Opinión
AMÉRICA LATINA
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Elecciones en la región andina: Perú, Colombia y Venezuela, entre Mercosur y la influencia de EE.UU.
Las elecciones en Perú, Colombia y la incertidumbre en Venezuela abren escenarios sobre integración regional, Mercosur y la influencia de Estados Unidos.
Elecciones en la región andina: Perú, Colombia y Venezuela, entre Mercosur y la influencia de EE.UU.
Imágenes muestran un centro de votación en Lima, Perú, el 13 de abril de 2026. / TRT Español

Zhuhai, China – El bloque del Mercosur –integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay como miembros plenos, con Bolivia y Venezuela en situaciones especiales– se encuentra en un momento de gran relevancia con la aplicación provisional del acuerdo comercial con la Unión Europea a partir del 1 de mayo de 2026, tras más de 25 años de negociaciones. Este tratado creará una de las zonas de libre comercio más amplias del mundo.

Más allá de sus implicaciones económicas, el Mercosur impulsa un posicionamiento geoestratégico amplio en un contexto de tensiones comerciales y alianzas transregionales. El bloque mantiene el acuerdo EFTA pendiente de ratificación por los parlamentos, discute la ampliación de convenios existentes con India, y lleva adelante negociaciones con Canadá y Emiratos Árabes. Además, avanza en marcos para establecer una asociación estratégica con Japón y en un acuerdo comercial preferencial con Vietnam, entre otras acciones. Esta proyección convierte al Mercosur en un actor clave cuya influencia no puede ser ignorada por los países vecinos, especialmente por los miembros de la Comunidad Andina, organización creada en 1969 y actualmente integrada por Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú.

Ecuador mantiene una agenda muy orientada hacia Estados Unidos bajo el actual presidente Daniel Noboa, lo que condiciona los pasos hacia un acercamiento al bloque suramericano. En contraste, Bolivia se encuentra en la fase final de su adhesión como miembro pleno del Mercosur. Algo que mantiene en consonancia con la política de apertura al mundo que impulsa el presidente Rodrigo Paz, incluyendo una aproximación estratégica a Washington. Esta orientación se refleja en su participación en la Cumbre del Escudo de las Américas y en la afinidad expresada hacia la administración Trump.

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No obstante, la situación de Colombia y Perú es más incierta, en particular por procesos electorales abiertos, mientras que Venezuela —suspendida del Mercosur desde 2016 por la ruptura del orden democrático— atraviesa una transición excepcional con Delcy Rodríguez como presidenta encargada.

El desenlace de estos tres procesos resulta fundamental no solo para el futuro del Mercosur, sino para la integración sudamericana en su conjunto y sus relaciones con el Sur Global. En este contexto, la influencia creciente de Washington se perfila como actor decisivo, capaz de incidir activamente —aunque de forma diferenciada— en la orientación política y externa de cada uno de estos países.

Intervencionismo electoral del Gobierno de Trump

La reconfiguración del espacio andino no puede entenderse sin considerar el papel de Estados Unidos bajo el nuevo Gobierno del presidente, Donald Trump, cuya política hacia América Latina ha dejado de operar por delegación para privilegiar formas más directas de presión, en un contexto donde el involucramiento en la política interna y en los procesos electorales se ha vuelto cada vez más explícito.

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En Argentina, Trump no solo respaldó abiertamente a Javier Milei y a su partido en las elecciones legislativas de octubre de 2025, sino que, dos semanas antes de los comicios, condicionó la ayuda económica de Estados Unidos al resultado electoral: “Si pierde, no vamos a ser generosos con Argentina”, en referencia a un swap de divisas por 20.000 millones de dólares, advirtiendo además que “si gana nos quedamos con él, y si no gana nos vamos”. Una lógica similar se aplicó el mes siguiente en las elecciones presidenciales de Honduras, donde Trump expresó su apoyo a Nasry Asfura a través de sus redes sociales al afirmar: “El único amigo real de la libertad en Honduras es Tito Asfura. Tito y yo podemos trabajar juntos”, para luego descalificar a su principal rival al señalar que “no es un socio confiable para la libertad”.

Este patrón no se ha limitado a América Latina. Hungría ofreció un ejemplo igualmente revelador a inicios de abril de 2026, cuando el vicepresidente JD Vance participó en actos políticos y facilitó una comunicación directa de Trump con los asistentes a un mitin en Budapest, en la que el presidente estadounidense describió a Viktor Orbán como un “hombre fantástico”. Estos episodios confirman que la Casa Blanca ya no oculta su preferencia por determinados desenlaces electorales: el respaldo externo no solo es visible, sino también abiertamente performativo.

En consecuencia, los procesos en Perú y Colombia, así como la transición venezolana, no dependerán solo de dinámicas internas, sino también del involucramiento directo de Estados Unidos.

