ESPAÑA
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Entre lágrimas, España despide víctimas de una de las mayores tragedias ferroviarias de su historia
Las familias buscan respuestas tras la colisión que dejó 69 muertos, mientras Urda se vuelca en los homenajes y la investigación abre una tormenta política.
Entre lágrimas, España despide víctimas de una de las mayores tragedias ferroviarias de su historia
Con lágrimas y abrazos, los familiares de las víctimas afrontan una pérdida irreparable.

Francisco José Barbero Liébana tenía 32 años, trabajaba en Madrid y viajaba hacia Andalucía, en el sur de España, para pasar unos días con sus padres. Sin embargo, el trayecto que debía llevarlo de vuelta a casa terminó convirtiéndolo en una de las 69 víctimas de uno de los mayores accidentes ferroviarios de la historia de España y Europa. 

"Estamos destrozados", describe con la mirada perdida su tío Cecilio, a la salida del centro para familiares habilitado en Toledo, a 70 kilómetros al sur de Madrid. Ha acudido hasta allí acompañado de su hermana Marisa, la tía de Francisco José, que apenas puede contener las lágrimas tras sus gafas oscuras.

Desde que en la mañana del miércoles dos trenes de alta velocidad colisionaran a la altura del municipio de Urda, la familia había pasado largas horas sin noticias de Francisco José, como tantas otras que aguardaban desesperadamente una respuesta. Dentro de este edificio del obispado de Toledo, los agentes de la Guardia Civil confirmaron finalmente la noticia que tanto temían desde hacía dos días.

"El desenlace ha sido muy duro y muy triste", suspira Marisa, que asegura sentir "mucha impotencia". "Estaba en la flor de su vida", recuerda sobre su sobrino, cuya muerte ha dejado a la familia sumida en el dolor.

La madre del joven se encuentra devastada. "Está con psicólogos, está con tratamiento y está fatal", explica Marisa, que se une a su hermano para realizar una petición que resume el sentimiento de muchas de las familias afectadas: "Que esto no vuelva a pasar más".

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Un viaje de trabajo que terminó en tragedia

Javier Barrio también ha perdido a una persona fundamental en su vida. Su esposa, Carmen de Santana, viajaba hacia Sevilla, una de las principales ciudades de Andalucía, para realizar su último desplazamiento de trabajo antes de su cercana jubilación. Un trayecto que debía marcar el final de una etapa profesional se convirtió, sin embargo, en una tragedia que ha dejado a su marido a la espera de una confirmación oficial.

Aunque todavía no ha recibido el certificado de defunción, Javier reconoce que las posibilidades de encontrarla con vida son "remotísimas". Desde hace dos días, asegura, no ha parado "de llorar", mientras la incertidumbre se mezcla con la rabia por lo ocurrido.

"Capitalismo con prisas", lamenta al tratar de explicar el sentimiento que le invade. Su reflexión va más allá de la pérdida personal y apunta a una sociedad que, a su juicio, necesita cambiar. "Tenemos que cambiar este mundo, tenemos que cambiarlo entre todos", pide.

A su alrededor, otras familias atraviesan el mismo calvario. Con el rostro marcado por el dolor y la mirada perdida, algunas prefieren guardar silencio, incapaces de encontrar palabras para describir lo sucedido. Otras se abrazan, todavía en estado de shock, mientras esperan noticias de sus seres queridos.

Miedo de subir a un tren

Pero, además del dolor de las familias, esta segunda tragedia ferroviaria en apenas nueve meses abre también numerosos interrogantes sobre la seguridad de los trenes en España. Una preocupación que Cecilio, el tío de Francisco José, expresa con una pregunta que ahora se hacen muchos viajeros."¿Quién se sube ahora en un tren? Ya vas con miedo", lanza.

Este es el segundo accidente ferroviario que se produce este año en España. En enero, 46 personas perdieron la vida cuando un tren descarriló y colisionó con otro que circulaba en sentido contrario por la misma vía, cerca de Adamuz, un municipio de la provincia de Córdoba, también en Andalucía, en el sur del país.

Para Cecilio, la sucesión de estas dos catástrofes en menos de un año debería servir como una llamada de atención para toda la sociedad española. No se trata únicamente de esclarecer las causas de cada accidente, sino también de evitar que vuelva a repetirse una tragedia que ha dejado decenas de familias destrozadas.

"En nueve meses han perdido muchas vidas, y esto yo pienso que debería hacer reflexionar a todos. A cada uno de la sociedad, a los políticos, de por qué esto ocurre en un siglo XXI", considera.

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Investigaciones continúan

Mientras las familias afrontan las consecuencias de la tragedia, las autoridades continúan trabajando para esclarecer las causas del accidente y completar la identificación de las víctimas. 

