Serdar Yildirim creció en una época en la que la polio seguía afectando a niños en Türkiye. “Nací en 1971, y entre 1965 y 1985 hubo casos de polio en el país”, cuenta a TRT Español el presidente del Club Deportivo de Personas con Discapacidad de Sanliurfa. “En el sudeste de Anatolia era bastante frecuente”.
La enfermedad lo alcanzó cuando tenía apenas un año y medio. En aquel momento, la polio –un virus altamente contagioso que afecta al sistema nervioso y puede causar parálisis permanente, insuficiencia respiratoria e incluso la muerte– atravesaba uno de sus momentos más críticos en el país.
Serdar sobrevivió al virus, pero las secuelas marcaron su infancia. Y aunque desde pequeño se enfrentó a dificultades para acceder a la educación, nunca se rindió. Durante la adolescencia, encontró en el deporte mucho más que una actividad física: un refugio. Y, a los 25 años, fundó el Club Deportivo de Personas con Discapacidad de Sanliurfa.
El proyecto comenzó con un equipo de baloncesto en silla de ruedas y luego se amplió al tenis de mesa, levantamiento de pesas, tiro con arco, lucha y fútbol para amputados. Bajo su dirección, el club ha formado atletas que han obtenido títulos en Türkiye y Europa, incluido el Campeonato Sub-22 de Baloncesto en Silla de Ruedas en Italia (2018), así como triunfos en lucha de brazos en Moldavia (2024) y Kazajistán (2023), además de títulos nacionales.
“Impactar la vida de las personas me dio una felicidad verdadera. Esa sensación me hizo creer que debía continuar y que tenía que ser persistente en este camino, sin importar las dificultades”, afirma.
Hoy, Serdar es un referente del deporte adaptado para quienes crecen con discapacidad y buscan oportunidades, por su perseverancia tras superar numerosos obstáculos.
Una infancia marcada por obstáculos
Criado en una familia numerosa en el sureste de Türkiye, Serdar recuerda que su discapacidad fue inicialmente mal interpretada en su entorno. “Pensaban que era una inyección mal aplicada”, evoca sobre la parálisis provocada por la polio, que más tarde fue diagnosticada correctamente.
En un contexto de bajos recursos, sin acceso a tratamiento ni seguridad social, asegura que quedó “a merced del destino”. Aun así, afirma que fue integrado en su comunidad y participaba en la vida diaria y en los juegos con otros niños, con reglas adaptadas en el fútbol. Con la llegada de la televisión a su hogar, nació también su afición por el Fenerbahce.
Sin embargo, los obstáculos persistían en el ámbito educativo: no pudo asistir a la escuela regular por problemas de salud y la distancia, y más tarde fue rechazado en un internado en Sanliurfa. “Me dijeron que no podía porque era discapacitado”, recuerda. Sin opciones, fue educado en casa por su padre y luego aprendió a leer.
En tanto, pese a su pasión por el deporte, su carrera deportiva terminó a los 14 años tras una cirugía en la que le extirparon la rótula izquierda. La intervención le dejó la pierna rígida y lo obligó a usar muletas. “Alejarme del deporte fue muy doloroso para mí”, rememora.
Pese a todo, más tarde completó su educación de forma externa, obtuvo certificados de primaria y secundaria, y cursó el bachillerato a distancia mediante exámenes.
Una asociación que impulsa a los atletas con discapacidad
Su formación le permitió obtener un puesto permanente en la Dirección de Salud de Sanliurfa, donde trabajó en el Departamento de Malaria.
Hasta que, en 1997, conoció una asociación local para personas con discapacidad, una experiencia que, revela, cambió su vida. “Ver a niños con discapacidad me recordó los dolores de mi infancia y reforzó mi determinación de hacer algo”, cuenta.
Con esa motivación, junto a varios amigos, fundó en 2001 el Sanliurfa Engelliler Spor Kulubu, un club deportivo para personas con discapacidad.
“Al principio fui solo miembro fundador y participaba poco debido a la presión del trabajo. Querían crear un equipo de baloncesto en silla de ruedas, pero no lo lograron por el alto costo de las sillas”, admite.
Las dificultades económicas amenazaban con frenar el proyecto. Sin embargo, al año siguiente, ante la insistencia del entonces presidente de la asociación, Ibrahim Tapsik, así como de varios amigos, Serdar asumió la presidencia del club.
Bajo su dirección, el club consiguió sillas deportivas, formó un equipo de baloncesto en silla de ruedas e ingresó en la liga nacional. Luego ampliaron el club al tenis de mesa, fútbol, levantamiento de pesas y tiro, consolidando un espacio inclusivo en crecimiento.
“En estas disciplinas logramos formar campeones de Türkiye, campeones de Europa e incluso campeones del mundo. Aquí no solo desarrollamos a personas con discapacidad física, sino también a deportistas con síndrome de Down y a atletas con discapacidad visual”, recuerda Serdar.
