“Si no voy, mi hijo morirá”: niños enfermos salen de Gaza para tratamiento

A por lo menos 50 niños con enfermedades graves se les permitió salir de Gaza para recibir atención médica, pero las restricciones israelíes han separado familias bajo el temor de no poder regresar.

Sumaya Abu Deqa (en el centro) se despide de esposo y su familia al salir de Gaza para que su hijo Ahmad pueda recibir tratamiento médico urgente, luego de que lo diagnosticaran con cáncer tras un bombardeo israelí en junio. Foto: Mohamed Solaimane.
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Sumaya Abu Deqa (en el centro) se despide de esposo y su familia al salir de Gaza para que su hijo Ahmad pueda recibir tratamiento médico urgente, luego de que lo diagnosticaran con cáncer tras un bombardeo israelí en junio. Foto: Mohamed Solaimane.

Jan Yunis, Gaza – A la tenue luz del amanecer, Sumaya Abu Deqa abraza a Jana, su hija, mientras memoriza cada detalle de su rostro. Esta madre de 39 años está a punto de subir a un autobús que la llevará a ella y a su hijo de 13 años, Ahmad, fuera de Gaza para que él pueda recibir tratamiento médico por el cáncer que padece. Es una oportunidad que ella luchó por conseguir durante meses en medio de la brutal agresión de Israel contra el enclave.

Pero el alivio pronto quedó opacado por la angustia: a Jana no le permitieron salir de Gaza. Las restricciones israelíes obligaron a Sumaya a enfrentar una decisión dramática: quedarse con su pequeña o salvar a su hijo.

“En circunstancias normales, él habría sido trasladado al extranjero de inmediato o, al menos, tratado en Gaza”, dijo Sumaya. “Pero, con la ofensiva, mi hijo está desapareciendo ante mis ojos y no puedo hacer nada”.

El cáncer de pulmón de Ahmad se descubrió cuando lo estaban atendiendo por las lesiones que sufrió durante un bombardeo israelí en junio de 2024. Los reiterados intentos por conseguirle un permiso para que saliera de Gaza a través del cruce de Kerem Shalom fracasaron. Ahmad era uno de los miles de pacientes y heridos en el enclave a quienes se les negó tratamiento en el extranjero desde mayo, cuando Israel comenzó su incursión militar en la ciudad de Rafah, aislando el territorio palestino del mundo exterior.

Sin embargo, por primera vez en meses, 50 pacientes, todos niños, pudieron salir el 1 de febrero por el cruce de Rafah como parte del alto el fuego entre Hamás e Israel que empezó dos semanas antes. Eso sí, había una condición: a cada paciente solo se le permitió un acompañante, lo que obligó a las familias a tomar decisiones desgarradoras.

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Para Abu Deqa, eso significó dejar a su esposo y a sus hijos, incluida Marwa, de nueve años, quien lloraba mientras le suplicaba a su madre que no se fuera.

“Me voy de Gaza, pero mi corazón se queda aquí con mi esposo, mis hijos y toda mi familia”, le dijo a TRT World. “No tengo otra opción. Si no voy, Ahmad morirá”.

Luego, intentó consolar a Marwa, explicándole que este viaje era su última oportunidad para salvar la vida de Ahmad, una que podría haberse dado meses atrás si Israel no hubiera cerrado el cruce fronterizo.

Pero la incertidumbre seguía presente. “Ni siquiera nos han dicho a qué país nos llevarán. Algunos dicen que a Estados Unidos, otros mencionan diferentes lugares. Depende de dónde puedan tratar a Ahmad”, dijo Abu Deqa, temiendo que nunca más les permitan regresar a casa.

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Niños enfermos y heridos esperan en el Hospital Nasser los autobuses que los transportarán a través del cruce de Rafah para recibir el tratamiento médico que tanto necesitan. Foto: Mohamed Solaimane.

Mientras le daba a Salem, su esposo de 43 años, instrucciones detalladas sobre el cuidado de sus hijos, llegó el autobús. Salem apartó suavemente a Marwa de sus brazos, mientras ella y Ahmad subían al vehículo que los llevaría al cruce de Rafah.

Muchos más necesitan tratamiento

El Dr. Mohamed Zaqout, director de hospitales del Ministerio de Salud de Gaza, le dijo a TRT World que 400 pacientes habían sido priorizados para recibir tratamiento médico en el extranjero.

“Los 50 que pudieron salir fueron clasificados como los casos más urgentes, según los criterios especificados por el comité médico encargado de revisar esos casos”, explicó. “Esperamos que las autoridades egipcias aumenten el número de evacuaciones médicas a 100, para ayudar a salvar tantas vidas como sea posible”, insistió.

