Opinión
GENOCIDIO EN GAZA
9 min de lectura
Censurar a Palestina: ¿quién tiene realmente el poder de contar su historia y cómo lo hace?
Durante demasiado tiempo, Occidente ha ofrecido una versión edulcorada de la historia palestina, ignorando el contexto de su resistencia y adoptando la narrativa israelí. Es hora de cambiar esa mirada.
Censurar a Palestina: ¿quién tiene realmente el poder de contar su historia y cómo lo hace?
Si se espera que el mundo conozca lo ocurrido el 7 de octubre, también se le debe informar sobre la Nakba y la ocupación y violencia que le siguieron.

¿Quién contará la historia de Palestina? Es la pregunta del millón, que sigue esperando una respuesta.

Desde las disputas editoriales sobre la historia de los palestinos hasta las consecuencias legales de apoyarlos, la lucha va más allá de lo que se puede decir y quién tiene el poder de decidir cómo se escucha.

Un pueblo puede perder sus hogares, sus tierras y la seguridad de su futuro. Pero después enfrenta otra batalla: contarle al mundo qué ocurrió, por qué ocurrió y quiénes son los responsables.

Para los palestinos, esta lucha se extiende cada vez más a las editoriales, los eventos literarios y las instituciones que deciden qué historias llegan al público.

Puede que se reconozca su sufrimiento, pero el contexto histórico que lo explica puede ponerse en entredicho. Sus escritores pueden encontrar oportunidades para publicar sus obras, pero los desacuerdos sobre el lenguaje y la manera de presentar los hechos pueden determinar cuánto de su mensaje original logra llegar a los lectores.

Dos controversias recientes en el mundo literario ilustran distintas dimensiones de este problema: la retirada de un libro infantil palestino de Penguin Random House, tras una disputa sobre su contenido, y la decisión de la novelista irlandesa Sally Rooney y su editorial de quitar sus libros del mercado británico ante las consecuencias legales de su apoyo a Palestine Action.

Los casos no son idénticos. El primero gira en torno a desacuerdos editoriales sobre cómo se representa la historia palestina. El segundo plantea cómo la legislación antiterrorista británica afecta los ingresos de una escritora y la distribución de sus obras.

Sin embargo, ambos ponen sobre la mesa una pregunta que merece mayor atención: ¿quién tiene el poder de establecer los límites de lo que se puede decir sobre Palestina?

Cuando la historia se vuelve objeto de disputa

En octubre, las escritoras palestino-estadounidenses Alana Hadid y Jenan Matari retiraron su próximo libro infantil, “El desplazamiento y la historia palestino-estadounidense” (Displacement and the Palestinian American Story, su título en inglés), de Penguin Random House, tras meses de desacuerdos sobre los cambios que se pretendían introducir en el texto.

La obra, dirigida a niños de entre 10 y 13 años, buscaba acercar a los lectores a la historia palestina, desde la Nakba de 1948 y la ocupación israelí hasta la resistencia y las experiencias de quienes viven en la diáspora.

Sin embargo, las autoras denunciaron que las modificaciones propuestas por la editorial distorsionaban su relato. Entre los puntos de conflicto figuraban los pasajes sobre la ofensiva relámpago liderada por Hamás el 7 de octubre de 2023 y las descripciones de las milicias sionistas implicadas en el desplazamiento de palestinos en 1948.

Según informó el medio británico The Guardian, la editorial incorporó expresiones que calificaban los hechos del 7 de octubre como violaciones del derecho internacional, mientras que las autoras se opusieron a cambios que, a su juicio, contradecían la historia que buscaban contar.

Penguin Random House defendió las modificaciones como parte de su proceso editorial habitual. Finalmente, las autoras optaron por retirar el manuscrito, cuya publicación ahora está prevista para 2027 a través de Interlink Books.

