Opinión
ORIENTE MEDIO
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“Palestina, otro Vietnam”: cine de resistencia y descolonización en la década de 1970
El documental "Palestina, otro Vietnam", de 1971, conecta la resistencia palestina con el Tercer Cine, una ola global de cine anticolonial que se extendió desde Argentina hasta Asia Occidental, en lucha contra el imperialismo cultural.
“Palestina, otro Vietnam”: cine de resistencia y descolonización en la década de 1970
“Palestina, otro Vietnam”* (1971) vinculó la resistencia palestina con el Tercer Cine anticolonial global.

Durante décadas, el cine palestino ha arrojado luz sobre la experiencia de un pueblo con una historia y una cultura arraigadas en su tierra, especialmente frente al flagelo de la ocupación israelí y la indiferencia de Occidente. Este legado, amplio y diverso, abarca distintas historias, desde el período del Mandato británico y la rebelión palestina contra su presencia -como en “Palestine 36 (2025)”- hasta la Nakba, cuando milicias y grupos sionistas desplazaron por la fuerza a unos 750.000 palestinos para crear el Estado de Israel, así como en obras como “The Time That Remains (2009)” (El tiempo que queda), que han destacado el trauma generacional.

En los últimos años, con el cambio en los medios de producción y el auge de las plataformas digitales, Watermelon Pictures, una empresa de producción y difusión, continúa en esa línea, buscando contrarrestar la narrativa occidental con el foco en “amplificar las voces infrarrepresentadas”, en particular las de Palestina y otras comunidades marginadas en el cine internacional. Sin embargo, este impulso ya existía mucho antes, cuando no solo se destacó la experiencia palestina, sino que también se articuló una lucha anticolonial a través del cine desde el Sur Global.

Cine del Sur Global

El documental “Palestina, otro Vietnam” (1971) vinculó la causa palestina con el llamado Tercer Cine, una corriente de cine político anticolonial surgida en las décadas de 1960 y 1970 en América Latina, África y Asia Occidental. El proyecto, dirigido por un equipo conformado por los argentinos Jorge Giannoni y Jorge Denti, el italiano Beppe Scavuzzo y la suiza Manuela Generali, integrantes del Colectivo Cine del Tercer Mundo (C3M)- y filmado en campos de refugiados de Beirut, Ammán y Damasco, buscó retratar a los refugiados palestinos no solo como víctimas del exilio, sino también como sujetos organizados de resistencia.

A pesar de haber sido premiado en el Festival de Cine de Bagdad en 1973, la difusión de la cultura palestina enfrentó desafíos en Argentina. De hecho, la primera proyección en Buenos Aires fue postergada tras una amenaza de bomba y una nota atribuida a la Alianza Anticomunista Argentina, un grupo paramilitar de extrema derecha que acusó a Saad Chedid -quien fue uno de los fundadores de la Cátedra Libre de Estudios Palestinos -de ser judío y comunista, cuando en realidad era peronista y árabe. Desde fines de los años 60, vinculado al contexto de la Revolución argelina, él participó en la delegación argentina en Argel en 1973 junto a representantes del Nuevo Cine Latinoamericano. Finalmente, el film se proyectó finalmente en Buenos Aires ante una audiencia reducida pero interesada en el cine político. 

Décadas después, Manuela Generali, residente de la Ciudad de México, pudo ver por primera vez la película completa a finales de 2025 durante una charla con un público interesado en el tema. Allí, mientras evocaba su tarea como sonidista y las dificultades de trabajar en el proyecto, hizo hincapié en que “las mujeres eran muy fuertes” y que, a pesar de la situación, muchas mantenían el sueño de ser madres. “He conocido mucha gente muy hermosa”, reflexionó. “Pero fue muy complicado porque hubo mucha guerra”. 

"La gente se moría mientras quería volver", rememoró en referencia a Palestina."Entonces era todo un tema muy, muy fuerte”.

Así, en el contexto del genocidio israelí y la limpieza étnica en Cisjordania ocupada, la obra sigue siendo no solo un referente del cine político del llamado Tercer Mundo, sino también un reflejo de realidades olvidadas en Occidente y de los esfuerzos por fortalecer la solidaridad entre los pueblos del Sur Global.

Tercer Cine y la mirada anticolonial

En la década de 1960, las luchas por la descolonización en África, la Revolución cubana y la Guerra de Vietnam dieron origen al Tercer Cine, una propuesta alejada del estilo de Hollywood y del cine de autor europeo que a través de proyectos como Tercer Cine a través de proyectos como “Palestina, otro Vietnam”  buscaba amplificar las voces de pueblos en lucha contra distintos tipos de colonialismo. En ese contexto, nacieron colectivos cinematográficos en el norte de África, el exilio palestino en Asia Occidental y varios países de América del Sur y el Caribe, vinculados a movimientos revolucionarios y de liberación nacional.

En 1973, influido por el Movimiento de Países No Alineados (NOAL), surgido en los años 50 en el contexto de la Guerra Fría y liderado por países del Sur Global que rechazaron alinearse con Estados Unidos o la Unión Soviética, se celebró en Argel el Primer Encuentro de Cineastas del Tercer Mundo, organizado por el gobierno argelino. Participaron cineastas de 22 países de África, América Latina y Asia Occidental, además de observadores europeos y de Guinea-Bissau. El encuentro se centró en el papel del cine en la liberación nacional, la descolonización de las pantallas del “Tercer Mundo” y la lucha contra la alienación cultural.