Hasta ahora, las autoridades han completado las autopsias de las 69 personas que murieron en el accidente, de las cuales 36 han sido identificadas. Sin embargo, la violencia del impacto ha dificultado las labores de identificación. Algunos cuerpos han quedado fragmentados, por lo que los especialistas deben examinar los restos humanos recuperados y determinar a quién pertenecen.

En este proceso, las muestras de ADN proporcionadas por los familiares desempeñan un papel fundamental. A través de la comparación de los perfiles genéticos, los equipos forenses pueden establecer coincidencias y confirmar la identidad de las víctimas. Mientras tanto, los restos humanos recuperados son trasladados en bolsas para su análisis, en un procedimiento que prolonga la espera de las familias antes de poder despedirse de sus seres queridos.

La crudeza de esta espera queda reflejada en el testimonio de Ricardo, amigo de la familia de una de las víctimas cuya identidad no desea revelar. "Los padres, tres días esperando saber dónde está su hijo, y ahora está en una bolsa. Es durísimo", asegura.

Accidente causa tormenta política

Las primeras explicaciones sobre la secuencia del accidente han abierto también una tormenta política en España. El ministro de Transportes, Óscar Puente, volvió a describir este viernes lo que calificó como un accidente "incomprensible", cuyo origen estaría en una avería informática que obligó a varios trenes a detenerse.

Según los primeros indicios, poco después el centro de control ferroviario de Madrid autorizó al tren de Renfe a reanudar la marcha a velocidad normal, pese a que el Iryo seguía detenido kilómetros más adelante y no había logrado continuar su recorrido. La autorización habría contravenido las normas de circulación, de acuerdo con la secuencia preliminar expuesta por el ministro.

"Recorrió en torno a 25 kilómetros y superó los 160 kilómetros por hora hasta colisionar con el Iryo", explicó Puente, quien descartó dimitir de su cargo pese a la creciente presión de la oposición.

"Mi obligación ahora no es dedicarme a hablar de mi continuidad, sino resolver el problema", aseguró.

Poco antes, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, había llamado a reconstruir la "confianza quebrada en el sistema de alta velocidad" español. La tragedia golpea a un Ejecutivo socialista que atraviesa varias crisis y que busca la reelección en las elecciones generales anticipadas del 29 de noviembre, aunque las encuestas le son desfavorables.

Desde la oposición, el líder del Partido Popular (PP, derecha), Alberto Núñez Feijóo, elevó la presión sobre el Gobierno y reclamó responsabilidades políticas. "Si no dimiten ellos, les dimitiremos en las urnas", lanzó este viernes.

La indignación también se ha trasladado al ámbito laboral de los trabajadores ferroviarios. El sindicato de maquinistas Semaf convocó un nuevo paro total de los conductores de trenes de Renfe para el 10 de noviembre y otro parcial para el día 12, en protesta por la falta de seguridad ferroviaria.

Urda se reúne para despedir a las víctimas

Mientras las investigaciones continúan y la tragedia sacude la política española, los actos de homenaje a las víctimas se han sucedido a lo largo del fin de semana. Este sábado, residentes y autoridades se reunieron en Urda, el municipio de la provincia de Toledo donde se produjo la colisión, para celebrar una misa funeral en memoria de los fallecidos.

La localidad, situada en el interior de Castilla-La Mancha, ha quedado marcada por el accidente. En la iglesia de San Juan Bautista, los bancos estaban llenos, mientras decenas de personas más se congregaron en el exterior para escuchar la ceremonia. Algunos asistentes no pudieron contener las lágrimas.

El arzobispo de Toledo, Francisco Cerro, se dirigió a los familiares de las víctimas y describió los días transcurridos desde el accidente como "un Viernes Santo para todos". El prelado reconoció que "no puede haber palabras que consuelen" a quienes han perdido a sus seres queridos.

"Queridas familias de los damnificados en el accidente ferroviario: no estáis solos. Está con vosotros la sociedad, lo mejor de la sociedad está con vosotros", afirmó.

Durante la ceremonia, también rindió homenaje a los equipos de emergencia y a los voluntarios que participaron en las labores de rescate, y agradeció los esfuerzos del personal sanitario, los bomberos, la policía y los equipos que trabajaron en el lugar de la catástrofe.

Fue "una auténtica oleada de solidaridad", dijo el arzobispo.

Entre las autoridades que asistieron a la misa se encontraban el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, y el alcalde de Urda, Manuel Galán. La localidad, que cuenta con alrededor de 2.500 habitantes, también atraviesa las consecuencias de una tragedia que ha golpeado a sus vecinos.

"Están muy dañados, con mucho dolor y con muchas necesidades también de apoyo", declaró Galán a la televisión pública española antes de la ceremonia.


FUENTE:TRT Español y agencias