectores más duros, explican expertos como Nencini.
“El problema principal en Irán es que actualmente hay varios centros de poder actuando sin una coordinación real, y no hay un rahbar que funja como árbitro entre ellos”, señala Nencini a TRT World, refiriéndose a la gestión descentralizada en Teherán.
Pero, curiosamente, el sistema iraní sigue funcionando en gran medida gracias a dos factores: el respaldo que recibe de la población en general, que puede priorizar la amenaza de una invasión extranjera por encima de otras preocupaciones sociales y económicas, y la continua inversión de las élites del país en garantizar la supervivencia del régimen, de acuerdo a Nencini.
Dentro de este marco, los sectores de línea dura que se oponen a cualquier normalización con Estados Unidos y buscan venganza por la muerte de Jamenei “todavía tienen una especie de poder de veto, dada la estructura política” del sistema actual, afirma el experto.
Por otro lado, tanto el presidente Masoud Pezeshkian y como el ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, ambos considerados moderados, han enfrentado duras críticas por parte de las facciones conservadoras por su papel en la firma del memorando de entendimiento con Estados Unidos en junio pasado.
Durante el cortejo fúnebre de Jamenei, la ira de los sectores de línea dura hacia Pezeshkian se hizo visible públicamente cuando el mandatario sufrió ataques verbales.
Araghchi enfrentó una reacción aún más fuerte, ya que algunos asistentes al duelo le lanzaron piedras mientras participaba en el cortejo. Finalmente fue escoltado fuera del funeral.
Mohammad Khatami y Hassan Rouhani, los dos expresidentes reformistas, también estuvieron ausentes del cortejo fúnebre, lo que generó especulación sobre los motivos de su ausencia.

Las tensiones durante el funeral y la creciente oposición al memorando entre Teherán y Washington muestran que “la posibilidad de una normalización genuina no es necesariamente deseable para todos en Irán”, afirma Nencini, refiriéndose a la agenda de los sectores conservadores.
“Algunos necesitan mantener al Estado en un condición de confrontación perpetua para conservar su poder”, apunta.
Otros analistas comparten la evaluación de Nencini.
“Hay indicios de que las facciones de línea dura han enmarcado la represalia por la muerte de Jamenei tanto como un objetivo estratégico como un punto de unión interna”, señala Luciano Zaccara, analista político sobre Irán radicado en Doha.
Aunque el memorando de entendimiento no ha colapsado por completo, Zaccara advierte que el conflicto ha entrado en "su fase más peligrosa" desde que Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán a finales de febrero.
El acuerdo ya no funciona como un mecanismo eficaz de contención de la escalada, pero ambas partes buscan simultáneamente preservar un canal diplomático, añade.
“El resultado es un entorno de ‘ni guerra ni paz’ con un riesgo muy alto de cálculo erróneo”, concluye.
Los sectores de línea dura y la política iraní
Algunas declaraciones de sectores de línea dura –incluida una que acusó a líderes iraníes que apoyaban el memorando de planear “un golpe” contra el sistema político del país– sugieren que Teherán podría necesitar una confrontación prolongada con Estados Unidos para restaurar su disuasión y prestigio nacional.
Entre otros, los parlamentarios iraníes Mahmoud Nabavian y Kamran Ghazanfari han acusado públicamente al liderazgo político actual de perpetrar un golpe de Estado para silenciar a las facciones contrarias al acuerdo.
Estas figuras están mayormente alineadas con el Jebhe-ye Paydari (Frente de la Resistencia), un destacado grupo conservador que aboga sistemáticamente por la resistencia a la presión occidental, y que sigue siendo profundamente escéptico respecto a las negociaciones con Washington.
“Aunque el Frente Paydari no forma parte formalmente del IRCG, desde hace tiempo se le considera política e ideológicamente alineado con muchos elementos de la Guardia Revolucionaria de Irán”, declara a TRT World Tural Akhundov, analista político del Crescent Research Center, con sede en Bakú.

“Ambos comparten posturas centrales, incluida la oposición al acercamiento con Estados Unidos y el apoyo al llamado 'Eje de la Resistencia' regional de Irán, con énfasis en la disuasión militar y los principios revolucionarios”, afirma Akhundov.
A pesar de la creciente influencia de colectivos de línea dura como el Frente Paydari, la estructura política cada vez más compleja de Teherán no permite que una sola facción gobierne el país de mayoría chiita, según los expertos.
“Es difícil verificar hasta qué punto estas posturas por sí solas determinan la toma de decisiones oficial, ya que el sistema político de Irán es complejo y la política está influenciada por múltiples instituciones, incluidos el líder Supremo, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional, la presidencia, el parlamento y el IRCG”, señala Akhundov.
