Libia, un país norteafricano rico en energía y con las mayores reservas de petróleo de África, lleva más de una década intentando recomponer las piezas de un Estado fracturado.
Su división se hizo especialmente profunda en 2014, cuando el país quedó sumido en una sangrienta guerra civil entre facciones rivales del oeste y el este, apenas tres años después del violento derrocamiento y asesinato del histórico líder Muammar Gaddafi.
Desde entonces, los enfrentamientos han dado paso a periodos de calma intercalados con nuevos episodios de tensión, mientras dos centros de poder han competido por el control político e institucional del país.
Pese a esta fragmentación, el Gobierno con sede en Trípoli y reconocido internacionalmente ha conservado en gran medida su legitimidad y ha establecido importantes acuerdos con países como Türkiye.
Ahora, sin embargo, una nueva dinámica comienza a tomar forma. El diálogo político entre las administraciones rivales ha cobrado impulso y Ankara ha intensificado sus esfuerzos para acercar a las dos partes bajo su política de "Una sola Libia". El objetivo es ambicioso: contribuir a reunificar un país dividido durante años bajo una única autoridad central.
Una de las señales más recientes llegó en abril, cuando las facciones del este y el oeste alcanzaron un acuerdo sobre un presupuesto nacional centralizado destinado a compartir los cuantiosos ingresos procedentes del petróleo libio. El pacto representó un paso hacia una mayor coordinación entre dos administraciones que durante años han gestionado por separado buena parte de los asuntos del país.
El acercamiento también quedó reflejado en la agenda diplomática de Ankara.
En agosto, el ministro de Relaciones Exteriores de Türkiye, Hakan Fidan, realizó una visita especialmente significativa a Libia. Pero su visita no se limitó solo a Trípoli, sede del Gobierno reconocido internacionalmente en el oeste, sino también viajó a Bengasi, bastión de la administración oriental encabezada por Jalifa Haftar, comandante general del Ejército Nacional Libio.
"Es esencial que nuestros hermanos y hermanas libios construyan su propio futuro de manera libre, segura y próspera. En línea con la visión establecida por nuestro presidente, Recep Tayyip Erdogan, seguiremos apoyando el diálogo y la cooperación entre el oeste y el este de Libia y contribuyendo a la paz, la estabilidad y la prosperidad del país", afirmó Fidan tras sus consultas.

La política de "Una sola Libia"
Dos semanas después de aquella visita, Naciones Unidas anunció una hoja de ruta para Libia que establece un horizonte de dos años para celebrar elecciones presidenciales y parlamentarias, avanzar en la unificación de las instituciones y reestructurar la comisión electoral.
El anuncio añadió una nueva pieza al complejo proceso destinado a superar la división política e institucional que arrastra el país.
"Que Türkiye sea ahora capaz de dialogar con actores de ambos lados de la división libia es muy beneficioso", explica a TRT World Salah Bakkoush, analista político libio y antiguo asesor del Alto Consejo de Estado.
Para Bakkoush, el verdadero alcance de la influencia de Ankara dependerá de hasta qué punto sus contactos con las dos partes puedan traducirse en cambios institucionales concretos.
"La influencia de Türkiye será más decisiva cuando el diálogo con ambas partes se traduzca en una unificación institucional, en lugar de perpetuar estructuras paralelas permanentes", señala.
El analista percibe una mayor disposición entre las facciones políticas rivales para alcanzar compromisos. Pero el camino hacia una autoridad estatal única continúa plagado de obstáculos.
Unificar los distintos centros de poder, advierte, será difícil mientras siga sin resolverse quién ejerce la autoridad institucional sobre el conjunto del país.
"La autoridad institucional sigue sin resolverse" entre las dos partes, sostiene.
Tras la visita de Fidan, los contactos entre Libia y Türkiye se han intensificado. El jefe de la inteligencia turca, Ibrahim Kalin, se reunió el sábado en Estambul con el ministro interino de Defensa de Libia, Abdussalam Zubi, para abordar los esfuerzos destinados a avanzar en la unificación institucional.