Las editoriales tienen la responsabilidad de garantizar la exactitud y de ofrecer un contexto adecuado a la edad de los lectores. Pero esto plantea una pregunta: ¿qué historias merecen ser contextualizadas y qué sufrimientos deben pasar por un sinfín de aclaraciones y matices?

RelacionadoTRT Español - ¿Qué es la Nakba palestina? 5 datos clave sobre la “catástrofe” de 1948

Si se espera que los niños conozcan lo ocurrido el 7 de octubre, también deberían aprender sobre la Nakba, el desplazamiento masivo de palestinos en 1948, y sobre las décadas de ocupación, despojo y violencia por parte de Israel.

La historia palestina no puede entenderse a través de hechos aislados y separados de su contexto histórico, ni las sensibilidades políticas deberían moldear el relato de esa historia, determinando qué verdades pueden contarse abiertamente y cuáles deben suavizarse o quedar fuera del relato.

La cuestión no pasa por si los editores tienen derecho a cuestionar la interpretación de un autor. Pueden hacerlo y, en ocasiones, deben hacerlo. La verdadera cuestión es si la intervención editorial mejora la forma de relatar, o si cambia de raíz lo que su autor quería transmitir.

La decisión de Hadid y Matari de retirar su libro refleja precisamente lo que estaba en juego. Para ellas, el manuscrito que se preparaba para publicar ya no representaba la historia que habían escrito.

Es precisamente en ese punto donde las políticas editoriales dejan de ser simples cuestiones de estilo y se convierten en una disputa por el control del relato. Una historia puede seguir siendo técnicamente publicable, aunque su interpretación histórica cambie poco a poco hasta perder parte de su sentido original.

Así, es posible reconocer el sufrimiento de un pueblo sin señalar claramente a los responsables. O hablar de desplazamiento sin explicar suficientemente qué acontecimientos lo provocaron.

Esta forma de suavizar el relato no requiere necesariamente una prohibición explícita. A veces basta con omitir ciertos hechos, tener enfoques selectivos o decidir qué palabras requieren aclaraciones y qué afirmaciones históricas pueden mantenerse sin ser cuestionadas.

El precio de la solidaridad

El caso de la escritora irlandesa Sally Rooney es diferente al de Hadid y Matari. Sin embargo, también plantea preguntas sobre los límites de la expresión política y las consecuencias de las medidas adoptadas por Reino Unido frente al activismo en apoyo a Palestina.

Es importante distinguir ambos casos. No sería preciso equiparar las consecuencias de una restricción legal con la prohibición directa de un libro.

Pero tampoco se puede ignorar lo que ocurre con la libertad de expresión y la cultura cuando las posiciones políticas de una escritora condicionan la circulación de sus obras.

RelacionadoTRT Español - Tres años de genocidio: Gaza sigue entre ruinas, bombas y la memoria de 74.200 palestinos asesinados

La cuestión de fondo es hasta qué punto las restricciones justificadas bajo supuestas preocupaciones de seguridad pueden afectar a la libertad artística, la solidaridad política y la disposición de otros escritores a pronunciarse sobre temas considerados controvertidos.

Cuando expresar una postura puede traer riesgos legales o profesionales significativos, el impacto puede ir más allá de las personas directamente afectadas.

Otros autores pueden comenzar a medir sus palabras, evitar determinados temas o pensarlo dos veces antes de apoyar públicamente una causa.

Ambas controversias reflejan un problema más amplio: el control del relato no siempre requiere que una única autoridad prohíba una historia de forma tajante.

A veces, ese control surge de una suma de decisiones tomadas por editoriales, instituciones y sistemas judiciales, que terminan determinando qué historias llegan al público y bajo qué condiciones.

Cada decisión puede tener sus propias razones, y cada caso debe analizarse a partir de sus circunstancias. Pero sus efectos combinados sobre el debate público merecen un examen detenido.

Para los palestinos, la representación es inseparable del pasado.

La Nakba no fue simplemente una tragedia humanitaria; supuso el desplazamiento de cientos de miles de palestinos y la destrucción de cientos de localidades palestinas.

