El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador opositor Flávio Bolsonaro se enfrentaron este viernes en el último debate televisado antes de la segunda vuelta electoral del domingo, en un encuentro marcado por los ataques sobre el coste de vida, la seguridad pública y las sospechas de corrupción que afectan a sus respectivos entornos.
El cara a cara tuvo lugar en los estudios de TV Globo, en Río de Janeiro, la cadena con mayor audiencia del país, después del tenso debate del domingo anterior en la emisora Band. Esta vez, ambos candidatos intentaron moderar el tono y centrarse en sus propuestas, aunque las acusaciones personales reaparecieron durante buena parte de las dos horas de programa.
Flávio Bolsonaro, de 45 años e hijo mayor del expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro (2019-2022), acudió con corbata, mientras que Lula compareció sin la suya, habitualmente decorada con los colores de Brasil. El senador trató de proyectar una imagen moderada y aspiracional, con promesas de "futuro" y "prosperidad", mientras el mandatario cuestionó su experiencia y su conocimiento del país.
El presidente, que está cerca de cumplir 81 años, comparó a su adversario con "aquellos estudiantes que memorizan, pero no aprenden" y lo acusó de no conocer "ni un poco Brasil". En otro momento, se refirió a él como "este muchacho" y afirmó que no sabía "lo que es el hambre".
Flávio, por su parte, presentó a Lula como un candidato del pasado y acusó a su Gobierno de dejar un "país quebrado", con "ideas que no funcionan más". También cuestionó el encarecimiento de los productos básicos y preguntó al presidente: "¿Por qué las cosas están tan caras?".
El coste de vida y el choque por la economía
La inflación, el endeudamiento familiar y la pérdida de poder adquisitivo ocuparon buena parte del debate. Flávio insistió en que los brasileños compran cada vez menos productos por el mismo precio y puso como ejemplo el chocolate y el papel higiénico.
"El (paquete de) chocolate antes tenía 120 gramos y ahora 80 gramos; el rollo de papel higiénico antes tenía 40 metros y ahora 20 metros", afirmó, al comprometerse a devolver "el poder de compra" a la población.
El senador también preguntó a Lula cuándo había ido por última vez a un supermercado. Según los datos oficiales recogidos en la información del debate, las familias brasileñas destinan cerca de un tercio de sus salarios a pagar sus deudas, una proporción récord.
Flávio acusó al Gobierno de "despilfarrar" el dinero público y sostuvo que esa política ha obligado al Banco Central a mantener elevados los tipos de interés, situados en el 13,75% anual, lo que, a su juicio, asfixia la economía.
Lula respondió destacando el crecimiento económico superior al 2% y el aumento de los salarios por encima de la inflación durante su gestión. Además, advirtió de que su rival pretende aplicar una política de recortes del gasto público similar a la del presidente argentino, Javier Milei.
En ese contexto, el mandatario preguntó a Flávio si, en caso de llegar al poder, pensaba pedirle prestada la "motosierra" al dirigente argentino, en referencia a los recortes de gasto público y a la reducción de programas sociales impulsados por Milei.
El senador defendió la gestión económica del presidente argentino y responsabilizó al kirchnerismo de la situación económica del país vecino.
"Cuando hablo de Milei, digo que él arregló la economía en Argentina. La izquierda gobernó durante 20 años y ustedes destruyeron Argentina", respondió.
Trump y las acusaciones sobre la política exterior
La relación con Estados Unidos también provocó un enfrentamiento entre los candidatos. Lula acusó a Flávio de "lamer las botas" del presidente estadounidense, Donald Trump, para que impusiera aranceles a las importaciones brasileñas con el objetivo, según el mandatario, de perjudicarlo electoralmente.
En otro momento, el presidente sostuvo que su rival quería "entregarle" Brasil a Trump mediante la clasificación de las principales facciones criminales brasileñas como organizaciones "narcoterroristas".
Las acusaciones se produjeron en una campaña en la que Flávio intenta presentar su candidatura como una alternativa conservadora al Gobierno progresista de Lula, mientras el mandatario busca defender su gestión y evitar el regreso de la familia Bolsonaro al poder.