Los 15 meses de bombardeos implacables a manos de Israel han devastado el sistema de salud de Gaza, en una ofensiva que ha cobrado cerca de 47.000 vidas. Ya afectado por un bloqueo de 17 años impuesto por Tel Aviv, el enclave palestino apenas podía satisfacer las necesidades de los 2,3 millones de personas atrapadas allí. Antes del alto el fuego, solo seis de los 36 hospitales de Gaza seguían funcionando.

En la noche del 31 de enero, el ejército israelí se retiró del cruce de Rafah, entregando el control a monitores europeos y personal de la Autoridad Palestina. Así se regresó al mismo acuerdo establecido después de la retirada israelí de Gaza en 2005.

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Los pacientes que partieron “están en etapas muy avanzadas de su enfermedad, y pedimos a todos los involucrados que les presten una atención médica especial. Son incluso más urgentes que los pacientes que ya están en Egipto esperando tratamiento. Tememos perderlos en cualquier momento”, advirtió el Dr. Zaqout.

“¿Y si muero sola?”

Ikhlas Abu Jazar vivió una despedida desgarradora fuera del Hospital Nasser. Su hijo Ibrahim, de nueve años, necesitaba un trasplante de córnea urgente para evitar que perdiera la vista por completo después de que una metralla de un bombardeo israelí el 5 de mayo destruyera su ojo izquierdo y pusiera en riesgo el derecho. Él estaba emocionado porque finalmente iba a recibir tratamiento, pero su hermana Jouri, de 10 años, se aferraba a su madre, llorando.

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Ikhlas Abu Jazar estaba esperando este momento para sacar a su hijo de Gaza para que pudiera recibir tratamiento médico urgente. Foto: Mohamed Solaimane.

“¡Llévame contigo! ¡No me dejes sola! ¿Y si nos bombardean y me muero sola?”, gritaba Jouri.

Abu Jazar, con lágrimas en los ojos, intentó tranquilizarla. “No, cariño, hay una tregua. Volveré tan pronto como termine el tratamiento de tu hermano. Sabes que nos vamos para que Ibrahim pueda ver de nuevo y jugar contigo como antes. Suplicamos para llevarte, pero los israelíes se negaron”, añadió.

Según el Dr. Zaqout, inicialmente se informó al Ministerio de Salud de Gaza que cada paciente podía llevar a dos acompañantes. Luego, eso se redujo a uno. La restricción dejó a padres y guardianes de niños huérfanos obligados a dejar atrás a sus otros hijos.

Abu Jazar había esperado ansiosamente este momento desde el 5 de mayo, el día en que a Ibrahim lo hirió la metralla. El viaje al extranjero es su única oportunidad de no perder la vista totalmente. Sin embargo, el dolor de dejar atrás a Jouri le pesa.

Ibrahim, por su parte, rebosaba de emoción. Cubriendo su ojo ciego con las manos, exclamó: “No quiero perder la vista en el otro ojo. Quiero un trasplante de córnea para poder ver de nuevo y jugar al fútbol como antes”. Luego, con una sonrisa, agregó: “Espero que todos los pacientes puedan viajar y sanar, para que volvamos a ser como antes de la ofensiva”.

Un éxodo desesperado

En las cercanías, Asil Shakshak, de siete años, estaba demasiado débil para caminar. Su madre la cargaba, explicando que ella necesitaba urgentemente una cirugía compleja.

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Palestinos heridos en bombardeos israelíes contra Gaza esperaban dentro de una ambulancia antes de cruzar la frontera de Rafah hacia Egipto. Foto: AP/Jehad Alshrafi.

“Asil nació con un defecto cardíaco congénito”, dijo su padre, Mahmoud Shakshak. “Tuvo una cirugía en el Centro Médico Wolfson en Haifa, pero su condición no mejoró. Los médicos dijeron que necesitaba otra operación en el extranjero, pero los ataques hicieron que eso fuera imposible”.

Para Mahmoud, el traslado llega demasiado tarde. “Deberíamos haber salido hace meses”, dijo. “Pero ahora es nuestra única esperanza”.

A su esposa no se le permitió llevar a su hija menor, Razan, de tres años. “Puedo organizarlo con nuestra hija mayor, Amal, de nueve años”, dijo. “Pero trabajo turnos de 12 horas en un supermercado. ¿Cómo se supone que voy a cuidar a una niña pequeña solo?”, se pregunta.

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A pesar de la pesadilla logística, su mirada estaba puesta en la supervivencia de Asil. “Solo espero que mi esposa y mi hija puedan regresar pronto si el proceso se facilita”, dijo.

Mientras los autobuses se llenaban de pacientes y acompañantes para partir hacia Rafah, una mezcla de emociones embargaba a la multitud: esperanza, miedo y la agonía de la separación. Quienes partían sabían que eran de los pocos afortunados en escapar del colapso del sistema de salud de Gaza. Pero con sus seres queridos aún en el enclave, ninguno podía evitar la incertidumbre de cuándo volverían. Si es que lo harán.

Este artículo se publicó en colaboración con Egab.

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