“También es importante distinguir entre la retórica política y la política real. Aunque a nivel interno pueden expresarse llamados a represalias o a una postura más dura, el liderazgo de Irán históricamente ha buscado calibrar sus respuestas para evitar una confrontación militar descontrolada con Estados Unidos. La contención estratégica a menudo ha acompañado a un discurso público fuerte”, completa.
Zaccara también cree que es poco probable que los sectores conservadores busquen “una guerra sin límites”, ya que muchos de ellos “parecen favorecer una escalada calibrada que mantenga la presión sobre Washington sin desatar un conflicto incontrolable”.
También hace referencia a la compleja estructura política de Irán, donde ninguna facción de línea dura puede dictar la política por sí sola. “El debate gira en torno a cómo implementar la diplomacia, no sobre si la diplomacia debe existir”, aclara.
“Un acuerdo duradero requerirá concesiones de ambos gobiernos, no simplemente el debilitamiento del sector de línea dura de Irán”, continúa.
Pero otros analistas señalan que la muerte violenta de Jamenei, en el contexto de ataques extranjeros contra la soberanía de Irán, ha dado paso a una nueva era en la que la antigua doctrina de paciencia estratégica de Teherán, basada en represalias limitadas, ha sido reemplazada por un enfoque más agresivo liderado por figuras más jóvenes del IRCG que abogan por ataques de represalia directa contra sus enemigos.
“En mi opinión, la pregunta no es si los sectores duros optaron por la escalada, sino si alguien en el sistema iraní todavía tiene la autoridad para no hacerlo”, afirma Nencini.
Ali Akbar Dareini, analista político iraní radicado en Teherán, expresa una opinión similar.
“La posibilidad de un acuerdo de paz real entre Irán y el actual Gobierno de Estados Unidos es prácticamente nula”, declara Dareini a TRT World, refiriéndose al asesinato de Jamenei por parte de Washington y a los ataques contra la escuela en Minab, que describe como crímenes de guerra.
“El memorando es parte de la guerra”, sentencia.
Debate interno
Aunque existen demasiadas facciones en el sistema político de Irán, cuyas raíces se encuentran en gran medida en la corriente chiita a la que pertenece cada persona, en última instancia todo se reduce al carácter de un posible acuerdo con Estados Unidos que pueda traer estabilidad política y prosperidad económica a Teherán.
Muchos iraníes no quieren una repetición del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés), el acuerdo nuclear de 2015 entre Teherán y el Gobierno de Obama, según la periodista iraní Fatemeh Karimkhan.
Como muchos expertos, ella considera que las diferentes interpretaciones de la cláusula sobre Ormuz en el memorando de entendimiento han provocado las tensiones actuales entre Estados Unidos e Irán.
Estados Unidos consideraba que Irán debía abrir el estrecho de Ormuz a cambio de los beneficios económicos que recibiría, mientras que Teherán sentía que estaría renunciando a su herramienta más eficaz sin recibir ninguna ganancia tangible de Occidente, señala Karimkhan.
“Esta es exactamente la asimetría clásica que también se vio en la experiencia del JCPOA: un paso técnico rápido por parte de Teherán a cambio de un beneficio económico ambiguo y frágil por parte de Washington”, declara Karimkhan a TRT World.
“Además, está la posibilidad de que se llenen los arsenales de Estados Unidos e Israel gracias al alto el fuego”, concluye.
Según los expertos, el debate iraní se centra en si el país debería conformarse con las concesiones políticas estadounidenses codificadas en el memorando, esperar resultados tangibles en el futuro, o exigir beneficios inmediatos antes de aceptar abrir el estrecho de Ormuz.
Akhundov coincide con la opinión de Karimkhan.
Mientras que algunos actores políticos iraníes siguen siendo escépticos respecto a las negociaciones, argumentando que esfuerzos diplomáticos anteriores como el JCPOA no generaron los beneficios económicos o estratégicos esperados, otros ven la diplomacia como una herramienta necesaria para reducir las tensiones y aliviar la presión internacional, señala Akhundov.
“Sería demasiado simplista afirmar que únicamente los sectores de línea dura de Irán están bloqueando un acuerdo de paz con Estados Unidos. Los obstáculos son mucho más amplios y existen en ambos bandos. Las facciones conservadoras de Teherán siguen siendo escépticas respecto a las negociaciones porque argumentan que el acuerdo nuclear de 2015 no generó los beneficios económicos esperados tras la retirada de Estados Unidos del acuerdo”, declara a TRT World.
“Esto ha reforzado la desconfianza hacia Washington”.






















