"El impacto va mucho más allá del miedo cotidiano: afecta mi identidad como deportista", cuenta Maryam Al-Habash, campeona de tenis de mesa del Líbano y de Asia Occidental, a TRT Español al describir cómo la agresión de Israel sobre su país ha impactado su vida. "Los bombardeos no solo destruyen edificios: destruyen nuestra rutina y nos obligan a vivir en un estado de ansiedad permanente que hace imposible concentrarse en la pelota o en la táctica".
Maryam, de 21 años, y su hermana Yasmina, de 14, ambas jugadoras del Club Ahli Saida, han conquistado títulos en Líbano y en el exterior mientras compaginan el deporte con sus estudios. Ahora, en medio de la ofensiva israelí, las dos deportistas describen las dificultades de vivir en la ciudad costera de Saida, afectada con frecuencia por bombardeos y desplazamientos.
"Muchas veces nos vemos obligadas a refugiarnos en casa de nuestros familiares en Trípoli cuando los ataques se intensifican", recuerda Yasmina. "En otras ocasiones, somos nosotras quienes acogemos en nuestro hogar a personas desplazadas del sur del Líbano cuando la situación en Saida está relativamente más tranquila".
Bajo esa realidad, el "desgaste psicológico" trastoca sus carreras deportivas: les impide entrenar con regularidad, a veces durante meses, y las deja fuera de varios campeonatos internacionales.
En una ocasión, Maryam estaba a punto de salir hacia el club para entrenar. "De repente, un bombardeo israelí muy cercano hizo temblar todo a nuestro alrededor", recuerda. "El estruendo de la explosión fue aterrador. Mi padre me miró y me dijo de inmediato: 'Hoy no hay entrenamiento'".
Resiliencia
Durante otro bombardeo israelí, Maryam recuerda que "ni siquiera cruzamos la puerta de casa durante una semana".
Aun así, hizo todo lo posible por mantener vivo su sueño de competir algún día en unos Juegos Olímpicos, una meta que comparte con Yasmina.
Movió la cama y el armario para improvisar un espacio de apenas dos metros donde pudiera entrenar. Con los auriculares puestos para aislarse del ruido, convirtió ese rincón en su "refugio psicológico", ya que, según explica, "el zumbido de los drones nunca desaparece de Saida ni, en general, del sur del Líbano".
Para las dos hermanas, la agresión israelí ha interrumpido una tradición familiar estrechamente vinculada al deporte y, en particular, al tenis de mesa.
Legado y huella familiar
Su padre, y principal inspiración, es Mohammad Saad Eddine Al-Habash, exjugador, campeón y actual entrenador del Club Ahli Saida. Formado bajo la tutela de su propio padre, él compitió junto a sus hermanos en países como Singapur, Francia y el Reino Unido.
"Recuerdo que, cuando éramos pequeñas, mi padre nos llevaba al pabellón nacional de entrenamiento en Saida y yo disfrutaba muchísimo viéndolo jugar", evoca Maryam. "Poco a poco, empecé a jugar también".
Con la misma disciplina y compromiso que heredó de su padre, Mohammad introdujo a Maryam y Yasmina en el mundo del tenis de mesa con el propósito de transmitirles la pasión por este deporte.
"La entrené personalmente", recuerda Mohammad a TRT Español sobre Maryam, quien comenzó a jugar a los ocho años. "Desde el primer momento demostró una enorme dedicación y entusiasmo".
Técnica
Mientras tanto, Yasmina observaba aquellos entrenamientos con enorme interés y rápidamente siguió sus pasos.
Con el paso del tiempo, las dos hermanas comenzaron a entrenar juntas distintos aspectos de su juego, especialmente la velocidad, que Maryam considera uno de los pilares fundamentales del tenis de mesa.
Bajo la guía de su padre, Maryam aprendió que el tenis de mesa es "uno de los deportes más rápidos y técnicamente más exigentes del mundo", explica. "Cada movimiento tiene que ser extremadamente rápido y preciso: hay que reaccionar en cuestión de fracciones de segundo".
En verano todavía practican unas dos horas al día; en invierno reducen las sesiones para priorizar sus estudios. Con ese entrenamiento aprendieron a dominar golpes como el bloqueo y el efecto cortado, dos recursos clave para neutralizar los ataques de sus rivales.
Recuerdan que, durante aquellas sesiones de entrenamiento junto a otras 24 jugadoras, la dinámica familiar cambiaba por completo. En el pabellón ya no era "Baba", como llaman cariñosamente a su padre, sino simplemente el "entrenador".