Perú: pragmatismo y límites de la integración

Perú celebró la primera vuelta presidencial el 12 de abril, con Keiko Fujimori liderando los resultados preliminares del ONPE con cerca del 17% de los votos, seguida por Roberto Sánchez y Rafael López Aliaga, en una contienda altamente fragmentada que se definirá en el balotaje del 7 de junio. Más que el porcentaje, lo relevante es el perfil de los contendientes y sus implicaciones externas.

El programa de Fujimori plantea una política exterior “soberana y pragmática”, con equilibrio entre Estados Unidos y China, sin alineamiento automático y con énfasis en la Alianza del Pacífico. La ausencia de referencias al Mercosur sugiere no una oposición, sino una priorización distinta: una inserción transpacífica compatible con una relación funcional con Washington.

Roberto Sánchez, desde una plataforma de izquierda vinculada al legado del expresidente Pedro Castillo, presenta un programa de política exterior menos definido, aunque claramente inscrito en una tradición latinoamericanista y en afinidad con liderazgos como el de Sheinbaum en México, Lula en Brasil, Petro en Colombia y Orsi en Uruguay, lo que sugiere una mayor apertura hacia esquemas regionales como el Mercosur.

Rafael López Aliaga, con una trayectoria consolidada en la política peruana y quien ha sido visto como el Jair Bolsonaro peruano, ha trazado cercanía con figuras del entorno de Trump y muestra afinidad con referentes latinoamericanos de esa misma orientación, como Javier Milei, a quien llamó “mi hermano”. En consonancia, su propuesta de política exterior se orienta al fortalecimiento de los vínculos con Estados Unidos.

El desenlace peruano no definirá un giro automático hacia el Mercosur, pero sí escenarios divergentes: una apertura limitada bajo Fujimori, mayor autonomía regional con Sánchez o un alineamiento estrecho con Washington bajo López Aliaga, con implicaciones directas para la integración sudamericana y el equilibrio hemisférico.

Colombia: el punto de inflexión del Mercosur

Colombia se prepara para votar el 31 de mayo, con Iván Cepeda, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella como principales candidatos en un escenario altamente competitivo y sin un favorito claro de cara a la segunda vuelta del 21 de junio. A diferencia de Perú, Colombia es el caso decisivo, ya que el actual gobierno ha planteado explícitamente un acercamiento al Mercosur como parte de una redefinición de su inserción regional.

Iván Cepeda representa la continuidad de esa orientación. Al tiempo que ha criticado abiertamente a Trump —al decir que “no es un lunático, tiene una estrategia neofascista”—, su propuesta de política exterior se articula en torno a una vocación regional más amplia. En su plan de gobierno plantea que “debemos contribuir a que se fortalezca un gran movimiento internacional que proteja la soberanía latinoamericana”. Sin embargo, esa formulación se mantiene en un plano programático y no menciona al Mercosur, lo que deja abierto si esta orientación se canalizaría a través de ese bloque u otros esquemas regionales.

La candidata Paloma Valencia, del principal partido de derecha Centro Democrático, en contraste, prioriza una política exterior centrada en seguridad e inversión, con un claro énfasis en el fortalecimiento de relaciones con Estados Unidos, al plantear que “retomaremos una cooperación profunda basada en el éxito del Plan Colombia”, según su Plan de Gobierno. Así, se privilegiarían los vínculos bilaterales con Washington sobre la integración con Sudamérica.

Abelardo de la Espriella acentúa esta tendencia, con una postura alineada con el trumpismo: admira al presidente estadounidense por su “batalla cultural”, ha elogiado su liderazgo en seguridad y ha apelado directamente a Washington para incidir en el proceso electoral colombiano, lo que sugiere una inserción internacional centrada en EE.UU. y con escaso incentivo para priorizar al Mercosur.

Venezuela: reinserción bajo incertidumbre

Venezuela introduce una variable de incertidumbre que puede reconfigurar el cuadro regional. A diferencia de Perú y Colombia, no existe un calendario electoral claro ni certeza sobre los actores que competirían, en un contexto marcado por la excepcionalidad institucional.

La continuidad de Delcy Rodríguez, quien ha urgido al diálogo con Estados Unidos, podría apuntar a una reinserción gradual y condicionada en el Mercosur, subordinada a presiones externas de la administración Trump. En contraste, un eventual triunfo opositor bajo María Corina Machado —con vínculos con Washington— no garantiza una aproximación al bloque, sino más bien un alineamiento que podría desplazar el eje hacia relaciones bilaterales.

En este contexto, los procesos de renovación de liderazgos en Perú, Colombia y eventualmente Venezuela definirán algo más que gobiernos: pondrán a prueba su capacidad de aproximarse al Mercosur y fortalecer la integración regional o quedar subordinados a una reconfiguración hemisférica impulsada por Donald Trump. Sin duda, un momento crítico para el futuro del espacio andino.

FUENTE:TRT Español