Tampoco es posible comprender las décadas posteriores de ocupación, expansión ilegal de los asentamientos israelíes y violencia recurrente sin examinar las estructuras políticas y militares que hicieron posibles esas realidades.

Sin embargo, el debate público sobre Palestina muchas veces deja de lado esa continuidad histórica.

Determinados actos de violencia cometidos por palestinos pueden examinarse de forma aislada, mientras que el contexto y la historia que los rodean reciben menos atención.

Así, el sufrimiento palestino puede quedar reducido a una consecuencia lamentable de un conflicto, en lugar de presentarse como una experiencia que exige un examen profundo sobre quién ejerce el poder, quién tiene responsabilidades y la continuidad histórica.

Más allá de la censura explícita

El problema no es solo que se niegue el sufrimiento palestino, sino que muchas veces se lo separa de la historia que permite comprenderlo.

La Nakba se presenta como una tragedia sin responsables, el desplazamiento como una realidad sin causas y la resistencia como un acto aislado, despojado de las circunstancias históricas frente a las que surgió.

Incluso el lenguaje de la neutralidad puede convertirse en sí mismo en una herramienta para ocultar estas relaciones, sobre todo cuando las exigencias de matización y contención recaen de forma desproporcionada sobre quienes intentan documentar el despojo palestino.

Así es como funciona el control del relato: no siempre se trata de negar abiertamente la historia, sino de limitar, poco a poco, lo que puede decirse sobre ella.

Una historia puede tener espacio para circular, siempre que se atenúen sus implicaciones políticas, se suavicen las responsabilidades y se reduzca su capacidad de cuestionar las estructuras de poder.

El resultado es una versión de Palestina cuyo sufrimiento puede generar compasión, pero sin llegar a comprenderse plenamente. Una historia que puede ser reconocida, pero sin que se le permita alterar los relatos mediante los cuales se justifica o se normaliza su despojo.

En el caso de la literatura infantil, estas cuestiones cobran todavía más importancia.

Los libros ayudan a moldear la forma en que los niños y jóvenes lectores entienden la historia, las responsabilidades y las experiencias de personas que viven realidades diferentes a las de su entorno.

Si la historia palestina llega a los niños solo después de que se hayan suavizado sus dimensiones más controvertidas, la imagen que tendrán de esa realidad será inevitablemente incompleta.

Por eso, la pregunta no es simplemente si Palestina puede aparecer en un libro. Es si los propios palestinos tienen voz a la hora de decidir cómo se cuenta su historia.

RelacionadoTRT Español - Error de cálculo: tres años después, Netanyahu afronta las consecuencias del 7 de octubre

La retirada de un manuscrito por parte de sus autoras y la decisión de otra escritora de sacar sus libros de un mercado nacional muestran dos formas distintas de presión sobre la expresión cultural. 

Ninguno de los dos casos por sí solo demuestra la existencia de una política universal para censurar los relatos palestinos.

En conjunto, sin embargo, invitan a analizar seriamente el rol de las instituciones y las normas que determinan qué historias pueden leer las personas y qué pueden expresar los escritores.

La lucha por Palestina pasa por la tierra, la soberanía y la libertad política.

Pero también se libra en el terreno de la memoria, el lenguaje y la forma en que se representa su historia. Un pueblo cuya historia es constantemente cuestionada debe tener la posibilidad no solo de denunciar que se niegue su sufrimiento, sino también de desafiar las versiones selectivas que se construyen sobre él.

La respuesta no es sustituir un relato edulcorado por otro. Se trata de defender el derecho a analizar, cuestionar y debatir la historia sin borrar su contexto esencial ni imponer restricciones innecesarias a la expresión política.

Palestina no debería tener que adaptar su historia para hacerla más aceptable a los ojos de quienes deciden qué se publica. Su historia, con todas sus complejidades y verdades incómodas, merece ser contada íntegramente.

FUENTE:TRT World