Durante una pausa en uno de los entrenamientos, Mohammad reflexiona sobre ese recorrido.
"Nunca las obligué a practicar este deporte. Cuando vi el talento y las ganas que tenían, decidí apoyarlas y guiarlas. La decisión de seguir adelante siempre fue suya, y yo solo he intentado acompañarlas en cada paso del camino".
Inspiración
Las hermanas también encontraron un referente en el mundo hispano: la puertorriqueña Adriana Díaz, considerada "probablemente la mejor jugadora de tenis de mesa de la historia de Puerto Rico y una de las grandes figuras de este deporte".
Recuerdan que debutó en unos Juegos Olímpicos con apenas 15 años y que sus virtudes la ayudaron a superar las barreras.
"Adriana Díaz representa todo lo que puede lograrse cuando el talento, la determinación y la pasión se unen. Nuestro sueño es alcanzar un nivel similar: competir en la élite internacional, inspirar a otras niñas y demostrar que las mujeres libanesas también pueden destacar en un deporte como el tenis de mesa", afirma Yasmina.
“Un camino muy importante”
Pese a las dificultades, las hermanas compaginan los estudios con el deporte. Maryam cursa la licenciatura en Terapia Psicomotriz en la Universidad Saint Joseph, en Beirut, mientras Yasmina estudia décimo grado en la Escuela Houssam Eddine Hariri, en Saida. Ambas siguen sumando logros deportivos.
Para Maryam, el punto de inflexión llegó en el Qatar Open de 2015, el primer torneo internacional en el que representó al Líbano.
"Recuerdo que sentía una mezcla de nervios e ilusión", recuerda. "A pesar de mi corta edad y de mi falta de experiencia, conseguí terminar en primer lugar".
También conserva otro momento especial de aquel torneo.
"Un oficial se acercó a mi padre y le dijo: 'Tu hija va a llegar muy lejos en el tenis de mesa'. Cuando mi padre me lo contó, sentí una alegría inmensa", evoca. "Fue entonces cuando comprendí que este deporte podía abrirme un camino muy importante".
Desde entonces, Maryam ha conquistado títulos nacionales, entre ellos el Campeonato del Líbano y la Copa del Líbano, además de obtener medallas en competiciones celebradas en Omán, Iraq, Francia, Bélgica, la República del Congo y Arabia Saudí.
Yasmina, por su parte, compite regularmente en los torneos nacionales del Líbano, donde figura entre las mejores jugadoras de la categoría sub-16 y se proclamó campeona nacional sub-15.
En el ámbito internacional, su mejor resultado hasta la fecha es el subcampeonato del Campeonato de Asia Occidental, disputado en Arabia Saudí en 2024.
"Cada vez que las veo subir al podio, siento que todos esos años de esfuerzo, entrenamiento y viajes han valido la pena", señala Mohammad. "No hay nada más gratificante que ver a tus hijas cumplir sus sueños".
Futuro
Después de crecer en una Saida donde el tenis de mesa ha ido ganando protagonismo, Maryam asegura que este deporte se ha convertido en "toda mi vida".
"Es el lugar al que recurro para escapar de las preocupaciones de la guerra y de los demás problemas de la vida", afirma.
Hoy, gracias al apoyo incondicional de su padre, Maryam y Yasmina mantienen intacto su sueño de clasificarse para unos Juegos Olímpicos, pese a la falta de patrocinadores, las limitadas condiciones para entrenar y la inestabilidad que sigue marcando su día a día.
"Ahora, con la reanudación de los bombardeos sobre los suburbios del sur de Beirut (Dahieh) a principios de marzo de 2026, han comenzado a llegar nuevas olas de desplazados. La situación es completamente inestable; vivimos con una ansiedad constante que inevitablemente afecta a nuestro rendimiento", señala Maryam.
Y añade que incluso antes de esta nueva escalada ya afrontaban importantes obstáculos.
"La falta de apoyo gubernamental al deporte en general –y al tenis de mesa en particular–, junto con el deterioro de la situación económica, ha dificultado enormemente nuestro camino. Con frecuencia dependemos de los ingresos de nuestro padre, que paga de su propio bolsillo el equipamiento y el material deportivo adicional para Yasmina y para mí".
A pesar de todo, ambas mantienen firme su objetivo.
"Aunque solo ocurriera una vez, participar en unos Juegos Olímpicos", concluye Maryam, "y ver ondear allí la bandera libanesa sería el mayor logro de toda mi carrera".
Este artículo fue redactado por Bala Chambers y reportado por Mohammad Bashir Aldaher.


