El enfrentamiento por los "nueve dedos"
Uno de los momentos más tensos llegó cuando Flávio aludió a la amputación del dedo meñique que Lula sufrió durante su juventud, en un accidente laboral cuando trabajaba como tornero mecánico.
El senador acusó al presidente de entregar ayudas sociales "con una mano y sacarlas con los nueve dedos", en referencia a la lesión.
Lula reaccionó con indignación, salió de su atril y exigió una disculpa. "No voy a permitir que un miliciano me llame nuevededos, alguien que nunca trabajó en la vida, que el primer empleo que tuvo es falso", exclamó.
El mandatario aludió así a las acusaciones sobre los vínculos de la familia Bolsonaro con personas relacionadas con grupos paramilitares de Río de Janeiro. Los aliados de Lula, sentados entre el público, respondieron con aplausos.
Flávio terminó disculpándose, pero devolvió el desafío al presidente: "¿Tú pedirás disculpas al pueblo brasileño que sufre con la inseguridad?".
El episodio reflejó la tensión que ambos candidatos intentaron contener tras el primer debate, en el que se habían lanzado insultos. En esta ocasión recurrieron más a sus nombres de pila y a sus propuestas, aunque sin renunciar a las descalificaciones personales.
La seguridad y el caso de Ana Clara
La seguridad pública volvió a enfrentar a los candidatos cuando Lula cuestionó el compromiso de su rival con la lucha contra el crimen. El presidente recordó que Flávio defiende ante la Justicia a un policía acusado de matar a Ana Clara, una niña de cinco años, durante una operación policial contra presuntos narcotraficantes en Río de Janeiro.
El equipo de Lula sentó entre el público a la madre de la niña para el debate. Flávio expresó su solidaridad por "esa tragedia", pero mantuvo su defensa del agente.
"Fue en un intercambio de tiros en una zona de conflicto", afirmó.
El senador prometió mano dura contra el crimen y llegó a defender la eliminación de la edad mínima de responsabilidad penal en casos de violación. Lula, por su parte, utilizó el caso para cuestionar la postura de su rival sobre la actuación policial y la seguridad pública.

Google, el juego del "Tigrinho" y el secreto bancario
Durante el encuentro, Lula invitó en varias ocasiones a los espectadores a consultar Google para comprobar afirmaciones de su rival que consideraba falsas. Flávio respondió cuestionando que el presidente recurriera a internet para rebatirlo.
"Todo se lo pregunta a Google, ¿no sabe nada?", le espetó en una de esas ocasiones.
En otro momento, el senador preguntó: "¿Quién gobierna Brasil, tú o Google?".
Otro enfrentamiento giró en torno al "Tigrinho", un popular juego digital prohibido recientemente por el Gobierno de Lula como parte de sus medidas contra el endeudamiento. Ambos candidatos se acusaron de ser responsables de su expansión.
Lula responsabilizó del auge del juego al Gobierno de Jair Bolsonaro, padre de su rival, mientras que Flávio señaló al actual presidente y a la regulación impulsada al comienzo de su mandato.
El mandatario también reiteró su propuesta de que ambos candidatos levanten el secreto bancario de sus cuentas. Aseguró que había entregado al Tribunal Superior Electoral sus documentos, así como los de la primera dama, Janja da Silva, y los de un hijo investigado por presunto tráfico de influencias.
"Se lo está debiendo a la sociedad brasileña", reclamó al senador.
Las acusaciones de corrupción en el tramo final
En el último bloque, en el que ambos candidatos dispusieron de ocho minutos para hablar de los asuntos que quisieran, las propuestas dieron paso a nuevas acusaciones de corrupción y mentiras.
Flávio mencionó las investigaciones por presunto tráfico de influencias que afectan al hijo mayor de Lula. El presidente, por su parte, desafió al senador a explicar la relación que mantenía con Daniel Vorcaro, antiguo propietario del Banco Master, encarcelado en el marco de un escándalo financiero.