Cuando la causa palestina llegó a América Latina

En la Argentina de comienzos de la década de 1970, el contexto político, marcado por el movimiento obrero y estudiantil, así como por procesos internacionales como la descolonización en África y más de una década de la Revolución cubana, favoreció la articulación de estos proyectos  como “Palestina, otro Vietnam”. En ese período, la Universidad de Buenos Aires creó el Instituto del Tercer Mundo “Manuel Ugarte”, impulsado por Chedid, vinculado al peronismo, a movimientos árabes y al pensamiento antiimperialista.

El instituto buscó reformular la producción académica desde una perspectiva descolonial. Entre sus iniciativas destacó la edición de textos sobre los Acuerdos de Bandung de 1955, cuando 29 gobiernos de Asia y África se reunieron en Indonesia para abordar el papel del Sur Global frente a la Guerra Fría, el desarrollo económico y la descolonización, así como la publicación de trabajos sobre el NOAL en la misma línea analítica y un intercambio con Libia. 

Contra la mirada colonial sobre Palestina

En esa línea, “Palestina, otro Vietnam” fue concebido como una obra para mostrar la vida cotidiana y se centra en el período posterior a la Nakba de 1948 y en 1967, tras la ocupación de Cisjordania, Gaza, el Sinaí y los Altos del Golán. Allí se observan los campos de refugiados en la región, así como las estructuras de organización política y militar de la resistencia organizada por el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), parte de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). En ese sentido, se inscribe en el cine palestino de los años 70, en el que se refleja la voluntad inclaudicable de combatir al enemigo colonial para regresar a la patria de la que fueron expulsados.

“Había hecho una película con el pueblo palestino, varias cosas en África y en el mundo árabe. Lo que quería era buscar otras voces, otros rostros, otras culturas en el cine. Aunque trabajaba en el cine italiano, mi cine correspondía a otra búsqueda”, evocó Denti en 2009. “Tiene que ver con toda una experiencia que tuve en el ’68 en los museos de París, cuando decidí el tipo de cine que quería hacer, entonces después lo puse en práctica”.

El film incluye escenas filmadas en contextos de combate contra el Ejército israelí y las fuerzas jordanas, así como manifestaciones populares. Además, los niños actúan como protagonistas, no solo en escenas de instrucción escolar organizada por los movimientos de resistencia, sino también cuando escriben cartas a los fedayines -los combatientes- o se entrenan para, en el futuro, ocupar el lugar de sus mayores.

A diferencia de muchas producciones extranjeras de la época de los años 1950 y 1960, muchas de ellas realizadas por la ONU y en su mayoría films educativos sobre refugiados que reflejaban estereotipos coloniales, este film presenta una visión de un pueblo organizado que lucha contra la injusticia del despojo y el exilio.

“Nos interesaba hacer un cine diferente, un cine de contra-información,” resaltó Denti después de regresar a Europa para hacer la post-producción. “Lo más importante era la distribución: distribuíamos a través de todas las casas de distribución alternativa que había a lo largo de Europa”. Y destacó que esto ocurrió en países como el Reino Unido, Francia, Suiza, Italia, Alemania y otros.

El cine palestino como memoria y resistencia

Mientras el genocidio en curso continúa cobrando vidas y destruyendo su tejido social, el cine palestino -con antecedentes que se remontan a la década de 1930- sirve como parte de la memoria colectiva sobre las consecuencias directas de décadas de destrucción y desplazamiento vinculadas al proyecto sionista. En este sentido, vale destacar “Palestina, otro Vietnam”, ya que gran parte de las producciones palestinas de la época fue destruida o dispersada durante la Nakba de 1948 y, posteriormente, durante la invasión israelí del Líbano de 1982, las oficinas del Centro de Investigación Palestino de la OLP fueron saqueadas. En 2017, parte de ese archivo fue localizado por la investigadora israelí Rona Sela, aunque el acceso a ese material sigue siendo limitado para los propios palestinos.

En los años posteriores a la Nakba, figuras palestinas del mundo del cine como Sulafa Jadallah, la primera mujer directora de fotografía del mundo árabe, junto con Hani Jawhariyyeh, desempeñaron un papel central en la creación de la Unidad de Cine de la OLP, donde documentaron la realidad en los campos de refugiados y bajo ocupación, especialmente tras la guerra de Anexión de 1967, con personas heridas durante los bombardeos israelíes, incluidos ataques denunciados por organizaciones y testigos por el uso de napalm y fósforo blanco.

A ellos se sumó Mustafa Abu Ali, palestino oriundo de Jerusalén que, siendo niño, fue desplazado junto con su familia tras la masacre de Deir Yassin en 1948 a manos de unidades sionistas, quien luego no solo impulsó el cine palestino como herramienta de memoria, resistencia y liberación nacional, sino que también patrocinó y facilitó la participación de esta película en el Festival de Cine de Bagdad de 1973, donde la obra obtuvo uno de los principales reconocimientos del certamen.

Un archivo vivo frente al borrado histórico

Hoy, “Palestina, otro Vietnam” forma parte de una tradición de cine político que buscó generar conciencia sobre el colonialismo, el exilio y la resistencia, destacando representaciones del pueblo palestino como un sujeto organizado, con capacidad de acción colectiva y de articulación internacional. 

Y sin duda, esta lectura sigue vigente en medio de uno de los capítulos más sombríos de la historia contemporánea, marcado por un genocidio en curso en Gaza y por las amenazas que enfrentan la soberanía y la autodeterminación de diversos pueblos de América Latina y de Oriente Medio. En esta coyuntura, “Palestina, otro Vietnam” nos invita a reflexionar sobre los lazos históricos entre los movimientos de liberación de América Latina y Oriente Medio, y sobre cómo el cine puede funcionar no solo como una expresión artística, sino también como una herramienta de solidaridad política.


FUENTE:TRT Español