“¿Dónde están?” Familias sirias buscan respuestas en calabozos de Sednaya

Miles de personas fueron liberadas de la prisión siria conocida como el “matadero humano”. Algunos salieron ciegos, otros irreconocibles. Sin embargo, son muchos más los que continúan desaparecidos.

Se muestran fotos de familiares desaparecidos en los teléfonos móviles mientras las familias buscan a sus seres queridos en la prisión de Sednaya el 11 de diciembre de 2024 (Reuters/Ammar Awad).
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Se muestran fotos de familiares desaparecidos en los teléfonos móviles mientras las familias buscan a sus seres queridos en la prisión de Sednaya el 11 de diciembre de 2024 (Reuters/Ammar Awad).

Desde la liberación de la prisión de Sednaya, símbolo del horror que padecieron millones de personas bajo el régimen del derrocado Bashar al Assad, muchos sirios no pueden conciliar el sueño.

Mientras los rebeldes celebraban esta semana en Damasco los "primeros respiros de libertad" tras una guerra civil que duró 14 años, salían a la luz vídeos de Sednaya que dejaban al descubierto las condiciones desgarradoras de un sitio conocido como el "matadero humano" del expresidente.

De allí comenzaron a aparecer prisioneros demacrados, casi como esqueletos vivientes, tras años de pasar hambre, y muchos también con problemas de memoria.

A medida que se difundía la noticia, familiares de quienes habían sido detenidos inundaban la prisión, impulsados por la esperanza y la desesperación de encontrar a sus seres queridos desaparecidos. Su llegada generó un revuelo que complicó los esfuerzos por documentar el número de detenidos liberados, según informó Diab Serrieh, exrecluso y hoy director de la Asociación de Detenidos de la Prisión de Sednaya.

Raed Saleh, jefe de la Defensa Civil Siria, conocida como los Cascos Blancos, pidió a las familias de desaparecidos no acudir a Sednaya para no obstaculizar las operaciones de búsqueda.

Durante los dos días siguientes, se utilizaron equipos especializados, unidades de búsqueda y rescate, expertos en penetración de paredes y perros adiestrados para localizar compartimentos ocultos dentro de la prisión.

Para revelar los secretos aún escondidos tras las puertas de hierro de Sednaya, se enviaron también cinco equipos de respuesta a emergencias, acompañados por guías que conocían perfectamente el diseño de la prisión. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, la búsqueda no arrojó resultados.

El día que liberaron la prisión

"Un pequeño grupo de combatientes, miembros de la Brigada Qalamoun, se encargaron de liberar la prisión antes de que las fuerzas de socorro de Assad pudieran llegar a Damasco", cuenta Serrieh a TRT World, repasando los momentos cruciales del 8 de diciembre, día en que la prisión fue capturada y sus prisioneros liberados.

Los combatientes, según Serrieh, se acercaron primero a un retén a 700 metros de la prisión. Los guardias, tres soldados asustados, abandonaron el puesto sin resistencia, lo que les permitió avanzar.

Luego, se sucedió un tenso enfrentamiento con la guardia principal de la prisión hasta que los combatientes negociaron un acuerdo, permitiendo a los guardias huir a cambio de una entrada pacífica.

Según Serrieh, para asaltar la prisión y liberar a cientos de prisioneros, "sólo se necesitaron 20 combatientes". Equipados con una camioneta, ametralladoras de medio alcance y cinco motocicletas, liberaron cientos de prisioneros.

Dos días más tarde, funcionarios de la Defensa Civil Siria anunciaron el fin de la búsqueda de detenidos en la prisión de Sednaya. Dijeron que no se encontraron celdas sin abrir ni cámaras subterráneas secretas, a pesar de informes previos que sugerían su existencia.

Si bien cientos de detenidos fueron liberados, muchos más siguen desaparecidos, lo que deja a las familias sin respuestas sobre su destino.

Esta noticia, por lo pronto, deshizo las esperanzas de Hamza al-Bakar de encontrar a su padre, detenido durante años en la prisión de Sednaya. En declaraciones a TRT World, el joven dijo que aún no está del todo convencido con los resultados de la investigación.

"Al principio, los funcionarios afirmaron que las cámaras de vigilancia mostraban a los prisioneros todavía encerrados en sus celdas, pero el lunes, el discurso cambió. ¿Cómo es posible que de una prisión con miles de detenidos, solo sean liberados 4.000? ¿Dónde están los demás?"

Serrieh estimó que aproximadamente 2.000 prisioneros, principalmente detenidos políticos, fueron liberados. Pero en el caos de la liberación, los registros exactos se perdieron. Un documento obtenido recientemente reveló que 1.460 prisioneros estaban recluidos a fines de noviembre en el brutal "edificio rojo" de Sednaya.

"El caos emocional dio lugar a una oleada de rumores y conceptos equivocados. Por ejemplo, la prisión no alberga a mujeres ni niños, ni tiene mazmorras subterráneas o cámaras secretas. Sednaya consta de tres pisos, un diseño sombrío pero sencillo", añade Serrieh. Las imágenes emitidas por los medios que mostraban a mujeres y niños siendo liberados en realidad eran de otra prisión, no de Sednaya.