Entre los talentos destaca a Ali Aslan, de 20 años, campeón en 100 y 400 metros; Suleyman Aslan, de 16, promesa del baloncesto en silla de ruedas, y el veterano Mehmet Cetingoz, de 31, entre otros.
El desafío de sostener el crecimiento
Hoy, Serdar señala que el mayor desafío sigue siendo conseguir equipamiento deportivo y cubrir los costos. “Los atletas tienen grandes dificultades para conseguir el material necesario, porque estamos hablando de deportes costosos, y los equipos de alta calidad suelen importarse del extranjero, lo que aumenta la carga económica”, explica.
Sin embargo, cree que Türkiye “ha logrado grandes avances en infraestructura, conciencia social, apoyo institucional y patrocinadores”. Aunque cuenta con “disciplinas deportivas que alcanzan logros a nivel mundial”, afirma que “la cantidad de personas con discapacidad en el país es elevada, y la mejor manera de integrarlas en la vida es mediante el deporte como herramienta de rehabilitación psicológica, social y física”.
Asimismo, considera que el Estado puede desempeñar un papel protagonista “creando recursos específicos para el deporte de personas con discapacidad”.
Serdar señala que los grandes presupuestos de los clubes de fútbol podrían impulsar el deporte para personas con discapacidad. Por eso, propone que la ley exija a las instituciones deportivas crear secciones dedicadas al deporte adaptado.
Afirma que esto “generaría un salto cualitativo” y más atletas de alto nivel. Señala que Fenerbahce, Galatasaray y Besiktas ya cuentan con estas áreas, pero muchos otros clubes no. “Veríamos surgir más campeones mundiales”, sostiene.
Historias de éxito
Tras casi 25 años de trabajo, Serdar cuenta con humildad que más de 200 personas con discapacidad han pasado por el club, con más de 150 atletas con licencia y 10 integrantes de selecciones nacionales.
“Llegamos a ser el equipo que más jóvenes deportistas produce en Türkiye”, afirma. “En cada etapa aportamos jugadores a la selección nacional juvenil”.
Añade que nueve jugadores de su equipo de baloncesto en silla de ruedas llegaron a la selección nacional y que otros fueron transferidos a clubes importantes.
Entre los casos destacados, menciona a Ali Kabakulekler, de 27 años, nacido con espina bífida, un defecto congénito que impide el desarrollo completo de la columna vertebral. Los médicos dijeron a su familia que estaría postrado de por vida. Sin embargo, con apoyo del club, en pocos años se convirtió en deportista y llegó a ser capitán de la selección turca sub-22 de baloncesto en silla de ruedas. Conquistó el oro europeo en Italia (2018) y la medalla de plata a nivel mundial en Canadá (2017).
“Verlo vestir la camiseta de la selección nacional con la luna creciente y la estrella después de un diagnóstico así es una de mis mayores recompensas”, recuerda Serdar.
También menciona a Abdulsamet Ocakoglu, de 25 años, nacido con una deficiencia congénita en el brazo derecho. Tras una infancia en aislamiento, se convirtió en campeón mundial de lucha de brazos en Moldavia, en 2024.
Ambos atletas se formaron desde la infancia en el club, una realidad que para Serdar tiene un significado especial. “Cuando veo a estos atletas en la escena internacional, los recuerdos de mi infancia pasan ante mis ojos, y siento orgullo y felicidad cada vez que veo a personas con discapacidad competir en escenarios europeos y mundiales, en lugar de las dificultades que vivimos en aquellos tiempos”, expresa.
Familia y su gran sueño
Algunas veces se ha cuestionado si la inversión de tiempo y dinero fue la decisión correcta, mientras compaginaba su trabajo en el club con la crianza de sus tres hijos: Ibrahim, Ilhan y Anas.
“Sí, en algunos aspectos fallé como padre, pero gracias a Dios mi hijo mayor es un empresario exitoso, el del medio es policía y el menor estudia en la universidad. Creo que Dios me compensó con una buena familia por el tiempo dedicado a este camino”, afirma.
Serdar aún persigue un sueño: que el deporte para personas con discapacidad “se vuelva más extendido y ampliamente reconocido”.
“No quiero que los partidos se jueguen solo frente a tres o cinco familiares, sino ante gradas llenas de espectadores”, remarca. “Si dejo este mundo antes de ver las gradas llenas en Sanliurfa, algo en mi corazón quedará incompleto. Mi sueño es que los estadios se llenen de público que venga con verdadero espíritu de afición, no por compasión”.
Este artículo fue redactado por Bala Chambers y reportado por Mohammad Bashir Aldaher.






