El martes, el presidente de Türkiye, Recep Tayyip Erdogan, mantuvo también un encuentro con Mohamed Menfi, presidente del Consejo Presidencial de Libia, al margen del 81.º periodo de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York.
Durante la reunión, Erdogan destacó la importancia del diálogo nacional y la reconciliación.
"Una Libia fragmentada exporta inseguridad; una Libia soberana puede contenerla", afirma Bakkoush. Según el analista libio, recuperar un control unificado sobre las instituciones, las fronteras y las fuerzas de seguridad permitiría al país hacer frente con mayor eficacia a las redes de tráfico ilegal y contribuiría, al mismo tiempo, a reforzar la estabilidad regional.

Los canales entre Ankara y Bengasi
El acercamiento de Türkiye a las distintas partes de Libia no comenzó con la reciente intensificación diplomática.
Sus esfuerzos para contribuir a la reunificación del país adquirieron una nueva dimensión después del alto el fuego alcanzado en octubre de 2020 entre el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA), reconocido por Naciones Unidas y con sede en Trípoli, y el Ejército Nacional Libio (LNA) de Jalifa Haftar, asentado en el este.
El acuerdo puso fin a los combates a gran escala de la guerra civil y abrió una nueva etapa en la relación entre Ankara y los distintos actores libios.
Türkiye ya había construido para entonces importantes vínculos con el Gobierno de Trípoli. En 2019, ambos firmaron un histórico acuerdo marítimo que delimitó sus respectivas jurisdicciones en el Mediterráneo oriental, una zona estratégica por sus reservas de gas.
Después del alto el fuego, Ankara comenzó a prestar una atención creciente al este libio, abriendo canales de comunicación con actores que durante años habían permanecido en el lado opuesto del conflicto.
"Desde el alto el fuego de 2020, la relación de Türkiye con el este de Libia ha evolucionado más allá de la asistencia humanitaria y la reconstrucción para incluir una mayor cooperación política, económica y en materia de defensa", explica a TRT World Ferhat Polat, investigador sénior y analista especializado en geopolítica y seguridad del norte de África.
Uno de los rostros de ese acercamiento ha sido Saddam Haftar, hijo menor de Jalifa Haftar y nombrado subcomandante general de las fuerzas orientales en agosto de 2025.
Saddam Haftar "ha sido una figura importante en este acercamiento, visitando Türkiye varias veces y reuniéndose con altos funcionarios turcos", señala Polat.
Sus visitas, junto con el aumento de los contactos institucionales entre Ankara y el este de Libia, han abierto nuevos canales de comunicación entre las partes y han contribuido al diálogo nacional entre las administraciones rivales.
Pero el proceso no se limita a la diplomacia. Polat señala también las crecientes capacidades de defensa de Türkiye y sus vínculos militares con Libia como elementos que podrían contribuir a la creación de una estructura de seguridad unificada en un país cuyo territorio sigue dividido entre distintos centros de poder.
En agosto de 2025, el buque de la Armada turca TCG Kinaliada realizó una significativa escala en Bengasi. Durante su visita, responsables militares turcos y del este de Libia discutieron vías de cooperación dentro del objetivo de "Una sola Libia, un solo Ejército".
La fórmula resume uno de los principales desafíos que enfrenta el país: no basta con acercar políticamente a las administraciones rivales si las instituciones de seguridad continúan divididas.
"Una vez que la seguridad esté firmemente establecida en todo el país, el proceso más amplio de estabilización podrá avanzar con mayor fluidez. En este contexto, es crucial reunir las instituciones militares de Libia bajo una estructura de mando unificada", explica Polat.
"Türkiye ha proporcionado formación y otros tipos de apoyo para reforzar la profesionalización y la capacidad institucional del Ejército libio".
Así, mientras el petróleo continúa siendo uno de los principales activos de Libia, la batalla política gira ahora en torno a otro recurso mucho más difícil de compartir: la autoridad del Estado.






