Flávio está bajo investigación en el Tribunal Supremo por sospechas de corrupción, lavado de dinero y evasión de divisas relacionadas con unos pagos que Vorcaro habría realizado para financiar una película sobre Jair Bolsonaro.
"¡Ten el coraje de decir que sois muy amigos!", le dijo Lula durante uno de los últimos intercambios.
El presidente también cuestionó a su rival por unas declaraciones del futbolista brasileño Richarlison, quien lo acusó de haberle quitado derechos para ocupar una isla en Río de Janeiro. Flávio negó las acusaciones.
El whisky también se convirtió en munición política. Flávio preguntó a Lula por un supuesto episodio en el que un empresario detenido en Brasil le habría entregado una botella de esa bebida.
"¿Qué gusto tenía ese whisky, Lula? El de la vergüenza", preguntó el senador.
"Seguramente se lo tomó usted", respondió el presidente.
Una coincidencia sobre el transporte público
Pese a los enfrentamientos, hubo un momento poco habitual de coincidencia entre ambos candidatos. Lula defendió una propuesta de su Gobierno para reformar la Constitución y establecer el derecho al transporte público gratuito durante los fines de semana.
El presidente argumentó que esa medida permitiría a las personas visitar a sus familiares durante los días de descanso. Flávio dijo estar a favor, aunque criticó lo que considera una pérdida de poder adquisitivo que limita las posibilidades de disfrutar del tiempo libre.
El formato del debate, de dos horas y con los candidatos separados por una gran distancia detrás de sus atriles, fue más rígido que el del encuentro anterior en TV Band. En aquella ocasión, Flávio había recibido críticas por colocarse de pie detrás de Lula y mover la cabeza mientras hablaba el presidente.
En esta última cita, los candidatos se enfrentaron menos directamente, pero los ataques personales y las acusaciones cruzadas se mantuvieron hasta el final.
Lula también tuvo dificultades en varios momentos para administrar el tiempo asignado y dejó de hablar antes de agotarlo. El moderador, el periodista César Tralli, tuvo que recordarle que podía continuar.
"Aún tiene dos minutos", le advirtió en una ocasión, mientras Flávio protestaba levantando los brazos.
Una segunda vuelta de resultado incierto
El debate se celebró después de una campaña que se intensificó tras el resultado de la primera vuelta, en la que Flávio obtuvo el 47% de los votos y Lula el 45%. El senador aspira a sumar a Brasil a la ola conservadora que avanza en América Latina, mientras que el presidente busca una "virada", término del fútbol brasileño que alude a una remontada.
Un sondeo de Datafolha publicado el jueves situó a ambos candidatos con un 50% de intención de voto cada uno. Dos semanas antes, el senador aventajaba al presidente por cuatro puntos, según la misma encuesta.
Lula se presenta como defensor de la democracia y confía en el rechazo de parte del electorado al regreso de la familia Bolsonaro al poder. Jair Bolsonaro, que gobernó Brasil entre 2019 y 2022, cumple una condena de 27 años de prisión por intentar un golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022 frente a Lula.
En la recta final de la campaña, los partidarios del presidente salieron a las calles y organizaron acciones para contrarrestar el dominio de la derecha en las redes sociales. Ambos candidatos, además, trasladaron parte de su disputa a los tribunales.
Esta semana, los dos solicitaron al Tribunal Superior Electoral que inhabilitara a su adversario por presuntas maniobras ilegítimas en las plataformas digitales.
El equipo de Lula acusó a Meta, empresa propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp, de ejercer "injerencia" a favor de Bolsonaro mediante una supuesta "manipulación algorítmica". La compañía estadounidense negó las acusaciones, aunque reconoció la existencia de "problemas técnicos" que, según sostuvo, no afectaron únicamente a Brasil.
La campaña presidencial concluirá este sábado, cuando ambos candidatos concentrarán sus últimos esfuerzos en los tres mayores colegios electorales del país: São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro.
El domingo, los brasileños decidirán entre la continuidad de Lula y la llegada al poder de Flávio Bolsonaro, en una segunda vuelta marcada por la polarización política y la incertidumbre reflejada en las encuestas.















