Dos buques de carga de Estados Unidos y varias aeronaves militares entregaron 6.500 toneladas de municiones y vehículos en puertos de Israel el pasado 30 de abril.
Funcionarios de Tel Aviv confirmaron la llegada de este reciente lote de ayuda militar estadounidense, que fue descargado y enviado a bases en todo el país, en medio de las múltiples ofensivas de agresión que Israel libra en varios frentes de la región.
Los buques transportaban “miles de municiones aéreas y terrestres, camiones militares”, junto con vehículos de movilidad de combate y equipo adicional.
Pero este no fue un envío militar aislado de EE.UU.
Washington ha mandado más de 115.600 toneladas de equipamiento militar a Israel mediante 403 vuelos y 10 buques desde que se unió a Tel Aviv en la guerra contra Irán hace dos meses.
Y, justamente, el envío más reciente forma parte de la larga relación militar entre Washington y Tel Aviv, en la que los contribuyentes estadounidenses han terminado financiando las operaciones militares de Israel contra sus múltiples vecinos en una situación que genera escasos beneficios netos para EE.UU.
Este suministro de municiones y equipo militar a Israel ha continuado a pesar de que en Estados Unidos ha cobrado fuerza una creciente oposición interna a tal ayuda.
El mes pasado, 40 de los 47 demócratas en el Senado de EE.UU. votaron para bloquear las ventas de armas a Tel Aviv.
De hecho, el flujo de ayuda militar estadounidense hacia Israel no se ha detenido, aunque una gran mayoría de demócratas –y muchos de sus homólogos republicanos– en el Congreso se oponen a la guerra conjunta de EE.UU. e Israel contra Irán.
Las principales cifras
Israel es el país que, en términos acumulativos, más asistencia exterior ha recibido de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial.
Washington ha proporcionado a Israel casi 175.000 millones de dólares –al cambio actual– en ayuda bilateral y financiación para la defensa antimisiles, una cifra que supera con creces la asistencia estadounidense a cualquier otro país en el mismo período.
Bajo el Memorando de Entendimiento 2019-2028, firmado durante el Gobierno del hoy expresidente Barack Obama (2009-2017), EE.UU. envía a Israel 3.800 millones de dólares en ayuda militar cada año.
De ese total anual, 3.300 millones corresponden a financiación militar exterior, mientras que los 500 millones restantes se destinan a la defensa antimisiles.
Además del cheque anual, Washington ha enviado al menos 21.700 millones de dólares en ayuda militar directa a Israel desde el 7 de octubre de 2023.
Esa cifra, recopilada por el Proyecto Costos de Guerra de la Universidad de Brown, abarca los dos años comprendidos entre octubre de 2023 y septiembre de 2025, e incluye financiación militar exterior, fondos para defensa antimisiles, reposición de municiones y transferencias de emergencia bajo las administraciones de Joe Biden (2021-2025) y Donald Trump (2021-presente).
Israel recibe armamento, no dinero en efectivo
La ayuda de EE.UU. equipa y reabastece a las fuerzas israelíes de manera que puedan mantener “plena capacidad” y disponer de “todos los medios necesarios”, para operar “en cualquier momento y en cualquier lugar requerido”, según Israel Katz, ministro de Defensa de Israel.
Pero esto no quiere decir que Washington esté enviando dinero en efectivo para que Tel Aviv lo gaste libremente.
Según la legislación estadounidense, la abrumadora mayoría de la financiación militar exterior debe destinarse a armas y sistemas de misiles fabricados en EE.UU.
Por lo tanto, Israel realiza pedidos a contratistas de defensa estadounidenses para el suministro de armas y municiones, y luego le envía la factura a la Casa Blanca.
Después, Washington utiliza el dinero de los contribuyentes para pagar a los fabricantes de armas que abastecieron las necesidades militares israelíes.
En términos más simples: el contribuyente estadounidense firma el cheque, los contratistas de defensa reciben el dinero e Israel se queda con el armamento de forma gratuita.
Los verdaderos beneficiarios
La estructura de la ayuda militar para Israel se asemeja más a un programa de adquisición subsidiada para la industria armamentística de EE.UU., que justamente es un importante donante político en Washington sin distinción de partidos.
Empresas como Lockheed Martin, Boeing, RTX (antes Raytheon) y otras reciben con frecuencia nuevos contratos financiados por los contribuyentes estadounidenses.
Washington ha aprobado más de 32.000 millones de dólares en ventas de armas a Israel desde octubre de 2023, generando negocios sustanciales para los grandes contratistas de defensa.
Informes indican que el negocio está en auge para los grandes fabricantes de armas, como lo reflejan sus cotizaciones bursátiles en constante alza durante los últimos dos años y medio.
Los políticos reciben su parte
Los grupos de lobby pro-Israel, encabezados por el Comité Estadounidense de Asuntos Públicos de Israel (AIPAC, por sus siglas en inglés), realizan contribuciones a las campañas de los miembros del Congreso que mantienen abierto el flujo de ayuda militar para Tel Aviv.
Los datos públicos sobre financiación de campañas muestran de manera consistente que cientos de millones de dólares son destinados a candidatos que apoyan la asistencia militar incondicional a Israel.
El principal órgano de decisión del Partido Demócrata rechazó recientemente una resolución simbólica que condenaba el “dinero oscuro” vinculado al AIPAC, término que hace referencia al gasto político destinado a influir en elecciones cuando no se divulga claramente la identidad del donante.
Las donaciones vinculadas al AIPAC suelen desempeñar un papel decisivo en el destino electoral de los candidatos en EE.UU. Ayudaron al 98% de los 365 candidatos en el ciclo electoral de 2022 a ganar sus elecciones generales.
Mientras tanto, los políticos estadounidenses utilizan los empleos que han sido creados y sostenidos por los fabricantes de armas para justificar la continuación de la ayuda militar a Israel.
Las plantas armamentísticas en estados como Texas, Arizona y Alabama emplean a miles de estadounidenses que fabrican vehículos de combate, municiones y componentes aeronáuticos que terminan en manos israelíes.
En otras palabras, las ciudades industriales reciben una inyección directa de dinero cada vez que el Congreso extiende otro cheque para Israel.
Bajo este entramado indirecto, el dinero de los contribuyentes sale de Washington, pasa por la burocracia israelí para cumplir con los requisitos legales y regresa a unas pocas ciudades estadounidenses con fábricas en forma de ingresos y votos.
Sin embargo, una abrumadora mayoría de estadounidenses ordinarios pierden su dinero en impuestos a favor de un país extranjero y de grupos de interés nacionales.