Familias angustiadas

Tras la liberación de Sednaya, las redes sociales difundían las listas de detenidos liberados, mientras las familias compartían fotografías de sus seres queridos, desesperadas por encontrar pistas.

Así, surgieron nuevas bases de datos digitales que permitían buscar a los detenidos por su nombre. Pero las imprecisiones de las listas, combinadas con rumores y afirmaciones no verificadas, sólo alimentaron falsas esperanzas.

El padre de Hamza, Osama al-Bakar, era jefe de oficina en el departamento de vehículos del régimen sirio en Harasta. Un día, se fue a trabajar y nunca regresó. La familia sufrió redadas en su casa e incesantes interrogatorios sobre su paradero. Finalmente, se enteraron de que el padre estaba detenido en Sednaya.

"Antes de que se perdiera todo contacto, logramos visitarlo una vez", recuerda al-Bakar. "A pesar de contratar a varios abogados, no nos dieron más información. Mi familia fue estafada y perdió su dinero".

La familia se trasladó al Líbano para reconstruir su vida. Pero esta semana, el dolor regresó cuando la última posibilidad de encontrar con vida a Osama se cerraba para siempre.

La historia de Al Bakar se replica en la angustia de Maha Sweid, cuya búsqueda de su marido, desaparecido desde 2014, ha sido también intensa, desgarradora y en vano.

Incapaz de llegar a Sednaya a causa de problemas en el transporte y multitudes abrumadoras, Maha recorrió varios lugares, empezando por la terminal de autobuses de Abbassiyeen. Allí, según rumores, había prisioneros que fueron trasladados desde la cárcel. Pero luego, sin respuesta, se trasladó a la mezquita al-Salam en Barzeh y, luego a al-Tal. No tuvo suerte.

En declaraciones a TRT World, Maha recordó: "Las escenas eran escalofriantes. Alguna gente estaba muy contenta de ver a sus seres queridos, pero devastada por las condiciones en las que los encontraron".

Añadió que muchos detenidos estaban irreconocibles; algunos habían perdido la vista, otros la memoria. Pero Maha no ha encontrado rastros de su marido, ni siquiera su nombre ha aparecido en ninguna lista de detenidos liberados.

Mahmoud al-Hamwi, activista, comparó la situación actual como un “dolor creciente” en medio de una transición política caótica. Aunque continúan los esfuerzos para reunir datos fiables sobre los desaparecidos y los recuperados, la magnitud de la tarea es abrumadora.

"Todavía estamos en las primeras etapas para descubrir la verdad", dijo al-Hamwi, instando a la paciencia mientras los equipos de búsqueda y los grupos humanitarios trabajan para examinar los restos de uno de los capítulos más oscuros de Siria.

Los horrores del edificio rojo

Sednaya consta de dos edificios distintos. "El primero, conocido como el 'edificio blanco', está destinado a los delincuentes y tiene la forma de la letra L. Ofrece mejores condiciones de vida, incluido el acceso a alimentos, atención médica y derechos de visita limitados", explicó al-Hamwi a TRT World. El segundo, el infame "edificio rojo", con forma de letra Y, debe su nombre a su exterior, que alguna vez fue rojo.

"Durante la revolución, el régimen lo pintó de blanco, tal vez para ocultar su sombrío legado", agregó al-Hamwi.

Este edificio albergaba a prisioneros políticos, disidentes y detenidos por su papel en el levantamiento, comúnmente conocidos como "detenidos de seguridad", según Serrieh. "Estos prisioneros vivieron una brutalidad inimaginable, incluidas palizas rutinarias, abuso psicológico, hambre y ejecuciones después de juicios falsos", dijo.

La disparidad entre los dos edificios se extendía más allá de la arquitectura. Un exrecluso, anónimo por razones de seguridad, relató sus supuestos “privilegios” en el edificio blanco.

"A veces nosotros teníamos algo de normalidad, pero para los que estaban presos allí (en el edificio rojo), la vida era una pesadilla sin fin", dijo a TRT World.

A diferencia de los detenidos del edificio rojo, los presos criminales tenían derecho a visitas y eran sometidos a violencia sólo si transgredían las reglas de prisión.

El edificio rojo, en cambio, era conocido entre los detenidos como el lugar donde "nunca se encuentra a los perdidos". Un preso político, liberado tras cuatro años de estadía allí, contó que no podía creer que fuera realidad cuando escuchó los sonidos del takbir (gritos de "Dios es grande") que resonaban en las celdas durante su liberación.

"Al principio, temí que fuera otro truco de los guardias para atormentarnos”, dijo a TRT World. “Nos llevó tiempo creer que la libertad era real".

La vida en Sednaya era "un infierno", añadió. Los presos eran sometidos a torturas, golpizas, violencia sexual y privación de alimentos y atención médica.

La liberación de Sednaya marca un punto de inflexión para Siria: un recordatorio desgarrador de sus días más oscuros bajo un régimen autoritario. Y, a la vez, un rayo de esperanza para quienes anhelan reunirse con los desaparecidos. Para muchos, las cicatrices de Sednaya perdurarán, pero la sombra que proyectó sobre la nación finalmente ha concluido.

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